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  • Información confiable sobre gripe aviar

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Conforme aumentan las perspectivas de una pandemia global de gripe, es importante que los gobiernos reconozcan que un periodismo científico responsable puede jugar un papel importante en limitar su impacto.

Sería difícil imaginar un mejor ejemplo de la necesidad de un periodismo científico responsable que la influenza aviar, o 'gripe aviar'. Funcionarios de salud de todo el mundo alertan que el virus H5N1 podría disparar una pandemia global de gripe humana que, muchos predicen ya, podría costar millones de vidas. Ya está quedando claro que comunicar con efectividad información precisa sobre la enfermedad será esencial para los esfuerzos por contenerla.

Por supuesto, los funcionarios de salud y veterinarios necesitan información sólida sobre la cual planear sus respuestas, mientras que los gobiernos necesitan una imagen precisa tanto de la naturaleza de la enfermedad como del modo en que se propaga, si es que han de tomar decisiones sensatas acerca del monto y la asignación de los recursos financieros y humanos necesarios para combatirla.

Pero es igual de importante que también el público esté bien informado. Hay varias razones prácticas para ello. Es importante, por ejemplo, saber que cocinar la comida apropiadamente parece destruir el virus, y que lavarse las manos antes de preparar los alimentos también ayuda a evitar la infección.

Existen también fuertes razones políticas para comunicar efectivamente información confiable, en particular si no se desea que los políticos se sientan presionados a sobrerreaccionar.

Las medidas de pánico rara vez constituyen buenas políticas públicas. Con frecuencia se toman cuando una amenaza se entiende mal, sea por quienes toman la decisión o por aquellos en cuyo nombre se hace. Pueden tener efectos desastrosos que van desde el uso excesivo e inapropiado de recursos escasos, hasta la falta de efectividad si se dirigen a los blancos incorrectos.

Responsabilidad política

La necesidad de información clara y sensata sobre la gripe aviar es obvia si tales reacciones han de evitarse. Está claro que los funcionarios de gobierno tienen una responsabilidad de asegurarse de que esto ocurra. Pero en una era de amplia desconfianza respecto de las instituciones públicas, esto ya no es suficiente. Es igual de importante, si es que no más, el papel de los periodistas y los medios.

La tarea se vuelve a la vez más importante y más difícil cuando las organizaciones oficiales buscan, por sus propias razones, dar un 'giro' a la información que presentan. Por ejemplo, el año pasado criticamos el comportamiento de los gobiernos en Asia que restringieron la información que divulgaban acerca de brotes de gripe aviar: a veces incluso negaban que hubiesen ocurrido brotes.

Más recientemente ha aparecido un nuevo culpable, a saber, la tentación por parte de agencias internacionales, quizás ansiosas de exprimir algunos fondos extra de donantes reticentes, a exagerar el tamaño de los problemas potenciales que podrían tener que enfrentar.

Por ejemplo, el mes pasado la Organización Mundial de la Salud emitió una apresurada corrección luego de que su más alto oficial a cargo de manejar la crisis de la gripe aviar, David Nabarro, dijo a los medios que la enfermedad podrían causar "entre cinco y 150 millones de muertes", comparando el desafío al de una combinación entre cambio climático y VIH/sida. Al día siguiente, la agencia aclaró la declaración para decir que su estimación del número de personas que podrían morir era de "entre dos millones y 7,4 millones".

No es la única ocasión reciente en que esto ha ocurrido. Meses atrás, el mismo funcionario de la OMS fue ampliamente citado cuando predijo que el número de personas que podrían morir debido a enfermedades -en particular el cólera- después del tsunami en el Océano Índico podría duplicar al número de las personas muertas por el propio tsunami.

Esta predicción resultó estar muy lejos de la realidad. De hecho, los desplazados por el tsunami pronto dejaron los campamentos temporales para refugiados en los que habían estado viviendo -y cuyas condiciones habían dado lugar a este pronóstico- y la dispersión de la enfermedad se mantuvo bien controlada.

Evaluación pública del riesgo

Ambos casos, así como muchos otros recientes y menos controvertidos ejemplos, ilustran los retos que los periodistas de ciencia y salud enfrentan al cumplir sus responsabilidades. Central en su tarea es la necesidad de comunicar información precisa no sólo acerca de la naturaleza de la propia enfermedad, sino también acerca del modo en que se está propagando.

Las comunidades individuales están legítimamente preocupadas por saber si están en riesgo, y de ser así, cuál es la naturaleza de ese riesgo, y qué pueden hacer al respecto. En tales situaciones, una alarma indebida causada por información fallida puede causar mucho daño.

La responsabilidad clave de los periodistas es -o al menos debería ser- asegurar que la información que disemina es tan precisa como puede serlo dadas las circunstancias. Esto no significa que tenga que estar científicamente demostrada. Pero sí significa que lo descrito debe ser consistente con lo que se conoce o se ha demostrado, o con lo considerado más probable por aquellos más familiarizados con el campo.

Esto no siempre significa confiar en los científicos. La experiencia del Reino Unido con la encefalopatía espongiforme bovina, BSE -comúnmente llamada el mal de las vacas locas- ofrece un relato de moralidad sobre los peligros involucrados cuando los científicos se muestran reacios a reconocer los límites de su conocimiento, en particular cuando son científicos del gobierno empleados por un departamento ansioso de proteger los intereses de los agricultores ingleses.

Sin embargo, lo que sí significa es que -a fin de cubrir efectivamente historias como la de la gripe aviar-, los periodistas de ciencia y salud deben ser capaces de sondear bajo la superficie de lo que se les está diciendo, para juzgar la solidez de la información que se les proporciona.

Necesidad crítica de un periodismo informado

Ser escéptico acerca de las declaraciones oficiales, aunque a menudo está justificado, no basta. Es igualmente necesaria la capacidad de discriminar entre declaraciones basadas en información sólida y las que no. Incluso la cifra 'oficial' de la OMS de "hasta 7,4 millones de muertes a nivel mundial" tiene el sabor de una precisión espuria, dadas las muchas incertidumbres que siguen existiendo acerca del tamaño exacto de la amenaza de la gripe aviar para humanos.

Tales cuestiones han estado recibiendo atención creciente en el mundo desarrollado en las últimas dos décadas, conforme los gobiernos se dan cuenta de que las percepciones públicas del riesgo son tan importantes como las estimaciones  "científicas" del mismo riesgo para lograr que sus políticas sean aceptadas.

Como resultado, factores que afectan a las percepciones públicas, como la confianza (o la falta de ella) en las instituciones políticas, tienen que ser tomadas en cuenta a la hora de establecer políticas efectivas.

Uno de los mensajes de la crisis de la gripe aviar es que estas cuestiones no son menos importantes en el mundo en desarrollo. De hecho, es posible defender el argumento de que una falta de infraestructura médica y científica reduce la capacidad de los gobiernos para encarar el reto de una epidemia en rápida propagación y hacer que una comunicación pública efectiva sea aun más importante.

Recuérdense las lecciones del VIH/sida en África. Los países que han sido más eficientes en combatir la enfermedad no son los que tienen la infraestructura médica más sofisticada sino aquellos que, como Uganda, han sido más abiertos en su comunicación sobre la enfermedad. En otros, como Sudáfrica, donde los líderes políticos han negado parcialmente la amenaza del VIH, las políticas oficiales se han visto distorsionadas.

No se debe permitir que la historia se repita. Para evitarlo, la transparencia tiene que ser la primera regla del juego. Los gobiernos no tienen excusas para ocultar información a sus propias poblaciones o a otros gobiernos o agencias internacionales que buscan combatir la enfermedad.

Pero un compromiso con la transparencia por sí solo es insuficiente. Es igual de importante la necesidad de asegurar que quienes están en la línea frontal de la comunicación pública -a saber, los periodistas de ciencia y salud- tengan herramientas y destrezas adecuadas para realizar su tarea, por ejemplo, para detectar cuando un compromiso con la transparencia no está siendo observado.

Conforme la amenaza de la gripe aviar se eleva en la agenda de los gobiernos alrededor del mundo, a esta necesidad se le debe asignar la prioridad que requiere.

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