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Repensar modelos de autoayuda contra abuso de alcohol
  • Repensar modelos de autoayuda contra abuso de alcohol

Crédito de la imagen: Wellcome Photo Library, Wellcome Images

De un vistazo

  • Modelos occidentales de autoayuda para alcohólicos asegura anonimato de participantes

  • Pero un grupo de autoayuda del Caribe hace reuniones al aire libre y lucen orgullos sus camisetas

  • Investigación piloto muestra la importancia de liderazgo entre no pares

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Investigación sobre problemas de alcohol en el Caribe propone a grupos de autoayuda salir del anonimato, dice Craig Katz.
 
El excesivo consumo de alcohol es un problema de salud mundial. A partir de 2004, los transtornos por su consumo —condiciones médicas en las que el alcohol causa angustia, disfunción o ambas—contribuyen con casi el cuatro por ciento a todas las muertes mundiales y con el cinco por ciento a todos los años de vida productiva perdidos por discapacidad en todo el mundo.
 
No obstante, la evidencia sobre cómo abordar estos desórdenes en los países de bajos recursos es tan escasa como grande es el problema. Tan solo 30 artículos están disponibles en la literatura científica para orientar a los investigadores que trabajan en este campo, y la mayoría de ellos son anecdóticos. [1] Por lo tanto resulta tentador adoptar aquellas intervenciones que funcionan en los países en desarrollo. Pero, sorprendentemente, los hallazgos de las investigaciones de campo en un pequeño estado insular del Caribe sugieren la necesidad de repensar los modelos bien establecidos que abordan el problema del alcoholismo.
 
Liderazgo y reuniones al aire libre
 
En cada país donde mis colegas psiquiatras y yo realizamos trabajo en salud mental —desde América Central y el Caribe hasta el sub Sahara de África y el sur de Asia y la cuenca del Pacífico— las solicitudes de ayuda para lidiar con los transtornos causados por el alcohol y las drogas se cuentan entre los más comunes que recibimos.
 
Tomemos el caso de San Vicente y las Granadinas, donde el ron se consume de manera abundante y donde, en 2008, los transtornos causados por el alcohol fueron responsables de casi cuatro muertes por cada 100.000 personas, casi el doble de la tasa de los Estados Unidos y entre las más altas del mundo. [2] En 2009, un informe de la OMS encontró que en este país insular los problemas por el uso de sustancias eran la segunda causa de atención psiquiátrica, superada solo por la esquizofrenia. [3]
 
Sin embargo, los recursos para hacer frente a los problemas de salud mental en general, y mucho menos los transtornos por abuso del alcohol, son escasos allí. En consecuencia, en el verano de 2012, mi equipo de investigación se embarcó en un esfuerzo para poner a prueba los grupos de autoayuda basados en el modelo de Alcohólicos Anónimos (AA) como un enfoque de bajo costo para este tema. [4]
 
Después de recoger los puntos de vista y sugerencias de los miembros de la comunidad, formamos grupos de autoayuda en tres comunidades de San Vicente. Sin embargo, solamente el grupo de una comunidad, la pequeña ciudad de Barrouallie en el lado oeste de la isla, llevó a cabo sus reuniones.

Podría ser que en algunas partes del mundo en desarrollo e incluso del mundo desarrollado, sea tiempo de ir más allá de Alcohólicos Anónimos”.

Craig Katz

 
Pasamos los dos años siguientes monitoreando el progreso de ese grupo de aproximadamente diez hombres y mujeres. Y aprendimos que un ingrediente esencial de su éxito fue la participación de un líder que nadie identificó como uno de los suyos, ni en proceso de recuperación de un transtorno relacionado con el alcohol, salido de AA o de otros modelos de autoayuda muy comunes en los países occidentales.
 
Quien había tomado a su cargo el grupo era una jefa de enfermería que vivía en la ciudad. La única similitud que encontramos entre los grupos experimentales que no lograron prosperar era que no tenían un líder en quien confiar.

El grupo de Barrouallie escogió reunirse al aire libre, en una acera frente a un campo de beisbol a plena luz del día y no en los sótanos de una iglesia apartada, como en tantos entornos occidentales. Este refrescante enfoque ayudó incluso a reclutar nuevos miembros: uno de los más devotos se unió al grupo después de deambular por sus alrededores.
 
‘Mercadeando’ al grupo
 
Poco después de convocar a los miembros del grupo, recibimos también una petición inesperada: camisetas para promocionar su participación y promover el grupo entre sus vecinos de San Vicente. Después de muchas idas y vueltas entre la lideresa del grupo y nuestro equipo de investigación, creamos unas camisetas que aludían a la propensión a huracanes que padece la isla y que decían: “El alcohol puede causar tanto daño como un huracán”, y en la parte de atrás se leía: “Yo no controlo el clima, pero puedo controlar mi forma de beber”.
 
Meses después, incluso logramos persuadir a un paternalista administrador de alto nivel del Ministerio de Salud para que permitiera que los miembros del grupo fueran a la televisión a hablar sobre su sobriedad.
 
Antes que se iniciara el proyecto, nos preocupaba cómo la realidad inherente de una pequeña isla, donde cada quien parece conocer al otro, podría alterar nuestra capacidad de establecer una privacidad al estilo occidental alrededor de los temas de salud mental. La realidad probó ser todo lo contrario.
 
Los participantes de Barrouallie han declarado voluntariamente que su determinación de hacer que su alcoholismo no fuera un asunto privado y transformar el papel del grupo de autoayuda ha sido fundamental para el éxito.
 
Otros grupos de autoayuda que tratamos de establecer en San Vicente y las Granadinas no han tenido el mismo grado de éxito. Pero observamos en ellos las mismas semillas de comportamiento: liderazgo de no pares, ninguna necesidad de mantener el anonimato, y sed de reconocimiento por parte de la comunidad a sus esfuerzos.
 
Todavía no sabemos si las lecciones que hemos aprendido acá se puedan llevar a la práctica en otras partes del mundo. Pero, hasta ahora, parece que si este enfoque poco convencional para la autoayuda cuenta con el liderazgo de autoridades que no pertenezcan al grupo, ayuda a los miembros a reunir el valor para dejar de beber. Dicho liderazgo puede ser particularmente eficaz si proviene de modelos de las profesiones de salud que por lo general son bien respetadas.

Y su éxito puede requerir de la declaración audaz de sobriedad a través de innovaciones, como las reuniones al aire libre y las camisetas que se lucen con orgullo para contrarrestar el estigma de la abstención, que de otro modo sería abrumador.

Podría ser que en algunas partes del mundo en desarrollo e incluso del mundo desarrollado, sea tiempo de ir más allá de Alcohólicos Anónimos .

Craig Katz es profesor clínico asociado de pisquiatría y educación médica en la Escuela de Medicina Icahn del Hospital Monte Sinaí de la ciudad de Nueva York, Estados Unidos, donde dirige el Programa de Salud Mental Mundial. Se le puede escribir a: [email protected]

La versión original de este artículo se publicó en la edición global de SciDev.Net


Referencias

[1] Jasleen Salwan and Craig L. Katz A review of substance use disorder treatment in developing world communities (Annals of Global Health, 30 April 2014)
[2] WHO Global Health Observatory Data Repository. Age-standardized death rates, alcohol and drug use disorders — data by country. (WHO, 2014)
[3] WHO-AIMS report on mental health system in Saint Vincent and the Grenadines (WHO, 2009)
[4] Antonia Chen and others Piloting self-help groups for alcohol use disorders in Saint Vincent/Grenadines (Annals of Global Health, 1 May 2014)
 
 
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