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Ciencia para aumentar alimentos variados y nutritivos

Crédito de la imagen: Chris Stowers / Panos

De un vistazo

  • Producción de alimentos debe aumentar: en 2050 habrá diez mil millones de bocas más

  • La ciencia puede ofrecer herramientas y estrategias, pero también deben cambiar las políticas

  • Es especialmente importante encontrar formas de poner la ciencia en manos de campesinos

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La ciencia ¿podrá satisfacer la demanda de alimentos más variados y nutritivos? Jan Piotrowski investiga.
 
Los disturbios que asolaron a África en 2007 y 2008 como respuesta al aumento en espiral en los precios de los cultivos básicos pusieron de relieve los efectos de la escasez de alimentos.
 
Las imágenes de los disturbios dieron la vuelta al mundo, y la consiguiente inestabilidad puso en primer plano del debate político una pregunta que por mucho tiempo había sido marginal: ¿cómo podemos asegurar que todos tengan acceso a alimentos suficientes, seguros y nutritivos?
 
La seguridad alimentaria es un tema que abarca todos los aspectos de la agenda de desarrollo, desde la agricultura y el manejo ambiental hasta la economía, la gobernabilidad y la igualdad social. También es un reto sin una solución sencilla.
 
Pero una cosa es clara. Si la producción de alimentos tiene que aumentar en 70 por ciento para 2050 para poder alimentar a la creciente población, como predice la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), tenemos que hacer más con menos.
 
Cómo lograr este salto en la producción de alimentos de manera sostenible es “uno de los grandes interrogantes de nuestro tiempo” precisa Sieg Snapp, profesora de suelos y sistemas agrícolas de la Universidad del Estado de Michigan, Estados Unidos.
 
Se estima que diez mil millones de personas habitarán la Tierra en 2050. El aumento en la producción de alimentos que se requerirá para alimentarlas se debe alcanzar en un contexto en el que los recursos para producirlos son expoliados por la urbanización, la degradación ambiental y la competencia de tierras para biocombustibles y ganadería.
 
Durante la Revolución Verde del pasado siglo, la ciencia y la tecnología tuvieron un efecto transformador sobre la agricultura.
 
Pero en el siglo XXI, ¿siguen siendo la clave para garantizar la seguridad alimentaria a largo plazo?
 
¿O es que las soluciones para la inseguridad alimentaria se encuentran en un cambio estructural, político y social más profundo?
 
Los cereales no son suficientes
 
Más de 2.3 mil millones de toneladas de cereales se producen anualmente, según la FAO. Ellos son responsables, directa o indirectamente a través de la alimentación animal, de la cantidad de calorías que los humanos consumen.
 
Tan solo el trigo, el maíz y el arroz son responsables de casi la mitad de calorías y del 40 por ciento de proteínas consumidas en el mundo en desarrollo, señala la FAO.
 
Según Snapp, aunque los cereales son los pesos pesados de la agricultura, hay un creciente reconocimiento de que no se puede depender solo de ellos para alimentar al mundo.

“Si el mundo continúa por la trayectoria del monocultivo habrá serios impactos en la seguridad ambiental, alimentaria y nutritiva”.

Sieg Snapp, Michigan State University










Las mediciones tradicionales de seguridad alimentaria se centran en el acceso a las calorías y por lo tanto no reconocen la importancia de consumir una serie de nutrientes, explica.
 
En vez de eso, añade Snapp, se priorizan los sistemas de monocultivo con el fin de maximizar los rendimientos de los cereales, y dan lugar a dietas que carecen de una variedad de proteínas y micronutrientes.
 
“Si el mundo continúa por la trayectoria del monocultivo habrá serios impactos en la seguridad ambiental, alimentaria y nutritiva”, advierte a SciDev.Net.
 
El paso más importante para mejorar las dietas de la población, especialmente de los campesinos pobres, es alentarlos a producir una serie de cultivos  en cada pequeña parcela, así como diferentes variedades de cada cultivo, afirma.
 
Durante un año, los agricultores africanos siembran una mezcla de cultivos fijadores de nitrógeno, como el frijol de soya, maní y gandul, y al año siguiente solo maíz, alcanzando rendimientos similares al monocultivo de maíz pero con 50 por ciento más de contenido de proteínas y usando la mitad de fertilizantes, revela su investigación.
 
De otro lado, los agricultores con acceso a diversas variedades modernas y tradicionales de cultivos estarán mejor preparados para enfrentar el estrés ambiental, como las sequías o inundaciones, que se espera aumentarán a medida que el clima se caliente, asegura Snapp.
 
La ciencia tiene un papel que cumplir en el perfeccionamiento y diseminación de estas estrategias, pero la falta de apoyo político puede impedir que se generalicen, advierte.
 
“La diversidad  de cultivos en las parcelas agrícolas de pequeña escala es vital para satisfacer las necesidades […] de nutrición, seguridad alimentaria, medicina, y merece mucha más atención de los formuladores de políticas y científicos”, puntualiza.
 
¿O es que la diversificación viene después?
 
La diversificación de cultivos es importante, pero no debería cambiarse el énfasis que tiene la investigación en  el mejoramiento de los “pilares de la producción de alimentos”, puntualiza Hans-Joachim Braun, director del Programa Mundial de Trigo del Centro Internacional de Mejoramiento del Maíz y el Trigo (CIMMYT), con sede en México.
 
El cultivo de cereales de manera más eficiente es fundamental para liberar tierras donde se puedan sembrar otros cultivos sin reducir las calorías totales producidas, explica.
 
“Tenemos que aumentar la producción [de cereales] mucho más rápido que el crecimiento de la población; solo entonces podremos diversificar los sistemas de cultivo en la medida que se requiere”, dice a SciDev.Net.
 
La ciencia también es fundamental para mejorar la calidad, no solo la cantidad, de cereales mediante el aumento de las concentraciones de micronutrientes como zinc y hierro, añade.
 
El hambre oculta, causada por la carencia de micronutrientes, no se puede resolver solo mediante el mejoramiento de cultivos, admite Braun, pero como los programas de biofortificación de muchos países en desarrollo han fracasado, queda por recorrer un largo camino.
 
Los animales son otra fuente importante de nutrientes, y dado que la gente en todo el mundo come más carne, encontrar maneras eficaces de aumentar el ganado sin competir con otras formas de agricultura es una prioridad.
 
Una innovación al respecto es el algodón genéticamente modificado que tiene semillas libres de una toxina que normalmente impide que los residuos de las semillas de algodón ricas en proteínas sean usadas como alimento en la acuicultura y en la cría de cerdos y aves de corral.
 
Si el método fuera seguro para el consumo humano, el equipo internacional que conduce la investigación cree que se podrían satisfacer las necesidades de proteínas de 500 millones de personas.
 
Los investigadores también están explorando otras opciones, desde el desarrollo de técnicas para aumentar los insectos en los alimentos y desechos de origen humano hasta el crecimiento de tejidos de proteínas en el laboratorio.
 
La ciencia es la clave, pero también lo son las políticas
 
Achim Dobermann, subdirector general de investigación del Instituto Internacional de Investigación del Arroz (IRRI), en Filipinas, está de acuerdo con que los programas de investigación para el mejoramiento de cultivos son esenciales para la seguridad alimentaria del futuro.
 
Hasta la fecha, sin embargo, el mejoramiento genético se ha enfocado principalmente en genes o vías específicas que regulan ciertas características como la resistencia a las plagas o el tamaño de los granos. Pero los investigadores deben apuntar a objetivos más ambiciosos que incluyan múltiples vías genéticas, propone.
 
Aumentar los niveles de fotosíntesis, el proceso por el cual las plantas convierten la luz del sol y el agua en alimento, como lo intentan los proyectos del IRRI y del CIMMYT, o dotar a los cereales de capacidades para fijar nitrógeno podría dar lugar a “saltos cuánticos” en el rendimiento y eficiencia, asegura.
 
Sin embargo, estas estrategias ‘celestiales’ pueden tomar décadas para dar frutos, por lo que se deben desarrollar otras tecnologías para cerrar la brecha, sostiene Dobermann.
 
En el mundo en desarrollo, las tecnologías para mantener los alimentos comestibles aún después de la cosecha, como los equipos para secar los granos y almacenar los cultivos, requieren más desarrollo, reconoce.
 
Según un informe conjunto de la FAO y el Banco Mundial, las ineficiencias en el procesamiento y almacenamiento de granos solamente en el sub Sahara africano le pueden costar a la región US$4 mil millones al año, o alrededor del 15 por ciento de la producción total.
 
Es necesario tomar grandes medidas para mejorar la seguridad alimentaria usando la tecnología y el conocimiento existentes, subraya Dobermann.
 
Sin embargo las políticas, incluyendo los subsidios a largo plazo a los fertilizantes y los problemas con los derechos a la tenencia de la tierra, con frecuencia desalientan a los agricultores de adoptar estrategias alternativas. Esto se debe reformar para estimular la innovación, el acceso a nuevas tecnologías y a un sector empresarial dinámico, añade.
 
“Esta falta [de voluntad política] es el cuello de botella; la situación no mejorará si no se elimina este escollo”, expresa.
 
En los países en desarrollo, los sistemas de ‘extensión’ que acortan la brecha entre los laboratorios y los campos de agricultores con frecuencia son débiles, conformando grandes obstáculos para la difusión del conocimiento científico, reconoce Dobermann.
 
“A menudo me siento frustrado por la escasa adopción de tecnologías probadas, originada por la falta de una fuerza de trabajo de extensión motivada y bien dotada de recursos”, anota.
 
Difundir el mensaje
 
Las actividades de extensión tradicionales dirigidas por el estado tienden a enfocarse en la promoción de variedades específicas de semillas o en las técnicas en lugar de tener enfoques más holísticos para aumentar los rendimientos al tiempo que protejan el medio ambiente.
 
El CIMMYT aspira a cambiar esta situación mediante el apoyo a los centros del conocimiento existentes en el sub Sahara africano y en México, los cuales proporcionan información a los campesinos sobre semillas, prácticas agronómicas y maquinaria.
 
Mediante la organización de reuniones, talleres y usando cada vez más los teléfonos celulares, estos centros permiten que los agricultores seleccionen y elijan soluciones a los problemas que ellos consideran importantes.

“Hay una verdadera sed de conocimientos entre los agricultores de subsistencia, pero por lo general es muy difícil para ellos satisfacerla”.

Shaun Hobbs, Plantwise

 
Cómo alcanzar el conocimiento científico a quienes lo necesitan es un interrogante central del debate de la seguridad alimentaria, pero que se pasa por alto, según Shaun Hobbs, director global del Banco de Conocimientos Plantwise, iniciativa mundial para difundir conocimientos sobre las plagas y enfermedades de las plantas.
 
“Hay una verdadera sed de conocimientos entre los agricultores de subsistencia, pero por lo general es muy difícil para ellos satisfacerla”, dice Hobbs a SciDev.Net.
 
Plantwise combina el conocimiento tradicional con los enfoques científicos para crear una extensa base de datos en línea y fuera de línea de las enfermedades y sus soluciones. El proyecto también está capacitando a extensionistas locales de 31 países para que aprendan a reconocer y tratar las enfermedades de las plantas, y posteriormente difundan este conocimiento a los agricultores locales mediante ‘clínicas’ en los lugares de reunión de la localidad.
 
Es difícil evaluar el impacto de la iniciativa, pero las señales iniciales son extremadamente prometedoras, asegura Hobbs.
 
Por ejemplo, los agricultores de Bangladesh han informado de un aumento en sus ingresos y rendimientos de sus cultivos de 24 y nueve por ciento, respectivamente, después de visitar las clínicas, revela.
 
La explosión de la tecnología digital ofrece “un enorme potencial para amplificar el mensaje” y ampliar el alcance a fin de que cada agricultor tenga acceso a la información y pueda tomar decisiones informadas, acota.
 
Al ser un tema de múltiples aspectos, probablemente nunca se encontrará una fórmula mágica para garantizar la seguridad alimentaria. Pero encontrar vías innovadoras para propagar el conocimiento y, al mismo tiempo, apoyar permanentemente la investigación, parecería garantizar que la ciencia siga siendo un arma crucial en los años venideros.

Este artículo es parte del Especial Garantizar seguridad alimentaria futura

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