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  • ¿Por qué fracasó el Foro de Investigación en Salud?

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Los países pobres que luchan por mejorar sus sistemas de salud no merecían el abrupto final del Foro Global sobre Investigaciones en Salud, dice Beverly Peterson Stearns.

Hace apenas un año, cerca de mil personas de 80 países se reunieron con entusiasmo en el Palacio de Convenciones de La Habana, Cuba, bajo la consigna “Innovando para la salud de todos”. Más de la mitad procedían de países de ingresos bajos y medios.

Asistían a la reunión anual de la organización sin fines de lucro Foro Global sobre Investigaciones en Salud (GFHR, por su sigla en inglés), ansiosos por escuchar sobre modos creativos y efectivos para realizar investigación, y el urgente objetivo de mejorar la salud en sus países.

Ahora, menos de un año después de asumir en el cargo, el director ejecutivo del foro, Anthony Mbewu, renunció, y la propia organización está ‘en coma’. El pronóstico es malo. Muy pocos permanecen en su oficina de Ginebra. Muchos empleados han renunciado, han sido despedidos o se han retirado de manera anticipada.

Tiempo de explicaciones

¿Por qué esta organización internacional, creada en 1998, zozobró tan espectacular y rápidamente cuando la necesidad de investigación en salud sigue siendo tan importante? Más aún, ¿cuáles son ahora las perspectivas para la gente común en los países en desarrollo? Ellos depositaron sus esperanzas en líderes locales en salud e investigación quienes, a su vez, buscaron asesoramiento de expertos en los foros anuales.

El periódico sudafricano Sunday Times, que informó sobre la renuncia de Mbewu el 31 de octubre, dijo que su nombramiento como jefe del foro había generado críticas de los activistas del VIH/SIDA. Ellos habían acusado a Mbewu, entonces presidente del Consejo de Investigación Médica de Sudáfrica, de apoyar la negativa del gobierno de Mbeki al VIH y el SIDA.

Pero en La Habana, la controversia fue en gran parte desconocida. Mbewu respondió a la pregunta de un periodista sobre las críticas diciendo: “Soy un investigador, no un activista”. En ese momento, esa también pareció una respuesta suficiente para sus colegas investigadores de la salud. Se mostraron satisfechos de que el nombramiento de Mbewu hecho por el foro —una organización respetada, originalmente creada bajo los auspicios de la OMS— significaba que su historial había sido investigado.

Un año después, muchos de los líderes e investigadores de la salud que se reunieron en La Habana se encuentran en Montreux, Suiza, en el Primer Simposio Mundial sobre Investigación de Sistemas de Salud (del 16 al 19 de noviembre) ¿Alguno de ellos investigó el colapso de la GFHR, o cortésmente no lo van a mencionar?

El Consejo de la Fundación, la instancia de política y toma de decisiones del foro, debería asumir la responsabilidad de explicar lo que le ha sucedido a esta pequeña pero alguna vez vibrante organización, en la cual muchos de los países en desarrollo buscaban orientación. Pero la responsabilidad no es de ellos solamente. Toda la comunidad de investigación en salud tiene el deber de no hacer la vista gorda ante el fracaso del foro.

¿Una traición a la confianza?

Estaba en La Habana como periodista independiente redactando un informe sobre esa reunión, similar a otros que escribí para el Foro sobre reuniones anteriores en Ciudad de México (2004), Mumbai (2005), El Cairo, (2006), Beijing (2007) y Bamako (2008). La gran fortaleza de estas reuniones anuales era hacer que los reconocidos investigadores de salud, expertos en salud pública, economistas e innovadores fueran accesibles a las personas que más necesitan su ayuda.

Las reuniones se realizaban cada año en un lugar diferente. Eso permitió que pudieran asistir trabajadores de campo, estudiantes, médicos y académicos locales de algunos de los países más pobres del mundo. Había unas pocas grandes sesiones plenarias y muchas sesiones de pequeños grupos que alentaban la interacción. Incluso las personas sin computadoras podrían ser parte de esta red.

Jóvenes admirables de países pobres se sentaron en grupos de discusión junto a ricos empresarios, académicos respetados y responsables de la toma de decisiones de gobiernos, todos hablando de los problemas que tienen en común. Escuché con creciente optimismo que el progreso en la salud mundial podría llegar a través de la colaboración alcanzada sin importar las brechas de la pobreza, las fronteras y la política.

Los programas oficiales de las reuniones destacaron los Objetivos de Desarrollo del Milenio, la lucha contra la enfermedad y la pobreza, el acceso equitativo, los sistemas de salud y de creación de capacidades, y la innovación.

Pero las conversaciones fueron mucho más lejos y se tornaron más profundas, abarcando temas que algunos países hubieran preferido evitar: una epidemia de obesidad en México, la pobreza aplastante en la India, la mutilación genital femenina en Egipto, el VIH/SIDA en China, la falsificación de medicamentos en África, y los embargos y las medicinas naturales en Cuba. Cada reunión anual fue, en el más amplio sentido de la palabra, un foro.

Estaba asombrada por cuán rápida y silenciosamente se deterioraba la salud del GFHR. Escuché informes al tiempo que el personal disminuía. Supe que los empleados llevaban demandas por despido injusto. Gill Samuels, presidenta del consejo de la Fundación del foro integrado por 20 miembros, me confirmó en un correo electrónico que Mbewu había renunciado. Pero negó que hubiera casos legales pendientes. “Nada más que añadir en este momento”, escribió en respuesta a mi consulta.

¿Nada que agregar? Espero que pronto haya una cantidad considerable de información para agregar. Samuels, quien proviene de la industria farmacéutica, y los otros que se sientan en el consejo y provienen de fundaciones, universidades, gobiernos e instituciones, son responsables de la designación del director y de supervisar el presupuesto del foro y el plan de acción.

Sus explicaciones —o la falta de ellas— afectarán la credibilidad no sólo del foro, sino también de cualquier organización existente o futura que busque la confianza de los investigadores y de aquellos que dependen de ellos.

Beverly Peterson Stearns es periodista independiente y escritora. Vive en Estados Unidos.

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