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  • Estudiar ecosistemas tropicales para combatir sequías

Debemos prestar atención a los servicios de los ecosistemas hidrológicos de los bosques tropicales para evitar “megasequías” y devastadores incendios en la selva amazónica, dice Carlos Peres, experto en biología de la conservación. 

Las severas sequías de 1997, 1998, 2005 y 2010 cambiaron la visión general de que los bosques tropicales pueden resistir a la destrucción del fuego debido a la humedad almacenada bajo el tupido dosel, dice Peres. 

Cambios climáticos a gran escala, tales como el calentamiento de la superficie del océano Atlántico, superan en forma creciente a los efectos de aridez [causados por] El Niño en el Pacífico y producen estas sequías. 

Las sequías extremas pueden sobrepasar el umbral de inflamabilidad de los bosques tropicales, desencadenando un ciclo de retroalimentación que lleve a incendios cada vez más intensos. 

Pero los bosques crean un amortiguador hidrológico contra las condiciones climáticas extremas, proporcionando un servicio ecosistémico que generalmente no se reconoce, argumenta Peres. 

La explotación forestal agrava las condiciones de sequía en el sotobosque (la zona cercana al suelo) al perforar el tupido dosel que ayuda a retener la humedad, y al dejar material inflamable que puede avivar un incendio. Ni los ecosistemas boscosos, ni las 21 millones de personas que viven en la Amazonia brasileña están preparados para una pérdida de árboles a tan gran escala, dice Peres. 

La megasequía de 2010 es un recordatorio del riesgo que enfrentan los principales bosques tropicales, concluye.

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