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  • Agua y mundo nano: ¿nuevas tecnologías, nuevas reglas?

Nuevas nanotecnologías para depurar agua deben regularse según las leyes vigentes, afirman Malini Balakrishnan y Nidhi Srivastava.

En todo el mundo, las fuentes de abastecimiento cada vez más limitadas y el deterioro de la calidad del agua impulsan el surgimiento de innovaciones en tecnologías para el tratamiento de este recurso. La nanotecnología es una herramienta clave, porque tiene la capacidad de mejorar las aplicaciones, desde grandes sistemas de desalinización del agua de mar hasta filtros domésticos, pasando por unidades para la eliminación de arsénico a nivel comunitario.

Dadas las propiedades especiales y las posibles aplicaciones de las nanopartículas en los campos de la energía, la salud y la agricultura, los defensores de la nanotecnología a veces la perciben como una solución mágica para un abanico de problemas de desarrollo. Otros, en cambio, sostienen que puede ser el asbesto del futuro, por sus consecuencias desconocidas para la salud y el medio ambiente, y que debe ser sometida a una estricta reglamentación. Este tipo de inquietudes son particularmente relevantes para los países en desarrollo, que cuentan con amplios mercados potenciales para el tratamiento nanotecnológico del agua, pero carecen de la capacidad para afrontar sus posibles efectos adversos. La solución más evidente parecería ser la introducción de nuevas normas, pero es mejor pensar antes de actuar.

Una nueva serie de problemas

Los posibles riesgos para la salud derivados de la ingesta o exposición a nanopartículas es la principal razón que impulsa a exigir nuevas normas.

A su vez, también está la preocupación sobre cómo podrían afectar al medio ambiente los filtros usados u otros medios que contengan nanomateriales. Si se extiende el uso de la nanotecnología, la disposición final de nanomateriales será difícil de controlar, en especial si se trata de aplicaciones domésticas o comunitarias. La situación sería similar a la de los teléfonos móviles: a menos que el proveedor se haga cargo de recolectar y administrar los productos usados —por ejemplo, cuando se realice el mantenimiento de los sistemas de tratamiento del agua—, lo más probable es que el material vaya a parar a contenedores y vertederos locales.

Los países en desarrollo desprevenidos podrían enfrentarse de un día para otro con una nueva serie de problemas de contaminación. En las aplicaciones para depurar el agua, el nanomaterial suele ir unido o incrustado en filtros u otros materiales que no lo dejan escapar. Pero esto no siempre es así: por ejemplo, se ha visto que las nanopartículas de plata empleadas como neutralizadores de olores en las telas se filtran al introducirlas en agua. Si los nanomateriales se las ingenian para meterse en los depósitos de agua, podrían ser nocivos para la población, la dinámica alimentaria y la vida acuática. Estudios realizados en Estados Unidos han demostrado que las nanopartículas presentes en los lodos residuales con que luego se abonan los suelos pueden perjudicar el crecimiento de las plantas.

¿Nuevas tecnologías, nuevas reglas?

Introducir una serie de normas nuevas y específicas para regular el uso de nanotecnologías en la depuración del agua podría parecer la panacea para controlar estos riesgos, pero en este momento sería poco viable, por dos razones.

En primer lugar, todavía no conocemos todos los riesgos derivados del uso de la nanotecnología para la depuración del agua, de manera que regularlos es difícil y cualquier norma rígida podría quedar obsoleta en cuanto aparecieran otros nuevos. La regulación de la nanotecnología en sentido amplio aún está en pañales, y por lo general nace en respuesta a los desarrollos tecnológicos en rápida evolución. Mientras se trabaja para identificar y definir los riesgos, la prioridad debería ser asegurar que las normas actuales son lo bastante flexibles como para abordar las nuevas amenazas a medida que se van conociendo.

En todo caso, el régimen regulatorio del tratamiento de aguas debe ser tan flexible que permita dar respuesta a todas las inquietudes, sea cual fuere la tecnología o las materias primas empleadas. Supongamos que definimos una serie de normas regulatorias del uso de la nanotecnología para la depuración del agua. Si el día de mañana surge una tecnología diferente para el tratamiento del agua, con nuevas propiedades, necesitaríamos crear otra serie de normas distintas. Esta falta de visión de largo plazo limitaría la capacidad legal para responder a nuevos riesgos que pudieran surgir, y además crearía solapamientos administrativos.

Introducir nuevas normas regulatorias del uso de la nanotecnología para el tratamiento del agua tampoco es aconsejable por una razón de orden más práctico: el tratamiento de aguas en su conjunto abarca toda una variedad de aspectos, como sistemas de tratamiento, redes de abastecimiento y eliminación de desechos, la mayoría de ellos controlados por múltiples organismos de gobierno y normas regulatorias. Por ejemplo, en la India, la gestión de los residuos se rige por normas sobre materiales peligrosos, normas municipales sobre residuos sólidos y la Ley sobre Contaminación del Agua. Sumar nuevas reglas a este listado, por ejemplo con el fin de controlar la eliminación de filtros que contienen nanomateriales, no haría más que crear confusión. Más aún, la microsegregación de residuos sería difícil de implementar a causa de la superposición de normas.

Normas con capacidad de respuesta

Para que las reglas sean capaces de dar respuesta a nuevos retos no es necesario sancionar nuevas leyes. En su lugar, el principio de precaución (la cautela antes de actuar), ya empleado en la reglamentación medioambiental, se puede extender a las aplicaciones nanotecnológicas. Toda la parafernalia regulatoria de la seguridad e higiene ambiental y ocupacional se puede modificar para reconocer las características distintivas de los nanomateriales.

Por ejemplo, los requisitos de etiquetado para indicar la cantidad y el tipo de nanomateriales utilizados en cualquier producto, y la identificación de residuos que contienen nanomateriales como potencialmente peligrosos ayudarían a que la gente tome las medidas de precaución necesarias al manipularlos y deshacerse de ellos. De la misma manera, los límites permitidos de diferentes sustancias en el agua potable se pueden actualizar para reflejar las inquietudes que existen en torno a la nanotecnología.

Procurar que los generadores de políticas y normas desarrollen la voluntad y la capacidad de abordar los desafíos de la nanotecnología es más importante que crear nuevas reglas. Se necesita impulsar la coordinación interministerial y departamental, el intercambio de información y el fomento de la capacidad. Al fin y al cabo, la utilidad de la reglamentación depende de la honestidad y el éxito con que se aplique.

Malini Balakrishnan es ingeniera bioquímica y Nidhi Srivastava es abogada. Ambas trabajan en el Instituto de Energía y Recursos (TERI, por sus siglas en inglés) de Nueva Delhi, India. Las opiniones aquí expresadas son a título personal.

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