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Cambio Climático y Energía

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Brasil tardaría 250 años en pagar una deuda de carbono

Eva Aguilar

19 febrero 2010 | ES

La caña de azúcar es fuente para el etanol biocombustible en Brasil desde los setentas

USDA / Bauer

La extensión de plantaciones para producir biocombustibles, proyectada por el gobierno de Brasil para los próximos años, podría generar una deuda de carbono que el país tardaría más de dos siglos en pagar, revela un estudio publicado el 8 de febrero en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.

Utilizando un modelo matemático, los autores estiman que la producción de etanol y de biodiesel será responsable de prácticamente la mitad de los 121.970 kilómetros cuadrados de deforestación proyectada para el año 2020.

El cálculo prevé que si bien las plantaciones de caña de azúcar y soja ocuparían tierras previamente utilizadas como potreros, también empujarían la ganadería hacia los bosques del Amazonas.

David Lapola, de la Universidad de Kassel (Alemania) y autor principal del estudio, dijo a SciDev.Net que los resultados de sus análisis estadísticos son “tan nocivos en términos de la emisión de dióxido de carbono” producida por la pérdida de bosque que “en ese caso sería mejor seguir utilizando combustibles fósiles”.

“Este análisis nos dice que no tendremos reducciones de dióxido de carbono antes de los próximos 250 años, si se usan los biocombustibles de Brasil y no se evitan los cambios indirectos que estos producen en el uso de la tierra”, señaló el investigador.

Los autores descubrieron además que la palma de aceite sería una opción más rentable como materia prima debido a su alta productividad de aceite.

Según los investigadores, la palma de aceite requeriría únicamente 4.200 kilómetros cuadrados de tierra para satisfacer la demanda de biodiesel propuesta por el gobierno brasileño para el 2020, en comparación con los más de 100.000 kilómetros cuadrados que necesitarían las plantaciones de soja.

Los autores proponen igualmente un aumento del seis por ciento en la densidad de cabezas de ganado por hectárea en todo el país, como una forma de evitar nuevos focos de deforestación en los próximos diez años.

Lapola opina que si Brasil no logra un balance entre la producción de biocombustibles y el uso de la tierra, ni siquiera valdría la pena continuar con la expansión de nuevas plantaciones para generar etanol y biodiesel. Y en el caso de lograr un balance, los beneficios serían únicamente a corto plazo.

“No creo que en el año 2100 seamos capaces de generar energía para quince mil millones de personas a través de caña de azúcar o palma de aceite. Los biocombustibles son una buena solución para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en las próximas décadas, pero a largo plazo la humanidad tendrá que encontrar otra fuente de energía”.

Enlace al artículo completo (en inglés)

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