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  • Mejores estadísticas, clave contra enfermedades crónicas

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Necesitamos mejorar el seguimiento mundial de las enfermedades crónicas para poder enfrentar seriamente sus factores de riesgo y lograr prevenirlas, dice Colin Mathers.

La proporción entre enfermedades infecciosas y enfermedades no transmisibles está cambiando. La OMS pronostica que las principales enfermedades infecciosas pronto matarán a menos personas en el mundo y que, hacia 2030, el 75 por ciento de todas las muertes que se produzcan obedecerán a enfermedades crónicas no transmisibles, como las cardiopatías y ciertos tipos de cáncer.

Casi la mitad de las personas que mueren a causa de enfermedades crónicas en países de medianos y bajos ingresos tiene menos de 70 años, en comparación con apenas el 27 por ciento en los países de altos ingresos. Pero con el crecimiento de la población y de la esperanza de vida, el número de muertes por enfermedades no transmisibles aumentará notablemente en estos países. A lo largo de los próximos 25 años, las edades más avanzadas tendrán cada vez más peso en la distribución mundial de muertes.

El problema es que los pronósticos de la OMS parten de información limitada, insuficiente para desarrollar una estrategia mundial que aborde las enfermedades crónicas. Muchos países en desarrollo carecen de sistemas de vigilancia adecuados para las enfermedades crónicas y sus factores de riesgo, de manera que la información estadística que se requiere para seguir las tendencias de la enfermedad y la muerte a causa de estas enfermedades es fragmentaria. Lo que necesitamos es un seguimiento sostenido de las tendencias y sus determinantes en los países en desarrollo.

Información inadecuada

Solo alrededor de un tercio de la población mundial cuenta con sistemas nacionales de registro de la mortalidad. La cobertura supera el 95 por ciento en Europa, pero no llega al cinco por ciento en África. Si bien los estudios poblacionales brindan gran cantidad de información sobre la mortalidad infantil en África y Asia, comparativamente se sabe muy poco sobre los niveles de mortalidad adulta. Esta situación refleja en parte los esfuerzos por tratar los altísimos niveles de mortalidad infantil de los países pobres y en parte también los problemas para medir la mortalidad del adulto con precisión.

Estimaciones de la OMS indican que el riesgo de muerte por enfermedades crónicas suele ser más alto en África y Asia, y otros países de medianos ingresos, que en países de ingresos altos. Sin embargo, esa información por lo general no sirve para hacer un seguimiento de tendencias en el tiempo dada la diferencia en las metodologías utilizadas y la calidad de los datos. Tanto la OMS como la Red Métrica de Salud consideran prioritario ampliar y mejorar los sistemas nacionales de registro de la mortalidad, así como optimizar los métodos empleados para identificar las causas de muerte. En realidad, la escasa importancia que conceden muchos países en desarrollo a la prevención de las enfermedades crónicas obedece en parte a la falta de datos confiables sobre tasas de mortalidad causada por tales enfermedades: muchos responsables de formular políticas de salud no perciben que las enfermedades crónicas ya explican casi el 75 por ciento de las muertes en países de medianos ingresos.

Los registros de enfermedades y los estudios epidemiológicos son fuentes valiosas de información, pero su uso para el seguimiento de tendencias suele estar limitado por problemas de comparación. Por ejemplo, puede ser difícil evaluar si el aumento de muertes por accidentes cerebrovasculares refleja auténticos cambios sucedidos con el correr del tiempo o meras diferencias en el diseño de los estudios y los tipos de casos incluidos en las muestras. La Agencia Internacional de Investigaciones sobre Cáncer ha calculado la incidencia mundial y regional de casi todos los tipos de cáncer, pero las últimas estimaciones disponibles corresponden a 2002. Casi no existe información sobre tendencias relativas a las tasas de incidencia y supervivencia. De hecho, las cardiopatías coronarias son la causa de mortalidad más frecuente en el mundo, y sin embargo existen muy pocos estudios poblacionales recientes sobre su incidencia y prevalencia en los países de medianos y bajos ingresos.

Riesgos conocidos

En el caso de los factores de riesgo de las enfermedades crónicas, sí se dispone de información pormenorizada. La Infobase Mundial de la OMS ha recogido datos de estudios poblacionales respecto de ocho factores de riesgo importantes relacionados con las enfermedades crónicas. Asimismo, la OMS ha elaborado estimaciones y proyecciones comparables por países sobre varios de estos factores. Por ejemplo, se dispone de información procedente de un estudio reciente sobre el consumo de tabaco en adultos en más de 130 países, así como datos actualizados sobre la cantidad de adultos obesos y con sobrepeso en unos 150 países.

A partir de estos y otros datos, la OMS estima que más del 70 por ciento de las muertes por enfermedad cardiovascular y alrededor del 50 por ciento del total de muertes por enfermedades crónicas se pueden atribuir a un puñado de factores de riesgo. Cuatro de los más importantes son una dieta poco saludable, la falta de actividad física, el consumo de tabaco y la hipertensión arterial. Estos factores están empeorando en todo el mundo en la medida en que las personas consumen cada vez más alimentos ricos en grasas, sal y azúcares, mientras el empleo y las condiciones de vida las empujan al sedentarismo. La cantidad de personas obesas o con sobrepeso aumentará de los mil millones actuales a 1.500 millones en 2015 si la tendencia se mantiene. Por su parte, el consumo de tabaco también aumenta en los países de medianos y bajos ingresos.

En las últimas décadas, los países de ingresos altos redujeron la mortalidad por enfermedades crónicas, pese a que los niveles de sobrepeso y obesidad y la inactividad física han empeorado. Es probable que la explicación resida en la disminución del consumo de tabaco, así como en el hecho de que la hipertensión y la hipercolesterolemia están más controladas. Además, también ha mejorado el propio tratamiento de las enfermedades. Ahora bien, si el desarrollo económico de los países de medianos y bajos ingresos no se traduce en mejoras similares, la carga de enfermedades no transmisibles podría aumentar aún más rápido de lo que prevé la OMS.

Más vale prevenir que curar

Los resultados preliminares de las investigaciones sobre prevención de enfermedades crónicas son alentadores. Científicos que publicaron trabajos sobre el tema en The Lancet en diciembre de 2007 llegaron a la conclusión de que los esfuerzos generalizados por reducir el consumo de sal y de tabaco y garantizar la administración de la medicación adecuada a las personas con riesgo cardíaco podían prevenir millones de muertes al año en los países en desarrollo. Una reducción del 15 por ciento en la ingesta de sal, junto con el control del consumo de tabaco, por ejemplo a través del incremento en los impuestos, la creación de ambientes de trabajo libres de humo y el aumento de la conciencia pública, evitarían cerca de 14 millones de muertes en diez años en los países de medianos y bajos ingresos con un costo menor a 40 centavos de dólar por individuo. Identificar y tratar a las personas con alto riesgo cardíaco en los mismos países podría prevenir casi 18 millones de muertes en una década, a través de una dosis diaria de aspirina, dos antihipertensivos comunes y un fármaco reductor del colesterol.

Existen estrategias mundiales, como el Convenio Marco para el Control del Tabaco y la Estrategia Mundial sobre Alimentación Saludable, Actividad Física y Salud, ambas de la OMS, orientadas a ayudar a los países en desarrollo a abordar los factores de riesgo clave. Estas estrategias mundiales son un posible marco para el desarrollo y la aplicación de estrategias nacionales de prevención y control de enfermedades crónicas.

A medida que crece la importancia de las enfermedades crónicas en los países en desarrollo, aumenta la responsabilidad de medir las causas de mortalidad y las tendencias de estas enfermedades, y determinar los esfuerzos necesarios para combatirlas. El mundo en desarrollo necesita fortalecer las capacidades nacionales de recopilación de datos primarios de alta calidad. Los países necesitan invertir en plataformas informáticas, tanto en aplicaciones como en soporte físico, y también en recursos humanos y sistemas institucionales. Iniciativas como la Red Métrica de Salud brindan una oportunidad para que las naciones en desarrollo mejoren los sistemas de información a partir del trabajo conjunto con organismos técnicos.

Además, necesitamos fortalecer la capacidad internacional para sistematizar la información disponible sobre enfermedades crónicas y mejorar el seguimiento de las tendencias internacionales de mortalidad, incidencia y factores de riesgo. El nuevo estudio de Carga Mundial de Enfermedad que adelanta un consorcio de instituciones, incluida la OMS, y que cuenta con la financiación de la Fundación Bill & Melinda Gates, se propone estimar las tendencias relativas a la carga de la enfermedad crónica entre 1990 y 2005 para todas las regiones del mundo. Los resultados del estudio en 21 regiones se publicarán en 2010, y serán un valioso recurso para los países en desarrollo que también deseen realizar análisis nacionales o regionales que contribuyan a fijar sus propias prioridades en materia de salud.

Colin Mathers es especialista científico del Departamento de Sistemas de Medición e Información Sanitaria de la Organización Mundial de la Salud en Ginebra (Suiza).

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