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  • Falta un enfoque más equitativo de la nanoinnovación

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Enfoques alternativos en el uso de la nanotecnología para impulsar la salud global y la equidad, dice el científico social Donald Maclurcan.

Para que la nanotecnología –la ingeniería a nivel de átomos y pequeñas moléculas— cumpla un papel adecuado en el abordaje de muchas de las metas relacionadas con la salud, incluidas en los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), es necesario hacer más énfasis en algunas de las múltiples formas equitativas en las que se puede desarrollar.

Se afirma que los beneficios de la nanotecnología relacionados directamente con la salud son: suministro de agua más limpia, diagnósticos más rápidos y precisos de enfermedades y creación de sistemas más eficientes de entrega de medicamentos (relacionados con los ODM 1: Erradicación de la extrema pobreza y el hambre; 4: Reducción de la mortalidad infantil; 5: Mejora de la salud materna; y 6: Combate al VIH/SIDA, malaria y otras enfermedades). Pero también se prevé que la nanotecnología traiga algunos beneficios indirectos, como el suministro de energía más ‘limpia’, reduciendo así las enfermedades respiratorias causadas por el uso de combustibles no tan limpios (vinculado al ODM 7: Garantizar la sostenibilidad del ambiente).

También se ha sugerido que se derivarán beneficios a la salud por la capacidad que tiene la nanoinnovación de estimular el crecimiento económico en el hemisferio sur, a través de distintos niveles de compromiso con la investigación y el desarrollo (I+D). Países tan lejanos como Costa Rica, Nigeria y Tailandia, ya están comprometidos con la nanoinnovación: el gobierno de Tailandia tiene asignados 300 millones de baht (alrededor de US$10 millones) para la I+D de la nanotecnología en 2010. El país ya ha generado productos nanotecnológicos para la exportación en áreas que incluyen el envasado de alimentos, la purificación del agua y la medicina a base de hierbas.

Biotecnología revisada

Sin embargo, muchas de las optimistas afirmaciones que acompañan el surgimiento de la nanotecnología remiten de manera inquietante a aquellas que se hicieron sobre la biotecnología y sus intenciones de abordar las inequidades globales. Esto representa desafíos considerables.

El primero, presentar la nanotecnología ofreciendo ‘soluciones’ exitosas para los ODM reduce la compleja naturaleza socio-política que conllevan los desafíos de salud. Sus retos demandan más que ‘arreglos’ tecnológicos, también se requiere conciencia de los sesgos de género, geográficos, culturales, sociales, filosóficos y religiosos que se crean alrededor de las tecnologías durante las distintas fases de la I+D.

Un segundo desafío es que el aprovechamiento de las nanotecnologías para los ODM se presenta, en gran parte, como un proceso de transferencia de nanotecnologías desde escenarios ricos y desarrollados hacia los pobres y de escaso desarrollo. Los debates internacionales dicen poco sobre el potencial para el desarrollo local de los pueblos al ‘apropiarse’ de las nanotecnologías. Ello, a pesar del reciente reconocimiento de que muchas medicinas tradicionales chinas contienen nanopartículas de metal, al igual que ciertos bhasmas, medicinas ayurvédicas tradicionales, resultado de la combinación de metales con extractos de hierbas, que han sido usadas por milenos en la India.

De esta manera, los enfoques dominantes que conectan a la nanotecnología con los ODM perpetúan el déficit de reflexión sobre la salud internacional, la tecnología y las políticas de desarrollo. El enorme conocimiento ya existente en todo el Sur es negado inconscientemente, así como la sabiduría ecológica inherente a los estilos de vida de subsistencia.

Por último, se da poca importancia a lo que las poblaciones del Sur podrían perder debido a la liberalización del comercio (ODM 8A: Fomentar una asociación mundial para el desarrollo) que acompaña los desarrollos en nanotecnología. Si los nanotubos de carbón reemplazan al cableado de cobre, por ejemplo, ¿qué impactos podría conllevar en detrimento de las economías de Chile, Indonesia, Sudáfrica y Zimbabwe, si esos países tienen pocos recursos para proteger sus mercados importantes de tales materias primas?

De igual manera, el sistema internacional de patentes presenta inmensas barreras para el acceso a nanoinnovaciones relevantes. El mundo ya ha experimentado una ‘expropiación’ de las patentes en nanotecnología que supera con creces lo que se vio en un periodo histórico equivalente con las patentes de biotecnología. Estos temas son tanto más críticos debido a que el valor de los nanoproductos permitidos fue de US$166 mil millones en 2008 y se prevé que crecerán hasta los US$2.6 billones para 2014.

¿Un futuro equitativo?

Sin embargo, ya existen vías más equitativas para el desarrollo de las nanotecnologías. Por ejemplo, el proceso de evaluación de tecnologías constructivas –en las que el desarrollo tecnológico está influido simultáneamente por los usuarios, creadores, inversores, compradores y tomadores de decisión de la tecnología—ya está siendo usado en Holanda para desarrollar un tratamiento oncológico basado en la nanotecnología. Del mismo modo, los ‘Nanodiálogos’ celebrados en 2006 en Zimbabwe, trataron de inspirar enfoques de abajo hacia arriba para la nanoinnovación, comprometiendo al mismo tiempo a los grupos de la comunidad y a los científicos del Sur y del Norte con el fin de evaluar la idoneidad de las nanotecnologías para las necesidades de la comunidad.

Para anular la inequidad creada por el sistema de patentes, los movimientos de acceso libre ofrecen nuevas vías para la creación distribuida de nanotecnologías relacionadas con la salud. El nanoHUB, por ejemplo, es un portal en línea con más de 100.000 usuarios anuales de más de 150 países, que ofrece información y herramientas, la mayoría gratuitas, que se pueden usar en I+D de nanotecnologías. Asimismo, sitios de Internet como Open Source Nano proporcionan instrucciones del tipo ‘Hágalo Ud. Mismo’ para crear dispositivos simples basados en nanotecnología a ser usados en el tratamiento de problemas acuciantes como la remoción de arsénico del agua.

Un enfoque más crítico a la nanoinnovación, que conscientemente considere el concepto de sesgo incorporado y la posibilidad de caminos alternativos para su desarrollo, podría ofrecer una guía para nuevos enfoques de la ciencia y tecnología, e impulsar el papel de la innovación para alcanzar muchos de los ODM. En última instancia, tales cambios podrían promover movimientos más amplios para la equidad sanitaria global, ya que la posibilidad de innovación desvinculada del crecimiento económico nacional aún sigue siendo significativa para la vida de las personas, la ‘innovación sin crecimiento’. Este enfoque parece ser la única alternativa realista para los seres humanos que viven en un mundo con límites biofísicos y de productividad.

Donald Maclurcan es investigador honorario del Instituto de Tecnologías a Nanoescalas de la Universidad de Tecnología de Sydney, y es miembro fundador de Post Growth Institute.

Este artículo forma parte de un especial sobre Nanotecnología para la salud.

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