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La resiliencia de los bosques húmedos tropicales y la sobrevivencia de sus árboles más grandes podrían verse afectadas si ocurre un rápido aumento en la frecuencia e intensidad de las sequías asociadas a El Niño, como consecuencia del cambio climático.

Así lo asegura un estudio en New Phytologist  cuyos investigadores analizaron las consecuencias de las sequías causadas por El Niño de 1983-84 y de 1997-98 en tres áreas boscosas panameñas: Cocolí, hacia el Pacífico, que es más seco; Isla Barro Colorado, una isla artificial en el lago Gatún, y San Lorenzo, cerca de la costa Atlántica y el lugar con mayor humedad. 

El carbono en los árboles que murieron durante el censo 1981-1985 fue casi el doble de lo que se perdió durante períodos sin El Niño”.

Kristina Anderson-Teixeira, Instituto Smithsonian


En Barro Colorado, El Niño de 1982-83 causó precipitaciones anormalmente bajas y la menor humedad del suelo registrada entre 1980-2010. Esto aumentó la mortalidad de árboles, el 63 por ciento de ellos de gran tamaño (tronco sobre 50 cm de diámetro).

“El carbono en los árboles que murieron durante el censo 1981-1985 fue casi el doble de lo que se perdió durante períodos sin El Niño”, dice a SciDev.Net Kristina Anderson-Teixeira, ecóloga del Instituto Smithsonian y coautora del estudio.

La mortalidad de árboles grandes se atribuye a su mayor dificultad para elevar el agua a gran altura y a la elevada exposición de su follaje, por lo que durante las sequías reciben más radiación solar, sus hojas experimentan mayores temperaturas y más exposición al viento y la evaporación. 

El Niño de 1997-98, aunque severo, tuvo un efecto mínimo en Barro Colorado, mientras que “en Cocolí causó aumento en la mortalidad y menor crecimiento de los árboles grandes. En San Lorenzo aumentó el crecimiento de los árboles, probablemente por la menor cobertura de nubes y mayor radiación solar”, agrega.

Anderson-Teixeira afirma que si bien históricamente “estos bosques logran amortiguar los efectos negativos de las sequías asociadas a El Niño, eso tiene un límite”, aludiendo a que el cambio climático podría causar sequías más severas, deteriorando su resiliencia. Según el estudio, “los hallazgos pueden dar luces sobre las probables respuestas en estos y otros bosques tropicales frente al cambio climático”.

A juicio de Bryan Finegan, líder del Programa Producción y Conservación en Bosques del CATIE (Costa Rica), los hallazgos del estudio “son más relevantes para áreas con sequías estacionales en Centroamérica, una de las regiones tropicales con mayor exposición al cambio climático a nivel mundial”. 

Sin embargo, agrega “probablemente también tenga implicancias, por ejemplo, para los bosques amazónicos, expuestos igualmente a sequías e incendios asociados”.
 
Enlace al resumen del estudio en New Phytologist