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  • HINARI y el sueño de las revistas de libre acceso

Debate sobre HINARI, que ofrece a países pobres libre acceso a revistas, demuestra el frágil límite entre cooperación y comercio, dice Yojana Sharma. 

Cuando en enero, la OMS notificó a las instituciones de investigación de Bangladesh que varias editoriales científicas internacionales habían retirado el libre acceso a sus revistas médicas, las repercusiones se extendieron a las comunidades académicas en los países en desarrollo. 

La HINARI —sigla en inglés con que se conoce a la InterRed-Salud Iniciativa de Acceso a la Investigación de la OMS— es un programa administrado por la OMS y editores comerciales que concede a investigadores en países pobres el libre acceso a literatura médica de alto costo. 

Pero la repentina retirada de algunas de sus editoriales más emblemáticas de Bangladesh y de varios países de bajos ingresos generó preguntas acerca de hasta qué punto la HINARI es un programa de ayuda al desarrollo y en qué medida es un proyecto comercial. 

Aunque una de las editoriales —Elsevier— ahora ha restituido el acceso, algunos países pobres están empezando a sentir que se les han dado las llaves de un castillo en el aire, construido sobre un acuerdo no vinculante que puede ser retirado con poco aviso. 

Pero varias empresas editoriales dicen en privado que para ellas el acuerdo fue siempre una combinación de responsabilidad social corporativa con una ruta comercial a nuevos mercados. Ahora, cuando los mercados del mundo rico se reducen, las editoriales están buscando con más fuerza ventas en países en desarrollo.

Dos categorías 

La HINARI fue lanzada por la OMS y seis de las editoriales más grandes del mundo en 2002. El sistema concedía a 68 países libre acceso a 1.500 revistas, y estas cifras han aumentado desde entonces: en 2010, 105 países, en dos bandas, accedían a casi 8.000 revistas. 

La Banda Uno agrupa a países de bajos ingresos con un PIB per cápita (en 2010) de US$0 a US$1.600. Se supone que estos países reciben acceso gratuito. En la Banda Dos se encuentran los países de ingresos medios-bajos, con un PIB per cápita de entre US$ 1.600 y US$ 4.700: ellos deben pagar US$ 1.000 al año para tener acceso libre completo. Estos ingresos se destinan a formación y educación en los países en desarrollo. 

Bajo este acuerdo se supone que la HINARI notifique a un país que se está acercando de la graduación Banda Uno a la Banda Dos, o a uno que esté a punto de dejar la Banda Dos. Y un país debe estar sobre el límite durante dos años antes de recibir esta notificación. Sin embargo, una editorial también puede retirar el acceso libre si surgen oportunidades comerciales en un país. 

Algunos países que califican económicamente, como China, Egipto, India e Indonesia, fueron excluidos desde el principio debido al potencial comercial existente. Otros han sido excluidos por algún tiempo, incluyendo Irán, Pakistán, Filipinas, Sudáfrica y Tailandia.

Exclusión repentina 

Tracey Pérez Koehlmoos: ¿La HINARI se está cayendo a pedazos?

Fue Tracey Pérez Koehlmoos, jefa del programa de sistemas de salud y planificación familiar del Centro Internacional de Investigación de Enfermedades Diarreicas en Bangladesh, la primera que dio la alarma cuando su institución, junto con otras 100 en Bangladesh, fue excluida del programa. 

La medida fue sorpresiva porque Bangladesh integra la Banda Uno y se le dio escaso aviso sobre la situación. 

Y en Kenia, a la bibliotecaria Nasra Gathoni, de la Universidad Aga Khan de Nairobi también se le avisó con poco tiempo que en 2011 la biblioteca perdería el acceso a textos completos de revistas de Elsevier y Springer. Otros bibliotecarios en Tanzania y Nigeria —países que, como Kenia, están en la Banda Uno— dicen que también fueron afectados. 

“Muchos países han estado recibiendo estas cartas (exclusiones) cada año”, dijo Richard Smith, un ex director ejecutivo del grupo editorial BMJ, que jugó un papel decisivo en la creación de la HINARI. 

Gathoni dice que el correo de la HINARI detalla: “Una de las condiciones de la HINARI [es que las editoriales tienen el derecho de proteger sus negocios existentes y que pueden optar por no ofrecer sus revistas a los países donde tienen ventas importantes o agentes de ventas locales. Ese es el caso en Kenia”. 

“Fue nuestra peor pesadilla hecha realidad”, dice Gathoni. “Nos ofrecieron tan buena información y de repente la retiraron”. 

“La HINARI es lo mejor que nos ha sucedido en términos de acceso a revistas relacionadas con la salud”.

Arrepentidos

La protesta llevó a un arrepentimiento y Elsevier rápidamente restauró su libre acceso. Elsevier es una importante editorial y participante en la HINARI. Una de sus publicaciones, la revista The Lancet, incluso publicó un artículo de opinión, escrito por Koehlmoos y Smith, criticando a las editoriales, y también una irritada editorial que decía: “Cualquier país designado como de ‘bajo desarrollo humano’ por la ONU justifica un compromiso claro e inequívoco de todas las editoriales de dar acceso completo y libre a la investigación a través de la HINARI”. 

Koehlmoos y Smith fueron tan lejos como para sugerir que la HINARI se estaba desmoronando. Las editoriales podrían haber “esperado, cínicamente, enganchar a instituciones de investigación y posteriormente hacerlas pasar a un modelo de pago, como ha ocurrido [en Bangladesh]”, escribieron.  

Kenia: todavía en la banda de bajos ingresos

Flickr \ krosinski

La defensora del acceso abierto Barbara Kirsop, que representa al Electronic Publishing Trust for Development, con sede en el Reino Unido, dijo: “Parece como si las editoriales estuvieran legítimamente 'preparando' a los países en desarrollo y, cuando su PIB crece, simplemente los transfirieren a contratos comerciales”. 

El episodio ha puesto de relieve la falta de transparencia en cuanto a los términos de la HINARI, que han existido más como acuerdos verbales entre la OMS y las editoriales que como acuerdos con criterios específicos, reflejando la necesidad de asegurar tratos e implementarlos, en vez de tropezar con los detalles, cuando la HINARI estaba siendo creada. 

“Sería justo decir que la comunicación entre la HINARI, las editoriales y las instituciones de países en desarrollo ha sido pobre”, escribieron Koehlmoos and Smith. 

Quizás lo más importante, sin embargo, es la naturaleza no vinculante del acuerdo. 

“Las editoriales pueden retirar en el momento que quieran, el contenido que deseen”, dijo Leslie Chan, director de Bioline International, de Canadá, una plataforma colaborativa de acceso libre para unos 20 países en desarrollo. 

El sistema de la HINARI “es arbitrario al empezar y fácil de abusar”, dijo Chan, quien participó en reuniones entre las editoriales y la HINARI. 

“Las casas editoriales no quieren poner en papel lo que han convenido, así pueden decir que no están violando ningún compromiso”.

Caso comercial 

De más está decir que las editoriales ven la situación de manera diferente. 

“No nos avergüenza decir que si podemos lograr un acuerdo comercial, aunque sea por una miseria, vamos a hacerlo”, dijo Eric Merkel-Sobotta, portavoz de Springer en Alemania. 

Añadió que la empresa se está expandiendo rápidamente en los países en desarrollo, con nuevas oficinas establecidas en Sudáfrica y Brasil: “La HINARI es un programa establecido y bien organizado. Siempre habrá países a los que no podemos llegar y las agencias de la ONU tienen un alcance casi universal. No es frecuente que lleguemos a asociarnos con agencias de la ONU en países que son pobres, junto a otras editoriales. Es una excepcional asociación público-privada”. 

Springer, que brinda acceso a más de 500 revistas a través de la HINARI, excluyó a varios países en 2006 y 2007, entre ellos Bangladesh. 

Si se hace un acuerdo comercial, dice Merkel-Sobotta, “en nueve de cada 10 casos hay alternativas disponibles”. Muchas de las universidades más grandes en los países en desarrollo participan en varios programas. Por ejemplo, la Red Internacional para la Disponibilidad de Publicaciones Científicas (INASP, en su sigla en inglés) incluye revistas que también están disponibles a través de la HINARI. En el caso de Bangladesh, la INASP sigue dando acceso a revistas de Springer, dijo. 

Pero el artículo de Koehlmoos y Smith dice que la mayoría de las instituciones de Bangladesh que usan a la HINARI no tienen, de hecho, esa alternativa. 

Universidad Aga Khan: para la bibliotecaria Nasra Gathoni es su peor “pesadilla hecha realidad”

Flickr \ Kash_if

En la sede de la OMS en Ginebra, Kimberley Parker, gerente del programa HINARI, ha tratado de reducir la posibilidad de recriminaciones dañinas, haciendo los criterios de exclusión más transparentes. 

Sin embargo, ajustar los términos puede no ser suficiente. Chan cree que el incidente de Bangladesh es un llamado de atención. Señala que “si usted está construyendo infraestructura de investigación es absurdo confiar en donaciones. Los países [en desarrollo] deberían estar construyendo su propia infraestructura, no es tan difícil como solía serlo. Deberíamos estar presionando para que haya depósitos a nivel local y nacional”.

¿Cuáles son las alternativas? 

Y las casas editoriales tienen nuevas fuentes de ingresos. El Banco Mundial y las agencias de desarrollo están gastando más en educación superior e investigación y esto a veces incluye la financiación para el acceso comercial a revistas. 

Las agencias que quieren que el dinero con el que ayudan apoye simultáneamente a sus empresas nacionales están abiertas a tales sistemas. La ayuda de la Agencia Alemana de Desarrollo ha incluido fondos para las suscripciones a editoriales alemanas como Springer, de acuerdo con Merkel-Sobotta, por lo que algunas instituciones pasaron de la HINARI a regímenes financiados con ayudas. 

Algunos países en desarrollo, como Bangladesh y Kenia, están mirando de cerca las alternativas. Esto incluye la formación de consorcios entre universidades públicas e instituciones que negocien con las editoriales para reducir costos de suscripción. 

Algunas editoriales, como Springer, también están a favor de este modelo para los grandes países, en los que ellos negocian una licencia nacional. Sin embargo, otros ven esto como una solución parcial, pues deja fuera a las organizaciones o países que no pueden conformar un consorcio suficientemente grande como para lograr un acuerdo.

Red de seguridad

“Tenemos que ver si hay alguna manera en que podamos crear una red de seguridad para los que se van”, dijo Parker. Y hay pocas alternativas a la HINARI. 

“La OMS debe seguir negociando con las editoriales para asegurarse de que sigamos accediendo a estos recursos invaluables en África”, dijo Gathoni, quien también es presidenta de la Asociación para la Información Sanitaria y Bibliotecas en África (AHILA, en inglés), que abarca a 46 países. 

“La última comunicación que tuvimos fue reconfirmar (el acceso a la HINARI) hasta 2015. Esto es una buena garantía por ahora, pero mientras tanto tenemos que empezar a mirar más allá de HINARI”. 

David Ruth, director de comunicaciones globales de Elsevier en Estados Unidos, dijo a SciDev.Net que, hace unos años, la empresa “se volvió a comprometer con el programa [HINARI] hasta el año 2015 basado en el supuesto de que en el futuro siempre habrá países que no puedan pagar el acceso, y hay una necesidad del programa a largo plazo”. 

La promesa para el año 2015 está vinculada al plazo de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Parker, de la OMS, está segura, sin embargo, de que la HINARI continuará después de esa fecha. Unas 400 nuevas revistas fueron agregadas al sistema en 2010, sobre todo de pequeñas editoriales. “La HINARI está viva y bien”, dijo, “y respondiendo a un mundo complejo y cambiante”.

Enlace al artículo de opinión completo en The Lancet (requiere registro gratuito)

Enlace a la editorial de The Lancet