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Recortes presupuestales, descubrimientos de cepas agresivas, el ambiente en mayor riesgo: 2017 no ha sido el mejor año para la ciencia y tecnología en América Latina.

Las amenazas de reducciones presupuestales que comenzaron a vislumbrarse el año anterior, se hicieron realidad en mayor o menor medida en muchos países en 2017.

Ciertamente, Brasil y Argentina fueron los más afectados, pero la lista es larga. Incluye, entre otros, a Colombia, Costa Rica, Ecuador, México y Panamá. Y no hay visos de que la situación mejore en 2018.

No obstante, este revés ha servido para movilizar a los científicos, generando una situación inédita en un sector que tradicionalmente ha permanecido al margen de las movilizaciones populares.

Así, en abril, 60 ciudades de 11 países de América Latina y el Caribe participaron en la Marcha de la Ciencia, que si bien fue impulsada por científicos de EE.UU. llevó a que la comunidad científica de nuestra región protestara por los recortes y, al mismo tiempo, mostrara la importancia de la ciencia en aspectos cotidianos de la vida.

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Cortesía Ciencia en Panamá

Las movilizaciones continuaron en los meses siguientes. Por ejemplo, en Argentina se realizó un singular ‘velorio de la ciencia’ en agosto, luego de una serie de reuniones infructuosas para lograr que 500 científicos ingresen a la carrera del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, a la que tenían derecho, pero que por recortes del área fueron dejados afuera. El problema sigue aún sin resolverse y se teme otro problema para 2018, cuando un número similar de científicos pidan ser incorporados a la carrera. 

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Crédito: Mónica Hasenberg

Quizás el mayor éxito de estas movilizaciones se obtuvo en Colombia, donde gracias a las protestas de científicos en diversas ciudades del país, además de cartas y videos enviados por miembros de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, rectores y profesores de universidades públicas y privadas, se logró revertir el recorte de 41,5% en el presupuesto para la ciencia propuesto por el gobierno para 2018. 

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Crédito: Gabriela Delgado

El ambiente en riesgo

En ese contexto, el compromiso de los miembros del Parlamento Latinoamericano y Caribeño (PARLATINO) para apoyar el aumento de los presupuestos públicos para la investigación científica y tecnológica en sus respectivos países, fue importante porque implica el reconocimiento político al papel que juega la evidencia científica para tomar decisiones informadas, especialmente las relacionadas con la mitigación y adaptación al cambio climático, un tema en el que tampoco han abundado las buenas noticias.

Una serie de informaciones a lo largo del año dieron cuenta de la fragilidad de las políticas relacionadas con el cambio climático y el ambiente en muchos países.
 
En unos casos, la falta de acceso a los datos en Mesoamérica impidió a los decisores ayudar a los agricultores a adaptarse y/o mitigar el cambio climático. En Brasil, en particular, los cambios aprobados en su Código Forestal favorecerían el aumento de la deforestación del bosque amazónico, poniendo en riesgo su capacidad de almacenar dióxido de carbono (CO2).
 
Por eso, el premio otorgado a la activista brasileña Antônia Melo da Silva por dedicar su vida a la defensa del ambiente y los derechos de los pueblos amazónicos, constituye un reconocimiento a quienes desde la sociedad civil y la ciencia ciudadana contribuyen silenciosamente a proteger la naturaleza, en serio riesgo por la construcción de grandes represas en la Amazonía, por ejemplo.

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Crédito de la imagen: Global Water Partnership

Otra amenaza contra las especies silvestres amazónicas proviene del tráfico ilegal. Si bien la comercialización legal de especies amazónicas en riesgo ascendió a US$128 millones anuales entre 2005 y 2014, según un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el comercio ilegal es el cuarto más lucrativo, después del tráfico de drogas, personas y armas, según estimaciones del Foro Económico Mundial.

Para frenarlo, Perú inició la campaña nacional bajo la consigna “Si compras eres cómplice”, y paralelamente coordina con Brasil, Colombia, Chile y Ecuador para implementar acciones conjuntas a fin de que los traficantes no se desplacen a esos países.

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Crédito de la imagen: Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (SERFOR), Perú

Pero no solo las especies amazónicas están bajo amenaza. A comienzos de año, un estudio científico advirtió que las pretensiones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de construir un muro a lo largo de la frontera con México pondrá en riesgo a más de medio centenar de especies animales que comparten el ecosistema entre ambos países.

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Crédito de la imagen: Rurik List para SciDev.Net
 


La amenaza de nuevas enfermedades

En salud pública la región enfrentó nuevos retos. Y fue Brasil el país más expuesto porque al descubrimiento en su territorio de un mosquito infectado con el genotipo africano de chikungunya se sumó la identificación de una variedad de salmonella más invasiva y virulenta que incluso puede ocasionar la muerte.
 
Además, se conoció que unas 50 personas en Rio de Janeiro fueron infectadas entre 2015 y 2016 con Plasmodium simiumel parásito que causa malaria entre monos.
 
A estos hallazgos se sumó la evidencia de que los incendios agrícolas y forestales —práctica común en muchos países en desarrollo para el cambio de uso de la tierra—causarían la muerte de células pulmonares humanas o daños irreversibles en su ADN.

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Crédito de la imagen: Wikimedia

Estos descubrimientos constituyen en realidad una llamada de atención a las autoridades sobre los nuevos retos que plantea la urbanización creciente, especialmente a los países en desarrollo, para el control, tratamiento y abordaje de las enfermedades y para entender mejor cómo surgen en contextos de pobreza, tal como lo señaló un experto en una de nuestras historias cubiertas a lo largo del año.

Adelante, con optimismo

No obstante, pese a estos reveses transitorios, los investigadores de la región siguen esforzándose para que la ciencia contribuya eficazmente al desarrollo y algunas innovaciones lo vienen logrando, como la invención de un brazalete para ayudar a discapacitados visuales, o del catalizador que reduce emisiones tóxicas.

También se destacó el ingreso de más países de la región al ranking mundial de universidades (aunque en general América Latina vio reducida su presencia); un mejor aprovechamiento de las tecnologías de información y comunicación a través del desarrollo de nuevas aplicaciones que ayudan a localizar mosquitos vectores de enfermedades o a conectar las lenguas indígenas, y la participación en eventos mundiales de periodismo científico.

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Crédito de la imagen: Óscar Miranda

La lección que nos deja el año que termina es que se requiere fortalecer la participación ciudadana en la ciencia, ampliar la convocatoria a diversos sectores —después de todo, la ciencia es transversal al desarrollo— y no bajar la guardia ante el fácil recurso de reducir el presupuesto de ciencia, tecnología e innovación que exhiben muchos gobiernos de nuestra región. El próximo 2018 no será un año fácil, pero no hay que desanimarse.