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  • Pesticida usado en Colombia contra coca 'no es dañino'

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[BOGOTÁ] La fumigación aérea con herbicida para destruir los cultivos ilegales en Colombia no es dañina ni para la salud humana, ni para el ambiente, de acuerdo con un estudio de la Organización de Estados Americanos (OEA).

Colombia utiliza el herbicida glifosato como parte de su "Guerra contra las drogas" apoyada por Estados Unidos, y le apunta a los cultivos de amapola y coca, utilizada esta última para producir cocaína.

Organizaciones ambientales y de derechos humanos han denunciado que la fumigación aérea con el herbicida amenaza la salud de los pobladores de la zona, afecta sus cultivos de pancoger, y contamina los ríos (Ver Colombian herbicide spraying under attack).

De acuerdo con Mamacoca, una organización no gubernamental colombiana, entre 1999 y 2003 la Defensoría del Pueblo recibió más de 8.000 denuncias de habitantes de Guaviare, Putumayo y Caquetá argumentando estar afectados por las fumigaciones aéreas.

La exposición en un periodo corto de tiempo al glifosato se ha vinculado con vómito, dolor de cabeza y de estómago, y diarrea, mientras que los efectos a una exposición de largo plazo incluyen posibilidades de desarrollar cáncer y malformaciones en recién nacidos.

Sin embargo, el estudio de la OEA, presentado el pasado 22 de abril, dice que el proceso de producción de cocaína implica mayores riesgos para la salud, que el mecanismo utilizado para combatir los cultivos de coca.

"En el ciclo entero de la producción y erradicación de los cultivos de coca y amapola, los riesgos para la salud humana asociados con las lesiones físicas durante la deforestación y la quema, y el uso de plaguicidas para la protección de cultivos ilícitos se consideraron más importantes que aquellos provenientes de la exposición al glifosato."

El informe fue preparado para la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas, (CICAD), una agencia de la OEA, por un grupo internacional de especialistas en toxicología humana y ambiental, epidemiología, agricultura y ecología.

Dicho grupo evaluó los riesgos a través de la revisión de la literatura científica y de los informes gubernamentales, así como con el apoyo de investigaciones de científicos colombianos en cuerpos de agua en cinco regiones del país.

El informe dice que las aguas superficiales en Colombia tienen muy poca, o casi ninguna contaminación significativa con glifosato.

Pero Fernando de la Hoz, un epidemiólogo colombiano, doctorado en el London School of Hygiene and Tropical Medicine, del Reino Unido, tiene dudas sobre la validez del estudio y las conclusiones a las que llegan, porque no se evaluó directamente cómo la exposición al herbicida afecta a los cultivadores de coca y amapola.

"El estudio considera solamente los efectos a corto plazo y por exposición aguda", dice de la Hoz, añadiendo que los mismos autores reconocen la necesidad de hacer investigaciones de largo plazo para establecer los efectos del herbicida.

En Colombia, dos grupos de investigación, uno del Instituto Nacional de Salud (INS) y otro de la Universidad de los Andes, con sede en Bogotá, han realizado estudios sobre el impacto del herbicida.

De acuerdo con Rafael Romero, director del INS, los resultados son similares: "El impacto en la salud humana referida a los efectos agudos, es mínima". Más aún, dice, se descarta algún efecto en deformaciones.

Andrés Moya, investigador del Centro de Estudios de Desarrollo Económico (CEDE) de la Universidad de los Andes, dice que hay otros factores que se deben considerar en el debate sobre los efectos de la aspersión aérea con glifosato en la salud humana y en el ambiente.

"Los cultivadores de coca han empezado a crear estrategias para minimizar la efectividad del herbicida, como sembrando las plantas debajo de las plataneras o cubriendo las hojas de coca con gasolina," dijo Moya a SciDev.Net.

Moya cree que la erradicación manual de los cultivos de coca o la implementación de una política de desarrollo alternativo serían caminos más efectivos porque son programas de desarrollo rural más integrales y que demuestran mayor conocimiento del agro colombiano.

El estudio de la OEA recomienda continuar fumigando por vía aérea para acabar con las plantas de coca y amapola. Pero agrega que como la aspersión aérea con herbicidas puede ser perjudicial para la gran biodiversidad de la cordillera de los Andes, sus efectos deben ser monitoreados cuidadosamente.

Críticos del estudio han manifestado su preocupación en el sentido de que estos resultados pueden facilitar la autorización del gobierno colombiano para la fumigación aérea con glifosato a los parques naturales, donde se ha empezado a cultivar coca y amapola.

Fuentes del Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial han dicho que actualmente no hay fumigación aérea en estos parques. El Consejo Nacional de Estupefacientes, el ente que tiene en sus manos la decisión final en este sentido, se reunirá a finales de mayo para discutir este asunto, entre otros temas.

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