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  • Usar redes sociales para fortalecer sistemas de salud

Científicos de la salud en países en desarrollo pueden usar las redes sociales para abordar prioridades de investigación, dicen Alexander E.T. Finlayson y colegas

Crear capacidad de investigación en países en desarrollo es, quizás acertadamente, un objetivo relativamente nuevo para los esfuerzos por mejorar los sistemas de salud y no es un elemento importante en el marco de la OMS para el fortalecimiento de los sistemas de salud. 

Sin embargo, su importancia es cada vez más reconocida por la OMS y organizaciones como la nuestra, MedicineAfrica. [1] 

Pero, ¿cómo pueden los científicos de la salud en los países en desarrollo crear redes y compartir los conocimientos necesarios para hacer avances estratégicos hacia el fortalecimiento de los sistemas de salud?
Tecnología móvil 

Tal vez la revolución de la telefonía móvil da una pista. Con más de cinco mil millones de usuarios, los teléfonos móviles son ahora indispensables en todo el mundo. La tecnología móvil promete transformar la atención sanitaria global, especialmente en áreas remotas, permitiendo la interacción directa con los pacientes, ayudando a la capacitación a distancia de trabajadores de la salud, y apoyando la educación de los científicos. 

El mosaico en ciernes de la salud móvil y la electrónica está a punto de convertirse en una solución integrada global, ya sea a través de la unificación de una serie de arquitecturas empresariales (anteproyectos para la gestión de tecnologías de la información en las organizaciones), o mediante la adopción de estándares de interoperabilidad internacionalmente aceptados que permitan que los diversos sistemas trabajen juntos. 

Podemos hacer una analogía con el cuidado de la salud: así como los teléfonos móviles de diferentes fabricantes vienen con una amplia gama de cargadores cuya incompatibilidad resulta frustrante, la atención sanitaria occidental históricamente ha sido víctima de un sistema cerrado, prestando insuficiente atención al intercambio de experiencias y de información. Esto significa que el caso de cada paciente necesita ser abordado desde cero por cada nuevo médico, que tiene limitado acceso a la historia clínica del paciente. 

Pero al igual que muchos países africanos han eludido las líneas telefónicas fijas para acercarse a las redes de telefonía móvil, los sistemas de salud puede evitar tener registros en papel. 

Es altamente probable que los científicos de los países con recursos limitados sigan este patrón, quizás dejando de lado las metodologías de investigación tradicionales, y a veces ineficaces, por enfoques más progresistas —incluyendo el uso de redes sociales— para hacer frente a prioridades locales para la investigación biomédica. 


Redes sociales 

En una reciente edición de Nature, sugerimos la posibilidad de aprovechar Twitter para facilitar la colaboración entre científicos de países en desarrollo. [2] 

A la fecha hay 104 menciones de Twitter en PubMed, la principal base de datos para las ciencias de la salud. Estas menciones van desde el uso de Twitter para vigilar los brotes de ‘gripe porcina’ H1N1 o para promover la salud sexual, hasta ayudar a que los profesionales de la salud de más edad brinden retroalimentación a estudiantes. 

Cochrane Collaboration ha publicado trabajos reflexionando sobre el potencial de las redes sociales para difundir los resultados de la investigación biomédica y para proporcionar información clínica actualizada a quienes brindan atención sanitaria. [3] 

Y algunos grupos están explorando el uso de redes sociales en investigaciones revisadas por pares [4], basándose en la inmediatez de la interacción y el potencial para reducir los costos. 

Hay lecciones para aprender de otras comunidades que generan conocimiento y que se autocorrigen, como Wikipedia, en relación con el altruismo mutuamente beneficioso y el estado que impulsa el trabajo en la mayoría de las redes sociales, además de la transparencia y la exactitud creada a través la revisión visible y ‘abierta’. 

Sin embargo, los usos positivos e innovadores de las redes sociales no están exentos de inconvenientes. Estas son vulnerables a los abusos, como en el caso del uso de Twitter para eludir los marcos regulatorios tradicionales que tienen como objetivo controlar la publicidad directa a los consumidores hecha por las compañías farmacéuticas.

Mejor, más rápido y más barato 

Un fascinante paso adelante sería aprovechar la conectividad de las redes sociales para hallar en la colaboración del público soluciones casi en tiempo real a las preguntas de investigación biomédica.
La duplicación innecesaria de investigaciones es un fenómeno extendido en la ciencia occidental, y la competencia por fondos y publicaciones expone a crear una cultura de secretismo entre científicos ansiosos por proteger sus ideas. 

Esto es potencialmente problemático. Pero en países en desarrollo donde los recursos son más escasos y los resultados de las investigaciones son más críticos para salvar vidas humanas, debería haber aun mayor demanda de un modelo racional de cooperación científica. 

Tradicionalmente hemos tenido que esperar una reunión de los consejos nacionales de investigación para definir estrategias de investigación. Pero si pudiéramos cambiar a una toma de decisiones descentralizada a través de la libre circulación de información en una red no jerarquizada, la comunidad podría entender —y quizás crear conjuntamente— las prioridades de investigación con mayor conveniencia. 

Del mismo modo, a menudo confiamos en una reunión fortuita con investigadores con ideas afines en una conferencia. O aun peor, un científico puede esperar varios años para la publicación de su investigación solo para descubrir que ha trabajado sobre las mismas preguntas que otro, con los mismos resultados y los mismos problemas. 

Pero potenciando la naturaleza global de medios como Twitter, con una gran audiencia y grupos con intereses bien definidos, los científicos podrían encontrar colaboradores locales que trabajan en problemas similares con mayor experiencia en áreas específicas de su trabajo. 

Eliminando páginas y páginas de redundancia del proceso científico, los científicos de países en desarrollo podrían realizar investigaciones con más velocidad, más enfocada en problemas reales, y que tengan menos duplicación. Y al final podrían difundir sus resultados más eficientemente. 

En su libro Turning the World Upside Down (Poniendo el mundo al revés), Nigel Crisp refleja la medida en que los sistemas de salud occidentales con burocracias poco flexibles pueden aprender de la evolución de sistemas de avanzada en escenarios de escasos recursos, donde la necesidad engendra innovación. Quizás lo mismo puede ser verdad para la ciencia. 

Alexander E. T. Finlayson, Katherine E. M. Hudson y Faisal R. Ali están afiliados a MedicineAfrica, una empresa social que brinda una plataforma para alianzas de investigación y educación en salud entre colaboradores del Norte y el Sur.

Referencias

[1] WHO's role and responsibilities in health research — draft WHO strategy on research for health  [108kB] (WHO, 2010)
[2] Ali, F. R. & Finlayson, A. E. T. Tweet to collaborate with poorer nations. Nature 475, 455 (2011). doi: 10.1038/475455d.
[3] Sud, V., Ejaz, K., Fedorowicz, Z., Mathew, M. & Sharma, A. Cochrane: spreading the message of research to students and juniors. Cochrane Database Syst. Rev. ED000026, doi:10.1002/14651858.ED000026.
[4]
Mandavilli, A. Peer review: Trial by Twitter. Nature 469, 286 (2011). doi: 10.1038/469286a