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  • Reconocimiento a los sistemas tradicionales de salud

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Es hora de relegar a la historia la idea de que los sistemas médicos tradicionales no son útiles para la ciencia médica moderna, dice Antony Taubman, de la Organización Mundial de Comercio.

Desde una perspectiva superficial, modernista, el conocimiento médico tradicional podría ser descartado como una reliquia de las culturas anticuadas, carentes de la iluminación intelectual del Siglo de las Luces.

Pero como la investigación médica continúa extrayendo ideas de la medicina tradicional, y como el sistema de patentes ha venido reconociendo metódicamente los sistemas de conocimiento tradicional, resulta difícil argumentar en pro de una división fundamental entre el conocimiento 'moderno' y el 'tradicional'.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) informa que el 80 por ciento de la población en algunos países depende de la medicina tradicional para sus cuidados primarios de salud. La OMS ha establecido una estrategia para integrar la medicina tradicional en los sistemas nacionales de salud. Obviamente, la llamada medicina 'alternativa' es en verdad la corriente principal para muchos.

Por supuesto, muchos medicamentos modernos tienen sus raíces en las ideas de los médicos tradicionales. El mismo Hipócrates —que ayudó a establecer la medicina clínica con base en la empírica y fue el primero en codificar las responsabilidades éticas de los médicos— recetó corteza de sauce para el dolor y la fiebre, haciendo posible el camino hacia la aspirina. También fue el padre de la escuela Unani de medicina tradicional, ampliamente practicada en el sur de Asia.

¿Objetivos en competencia o complementarios?

La sólida base empírica de los conocimientos tradicionales se extiende a través de muchas generaciones y proporciona visiones científicas aún para los más escépticos investigadores modernos. Sin embargo, los conocimientos tradicionales deberían verse como sistemas de conocimientos —formas de organizar y analizar hechos, y desarrollar tratamientos apropiados— y no sólo como venas de datos en bruto listos para ser explotados.

Cualquier erosión o pérdida de los sistemas de conocimientos tradicionales será una pérdida para todos. Esos sistemas ofrecen vías potenciales para satisfacer futuros desafíos de salud que no nos podemos dar el lujo de descuidar.

No obstante, la pérdida se dejaría sentir más directamente en las mismas comunidades que mantienen los sistemas médicos tradicionales, no solo en la práctica del cuidado de la salud, sino también como parte de sus identidades culturales. La reciente Declaración de las Naciones Unidas de los Derechos de los Pueblos Indígenas reconoce el derecho a mantener, controlar, proteger y desarrollar los conocimientos tradicionales, incluyendo las medicinas, y de mantener las prácticas tradicionales de salud.

Sin embargo, cuando la medicina tradicional se documenta y se usa en la investigación médica, aparecen con frecuencia cargos de apropiación indebida y falta de respeto por sus raíces: asoma el riesgo de la tensión entre proteger el conocimiento en su contexto tradicional y promover su más amplio uso y difusión.

¿Pueden ser compatibles estos objetivos de preservar, proteger y promover?

Depende de la creación de alianzas basadas en el respeto y claridad de los derechos pertinentes. El conocimiento está hecho para ser compartido, pero demostrar respeto por los sistemas de conocimientos tradicionales asegurará su uso sostenible en la investigación y el desarrollo.

Proteger y preservar…

Sin embargo, la preservación sin protección no funciona.

Hay muchas iniciativas en marcha para recolectar, registrar y documentar los conocimientos tradicionales, y difundirlos mediante bases de datos y publicaciones. Pero estos esfuerzos de preservación pueden exponer a los sistemas de conocimientos a una mayor erosión, pues pueden alimentar las preocupaciones sobre apropiaciones indebidas. Las herramientas de la era de la información pueden, sin darse cuenta, sacar el conocimiento de su contexto intelectual y legal.

Y los guardianes tradicionales se resistirán a compartir sus conocimientos con quienes desarrollan fármacos a menos que estén seguros de que sus intereses y valores serán respetados.

En cualquier caso, una acumulación de datos en bruto será de limitado valor a menos que también mantengamos los sistemas de conocimientos que le dan a los datos su pleno significado.

El simple hecho de que una planta tenga una propiedad medicinal identificada puede ser prácticamente inútil —incluso positivamente engañosa— salvo que sepamos cómo y dónde se cultiva esa planta, cómo se prepara y administra un extracto, cómo interactúa con otros tratamientos y cuáles son las lecciones de la experiencia clínica. La saturación de datos dispersos puede ocultar, sin darnos cuenta, el hecho de que estamos perdiendo los sistemas de conocimientos que nos permiten darles sentido.

…y viceversa

Pero la protección sin preservación tampoco funciona. Enfocarse exclusivamente en los derechos legales de los custodios y en los compromisos de los usuarios del conocimiento a nivel global no bastará para asegurar por sí sola la continua vitalidad de los sistemas locales de conocimientos.

Para ello se requiere de un real esfuerzo global —construido alrededor del respeto por la tradición y sus fundamentos culturales e intelectuales— para fortalecer a las comunidades como el punto de apoyo de los sistemas de conocimientos tradicionales.

La buena noticia es que ello ya está comenzado a ocurrir. Muchas iniciativas de base vienen desarrollando soluciones prácticas y legales al reto de preservar el conocimiento tradicional, y están siendo cada vez más reconocidas en el debate político internacional.

Estas iniciativas demuestran que las necesidades modernas y tradicionales no colisionan. Las herramientas de la era de la información pueden reforzar en lugar de erosionar el carácter local de los sistemas de conocimientos.

De hecho, las últimas tecnologías de información con frecuencia son las más adecuadas para preservar y transmitir lo más antiguo de las culturas orales, la flexibilidad de los formatos de datos permite que el contexto local, cultural e individual sea preservado junto con los datos 'duros'.

Por ejemplo, la tribu tulalip de los Estados Unidos ha desarrollado una base de datos de historias culturales que preserva las prácticas tradicionales de narración oral y su contexto ecológico con estructuras flexibles de datos basadas en los requisitos del derecho consuetudinario que regula cómo se debe mantener y compartir el conocimiento. Este tipo de experiencia comunitaria ha guiado el trabajo de la Organización Mundial de Propiedad Intelectual hacia la búsqueda de soluciones internacionales.

Moral, cultura y ciencia

Y un instinto moral de que los creadores y custodios de la medicina tradicional merecen respeto, reconocimiento y una participación equitativa de los beneficios está ganando gradualmente una dimensión legal concreta. La Convención de Diversidad Biológica de 1992 estableció el objetivo de la participación equitativa en los beneficios derivados del uso de los recursos genéticos.

Los negociadores están trabajando actualmente en un régimen internacional para promover este objetivo para los recursos genéticos y el conocimiento tradicional asociado, reconociendo que el valor de los recursos genéticos y los conocimientos tradicionales están entrelazados.

Tal vez ya sea tiempo de relegar a la historia cultural la noción de que los sistemas de conocimientos tradicionales están en contradicción con los ideales de la ciencia moderna. No podemos pasar por alto las sólidas bases empíricas de gran parte del conocimiento tradicional y sus raíces en la experiencia práctica de sus guardianes, así como tampoco podemos descartar las fortalezas culturales e intelectuales de esas tradiciones.

Un reconocimiento fortalecido de estos sistemas de hecho nos podría encaminar hacia una nueva era de ilustración médica, en la que las diversas herencias intelectuales construyan una base común para promover la salud de todos, y no una suerte de edad oscura caracterizada por la pérdida de formas completas de trabajar con los conocimientos.

Antony Taubman es Director de la División de Propiedad Intelectual de la Organización Mundial de Comercio, y previamente dirigió el Programa de conocimiento tradicional de la Organización Mundial de Propiedad Intelectual. Este artículo es a título personal y no representa la opinión oficial de la OMC, su secretariado o sus miembros.

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