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  • Pozos sépticos, inusual reservorio para dengue

Científicos en Puerto Rico hallaron evidencias en América Latina de que los pozos sépticos en mal estado son uno de los principales reservorios para el desarrollo de vectores del dengue.

El estudio fue publicado en marzo en la revista Medical and Veterinary Entomology y realizado por investigadores del Centro de Control y Prevención de Enfermedad de Puerto Rico.

La investigación concluyó que aún cuando se desarrollen medidas preventivas para evitar la aparición de larvas del vector en recipientes tradicionales – neumáticos en desuso, botellas vacías, lonas de nylon, juguetes huecos, cubetas–, no serán suficientes para prevenir la transmisión del dengue si no se presta atención a ecosistemas acuáticos subterráneos como pozos sépticos.

Por eso, los científicos hacen hincapié en que repararlos o reemplazarlos con redes sanitarias podría reducir el dengue en Puerto Rico.

El estudio fue realizado entre noviembre de 2005 y enero de 2006, luego de un brote de dengue en 2005. La idea inicial era analizar la eficacia del control de los recipientes tradicionales que se aplican para disminuir la población adulta del mosquito.

Para el estudio seleccionaron dos poblados rurales de Puerto Rico (Playa/Playita y Coqui), y en el primero aplicaron medidas de control.

Durante el estudio hallaron que si bien la cantidad de larvas disminuía en un principio gracias al control, en pocas semanas la población de mosquitos volvía a crecer. Así detectaron que los pozos sépticos eran responsables de la presencia del vector.

Estos pozos son fosas de concreto que contienen desechos líquidos domésticos. Cuando se llenan, se extrae su contenido con la ayuda de camiones cisterna.

Si bien los pozos deberían tener una tapa que se retira sólo al momento de la extracción, en la práctica muchos tenían pérdidas, algunos carecían de tapa o no sellaban correctamente.

De 690 pozos registrados por los investigadores, 143 estaban abiertos, rotos o incorrectamente sellados, lo que permitía la circulación de mosquitos.

El estudio halló que estas fosas generaban entre ocho y nueve larvas por persona, suficientes para permitir la transmisión de la enfermedad en el área analizada y cuatro veces más que en los reservorios tradicionales.



Referencias

Medical and Veterinary Entomology Volume 22 Issue 1 Page 62-69, March 2008.

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