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[BUENOS AIRES] De los 433 ingredientes activos de plaguicidas registrados en Argentina, el 29 por ciento se encuentra dentro del listado de plaguicidas altamente peligrosos confeccionado por la Red Internacional de Acción en Plaguicidas (PAN, Pesticide Action Network). Dicha red nuclea a más de 600 organizaciones no gubernamentales, de más de 90 países, con cinco centros regionales.
 
“En la Argentina la mayoría de los plaguicidas altamente peligrosos se aplican en actividades como la fruticultura y horticultura. Esto implica una gran exposición no solo de los productores y trabajadores sino también de los consumidores”, señala el ingeniero agrónomo Javier Souza Casadinho, autor del “Informe sobre los Plaguicidas Altamente Peligrosos en la Argentina”.
 
Los plaguicidas altamente peligrosos son aquellos que presentan niveles especialmente elevados de toxicidad, aguda o crónica, para la salud o el ambiente, según los sistemas de clasificación internacionalmente aceptados, o por estar incluidos en acuerdos o convenios internacionales vinculantes.
 
Según el informe, publicado por IPEN, una red global contra los contaminantes persistentes, el 29 por ciento de ingredientes activos detectados está integrado por 126 productos, tres de ellos de uso industrial. Los 123 restantes se emplean en actividades agrarias intensivas y extensivas, como productos domisanitarios —usados en el hogar o en ambientes públicos—, línea jardín, y en campañas sanitarias.
 
Su uso se ha extendido de la mano de la expansión de la frontera agropecuaria y los monocultivos, siendo aplicados de manera terrestre y aérea, con el consiguiente impacto sobre los ecosistemas.
 
“Se ha llegado al extremo de realizarse más de 24 aplicaciones de diferentes tipos de plaguicidas en el tomate bajo invernáculo en el área hortícola de Buenos Aires”,  documentó Souza Casadinho.
 
Otro de los problemas asociados al uso de plaguicidas es que generalmente solo se suele tener en cuenta el efecto de los principios activos y no de las formulaciones, señala Romina Pessagno, docente de Química Orgánica de Biomoléculas en la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
 
“Los coadyuvantes que se usan para que los plaguicidas cumplan su función son a veces los componentes más tóxicos de las formulaciones comerciales −como es el caso del emulsionante tensioactivo polioxietil amina (POEA)− sumándose su posible sinergismo  con el consecuente incremento de la toxicidad”, explica a SciDev.Net.
 
“Desde la Red Internacional de Acción en Plaguicidas se proponen criterios adicionales para definir a los plaguicidas altamente peligrosos: cuando la toxicidad es fatal o irremediable al ser inhalado, si es perturbador endócrino, si es bioacumulable, muy persistente en el agua, en el suelo o en los sedimentos, muy tóxico para los organismos acuáticos y para las abejas”, dice Souza Casadinho.
 
Teniendo en consideración esos criterios, los plaguicidas autorizados en la Argentina que se hallan prohibidos o no autorizados en otros países suman 107.
 
La investigación analizó también experiencias de diferentes regiones del país centradas en un modo de producción sustentable, con prácticas agroecológicas que toman en consideración la nutrición integral de los suelos y la recreación de la biodiversidad. Sostiene que por esa vía es posible producir alimentos minimizando la aplicación de insumos, con adecuados rendimientos productivos y económicos, contribuyendo al empoderamiento de las comunidades y la consecución de la soberanía alimentaria.
 
Romina Pessagno dice que “si bien la agroecología demuestra ser sustentable, hasta que se haga extensivo su uso, ciertos sectores seguirán empleando plaguicidas para abastecer a la población mundial. Para mitigar dicho impacto, nuestro grupo de trabajo desarrolla formulaciones con tensioactivos de origen natural u obtenidos a partir de estos recursos, con el doble propósito de bajar la toxicidad de las formulaciones y hacerlas más eficientes para lograr menores dosis de aplicación en campo”.
 
Para Fernando Vilella, titular de la cátedra de Agronegocios y director del Programa de Bioeconomía de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA), “Argentina, al igual que sus competidores globales, ha tenido un importante cambio en el uso de agroquímicos en los últimos años”.
 
“Los más peligrosos son los de la clase 1, siendo la 4 la que utilizada correctamente no ofrece peligro”, explica.


Clasificación de Plaguicidas por ingesta y por contacto (acción dermatológica)
Cuadro_OMS_Plaguicidas.jpg
Fuente: OMS y SENASA de Argentina
(DL es dosis letal)

“En 1985 los de clase 1 eran el 13 por ciento, y la 4 solo el 2 por ciento. En 2015, la clase 4 constituía el 75,8 por ciento y la 1 representaba un insignificante 0,1 por ciento. Desde 2015 no hay datos actualizados y la clase 1 debería haber desaparecido por sucesivas prohibiciones. Hacia adelante hay una tendencia de profundizar la búsqueda de productos de síntesis y bioinsumos que deben ser cada vez más amigables con el ambiente y la sociedad”, dice a SciDev.Net Vilella, quien fue decano de FAUBA.
 
El especialista destaca que otro punto a consolidar son las técnicas de aplicación y manejo más cuidadoso con el aplicador y el ambiente.
 
Para Souza Casadinho, “se debería comenzar por prohibir los plaguicidas prohibidos y los de uso restringido en otros países, ya que en la mayoría de los casos tal iniciativa se basa en investigaciones científicas o en monitoreos epidemiológicos que se corresponden con criterios de preservar la salud socioambiental”.
 
Enlace al Informe Sobre los Plaguicidas Altamente Peligrosos en la Argentina

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