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  • África: potencial farmacológico por descubrir

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El experto Kelly Chibale analiza si los modernos métodos para descubrir fármacos podrían añadir valor a medicina tradicional de África.

La biodiversidad de África tiene el potencial de ser un gran recurso para el desarrollo de fármacos destinados al tratamiento de enfermedades endémicas como malaria, tuberculosis y VIH/SIDA. De hecho, ya constituye la fuente de numerosos remedios tradicionales utilizados por al menos el 80 por ciento de la población del continente.

Desafortunadamente buena parte de la biodiversidad africana aún no se aprovecha para obtener beneficios sanitarios y económicos. Décadas de investigación local sobre remedios tradicionales africanos siguen sin traducirse en productos farmacéuticos modernos.

Varios motivos explican esta falta de progreso: las iniciativas de descubrimiento y desarrollo de fármacos se encuentran dispersas en el continente y los investigadores africanos, además de que no cuentan con la financiación y la infraestructura adecuadas para abordar el peso de las enfermedades, se ven afectados por una base limitada de competencias y por un acceso deficiente a las plataformas tecnológicas necesarias para la investigación en fármacos.

Como consecuencia, las características químicas de las medicinas tradicionales rara vez se estudian en el marco de las iniciativas para descubrir fármacos. Pero es hora de unir los dos mundos.

Un primer paso clave para los científicos africanos sería crear un recurso biomédico, por ejemplo una base de datos y una colección física (un repositorio químico) de productos naturales purificados y caracterizados, extraídos de diversas fuentes biológicas de todo el continente, incluidos los remedios tradicionales y sus principios farmacológicamente activos.

Mis colegas y yo ya hemos comenzado a trabajar en esta línea, estableciendo una Biblioteca Panafricana de Productos Naturales (p-ANPL, por sus siglas en inglés), un consorcio de científicos de todo el continente que apunta a crear la base de datos y la colección.

Trampolín para la acción

Un recurso biomédico de este tipo aportaría una herramienta muy necesaria para atraer la inversión en la capacidad científica requerida en las subsiguientes etapas de monitoreo, química farmacéutica y farmacología preclínica, esenciales para crear productos farmacéuticos comerciales.

Pero también supondría otros beneficios, como acelerar el desarrollo de infraestructura sostenible para el descubrimiento de fármacos a partir de medicina tradicional en África. Promovería la creación de emprendimientos de suministro y extracción, y además generaría una cultura de colaboración y cooperación entre científicos y curanderos.

Por su parte, los programas de distribución de beneficios permitirían el cultivo local de plantas medicinales cuando fuera apropiado. Y el proceso ayudaría a recuperar o conservar especies que de otro modo podrían perderse.

¿Qué hace que los fármacos funcionen?

Existen otras formas de aprovechar los desarrollos científicos y tecnológicos recientes para mejorar el proceso de descubrimiento de fármacos a partir de medicinas tradicionales, por ejemplo utilizando información de los genomas de los vectores de enfermedades y los avances de la bioquímica y la biología molecular para la identificación y validación de proteínas vitales para la supervivencia de organismos causantes de enfermedades.

Una prioridad concreta debería ser la integración de los estudios de metabolismo de fármacos y farmacocinética (DMPK, por sus siglas en inglés) en la investigación sobre medicinas tradicionales. Estos estudios evalúan cómo procesa el organismo humano los fármacos y tienen importantes implicaciones en su eficacia y toxicidad.

Quienes realizan investigación traslacional reconocen que existe una fuerte interacción entre la genética, el entorno socioeconómico en el que viven las personas y el tratamiento eficaz de enfermedades. Los científicos africanos deben reconocer del mismo modo estas asociaciones y establecer su relación con la medicina tradicional.

Las mejoras en las plataformas utilizadas para los estudios DMPK en los últimos veinte años han reducido la tasa de fracaso de fármacos potenciales en la industria farmacéutica del 40 por ciento antes de 1990 a menos del 10 por ciento en la actualidad.

El empleo de nuevas herramientas DMPK para reconsiderar la legendaria medicina tradicional y evaluar el potencial de nuevos fármacos también podría contribuir a identificar el fracaso terapéutico y la toxicidad derivadas de la interacción entre fármacos, lo que reviste especial importancia en el caso de pacientes que utilicen medicina tradicional junto con fármacos convencionales. Por ejemplo, se sabe que la planta ginseng reduce el efecto anticoagulante de la warfarina, empleada para prevenir la trombosis y la embolia.

China muestra el camino

La experiencia de otras regiones en desarrollo ya ha demostrado la capacidad de los modernos métodos de descubrimiento de fármacos para aprovechar la medicina tradicional a favor de la salud y la economía. China, por ejemplo, ha dado al mundo la artemisina, el principio activo de la planta china Artemisia annua, que ahora constituye la terapia preferida, en combinación con otros antimaláricos, para combatir esta enfermedad en todo el mundo.

Si bien A. annua se había utilizado en China durante cientos de años en remedios antimaláricos de origen vegetal, no fue sino hasta que se reveló la estructura química de la artemisina que la planta adquirió reconocimiento científico internacional y aceptación en la práctica médica moderna como fármaco que salva vidas.

El desarrollo de la artemisina estimuló además las actividades agrícolas orientadas al cultivo de A. annua en todo el mundo, con los beneficios asociados para la economía y la salud.

Integrar las modernas prácticas de descubrimiento y desarrollo de fármacos (incluyendo una base de datos biomédica y un repositorio de recursos) en la investigación de la medicina tradicional africana sentaría las bases para otros éxitos que pueden surgir desde nuestro continente.

Kelly Chibale es profesor de química orgánica de la Universidad de El Cabo (Sudáfrica) y director de la unidad de Investigación en Descubrimiento y Desarrollo de Fármacos del Consejo Sudafricano de Investigación Médica.

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