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  • REDD: ¿Falsa solución?

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Reducir la deforestación es clave para mitigar el cambio climático, pero no debe ser la excusa para seguir contaminando, dice Roman Czebiniak

Los líderes mundiales están discutiendo la posibilidad y la manera de incluir a los bosques tropicales en el próximo acuerdo sobre cambio climático. Se espera lograr una decisión sobre el financiamiento de la Reducción de Emisiones derivadas de la Deforestación y Degradación de los Bosques en los países en desarrollo (más conocida por sus siglas en inglés REDD), durante las negociaciones sobre el clima que tendrán lugar en Copenhague a finales de año.

Los bosques serán utilizados bien sea para acercar o para alejar al mundo de la posibilidad de un cambio climático catastrófico. Los países en desarrollo tienen mucho que ganar con una buena negociación, y mucho que perder si ésta es mala.

Los científicos han advertido que un aumento de la temperatura mundial por encima de dos grados Celsius causaría un daño catastrófico a la vida humana y al medio ambiente. Un estudio reciente de Nature examinó mil diferentes formas de emisión para mantenernos por debajo de este punto de inflexión. Con todas se arribó a una única conclusión: no existen atajos, necesitamos guardar cada gramo de carbono que podamos.

La deforestación tropical es responsable de aproximadamente el 20 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero, más que aquella proveniente de todos los autos, aviones y trenes del mundo. Después de China y los Estados Unidos, Indonesia y Brasil ocupan el tercer y cuarto lugar como los mayores emisores del mundo, en gran parte debido a la deforestación.

Un esfuerzo agresivo para terminar con la deforestación global para el año 2020, combinado a un acuerdo para reducir drásticamente las emisiones de combustibles fósiles, incrementaría significativamente nuestras posibilidades de permanecer por debajo de los dos grados del punto de inflexión. Pero mientras la REDD ofrece una única oportunidad rentable para combatir el cambio climático, algunos países industrializados tratan de aprovechar esta oportunidad para compensar sus propias responsabilidades.

Soluciones falsas

Por ejemplo, una propuesta de la REDD basada en la idea de incluir los bosques en los mercados de carbono está ganando terreno actualmente. Los esfuerzos para reducir la deforestación generarían créditos compensatorios que podrían venderse a los países industrializados y a las empresas. Pero bajo dicho sistema, un bosque sólo sería protegido si una compañía en un país industrializado continúa contaminando, lo que no resultaría en un neto beneficio climático.

Lord Nicholas Stern y otros economistas han argumentado que otorgar al carbono un precio fuerte y estable es el mejor camino para reducir las emisiones de carbono. Pero un reciente informe encargado por Greenpeace demostró que la inclusión de los créditos compensatorios de la REDD en los mercados de carbono podría hacer caer el precio del carbono en más de 75 por ciento, reduciendo significativamente los incentivos para invertir en tecnologías limpias y renovables tanto en los países en desarrollo como en los desarrollados. El informe describe cómo esto podría “encerrar” a las tecnologías sucias, haciendo que las reducciones que requieren estar por debajo de los dos grados sean más costosas y difíciles.

La historia de los mercados de carbono, como el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) también demuestra que los inversionistas tienden a congregarse alrededor de un pequeño número de grandes países en desarrollo con altas tasas de emisiones y fuertes capacidades. Más del 90 por ciento de los  beneficios del MDL, por ejemplo, han ido a solo cuatro países en desarrollo: Brasil, China, India y Corea del Sur. Lo mismo podría esperarse de la REDD. Además, no está claro si muchos países en desarrollo con bosques tropicales serían capaces de satisfacer los estrictos estándares de supervisión, reporte y rendición de cuentas de los participantes del mercado.

Nuevas esperanzas

Varias innovadoras propuestas alternativas para un Fondo Global Forestal garantizarían que el financiamiento para los bosques valga decenas de miles de millones de dólares por año y evitaría los problemas de las compensaciones del mercado de carbono. En consonancia con los principios de que quien contamina paga, exigir que los países y compañías paguen tan sólo el cinco por ciento por sus permisos de carbono (que actualmente reciben de manera gratuita) podría incrementar US$20.000 millones por año. Un gravamen de 0.6 por ciento sobre el transporte internacional podría generar cantidades similares.

Lo que se necesita es un enfoque flexible que incluya a la mayor cantidad de países con bosques tropicales tan rápido como sea posible. Un fondo global podría abastecer a los países en diferentes etapas de desarrollo y ofrecer financiamiento a las naciones con tasas altas y bajas de deforestación, así como a aquellos con capacidades y necesidades variables. Los enfoques de REDD en el ámbito nacional también evitarían los problemas de métodos “sub nacionales” (o basados en proyectos) que sólo cambian la deforestación de un área a otra.

Se debería dar prioridad a los países en desarrollo que toman una acción agresiva hacia la deforestación y degradación cero de tal manera que promuevan la diversidad biológica y respeten los derechos de las poblaciones indígenas y locales.

El tiempo es ahora

Recientes estudios científicos han demostrado que si no se logra permanecer por debajo de dos grados de aumento en las temperaturas mundiales la consecuencia se vería en las pérdidas significativas de los principales bosques tropicales debido al aumento de incendios, sequías y plagas. Para salvar el clima, debemos proteger los bosques. Y para salvar los bosques, debemos proteger el clima.

REDD es un ingrediente necesario para cualquier receta que busque permanecer debajo de los dos grados. Pero, si simplemente se aplica en los mercados de carbono, podría dar también a los países industrializados una vía para retrasar el avance hacia ese objetivo. La decisión sobre la REDD tiene enormes implicancias no solo para los países en desarrollo con bosques tropicales sino para aquellos países más vulnerables a los efectos del cambio climático. La posición de los países en desarrollo sobre los bosques podría ser la llave del éxito o del fracaso en la lucha contra el catastrófico cambio climático.

Roman Czebiniak es asesor político sobre cambio climático y bosques de Greenpeace Internacional.

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