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  • Acabar con mitos y promover igualdad de género en ciencia

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Muchas chicas estudiarán ciencias naturales si se cambian las reglas sociales, sostieneEmily Ngubia Kuria; no existen barreras naturales.

Las mujeres han estado poco representadas en la ciencia desde hace siglos y no solo en el África sub sahariana.

Las tasas de participación varían en todo el continente, siendo los países del sur de África los más progresistas, pero no se ha alcanzado la igualdad, a pesar de los esfuerzos concertados para aumentar el acceso de las chicas a la educación, como en Kenia, donde la educación básica escolar es obligatoria.

Se esgrimen varias razones para este lento avance. Pero para mí una de las principales es el persistente error de concepto sobre las capacidades de las mujeres y el no tomar en cuenta que la brecha de género en la ciencia se plantea a partir de la educación secundaria.

¿Cuándo desertan las niñas?

Según la Academia de Ciencias de Sudáfrica (ASSAf por sus siglas en inglés), la brecha en la participación de hombres y mujeres en la ciencia comienza en la escuela primaria. Yo discrepo: ocurre posteriormente.

En muchos sistemas educativos de África, las matemáticas son obligatorias por lo tanto ¿cómo podemos hablar de una brecha durante la escuela primaria? La brecha surge durante la escuela secundaria y se va ensanchando en los niveles superiores de la educación.

Sin lugar a dudas, el estilo de enseñanza de las ciencias en la escuela primaria (por ejemplo, memorizar hechos) no sirve para retener la atención y curiosidad de los estudiantes y parece afectar más fuertemente a las niñas.

Pero tradicionalmente, el descenso de la participación de las niñas en toda la educación, y no solo en la ciencia, comienza en el grupo de 12 a 17 años, cuando las chicas abandonan el sistema para contraer matrimonios tempranos o realizar tareas domésticas, o porque no pueden pagar las pensiones escolares.

La percepción del papel de las mujeres en la sociedad guarda relación con la brecha de género de diferentes maneras. Las opiniones sobre temas científicos se configuran durante los primeros años de la adolescencia cuando las mujeres (y los hombres) empiezan a ajustarse a las normas sociales. El interés de un estudiante en las ciencias también depende de si perciben que pueden alcanzar éxito o no en la disciplina escogida.

Mi propia experiencia lo confirma. Cuando mis amigas se enteraron que intentaba obtener un título de física por la Universidad de Nairobi, me advirtieron que había una probabilidad más alta de que las mujeres fracasaran en los cursos de pregrado si estudiaban ciencias, tecnología, ingeniería o matemáticas.

Y el profesor que me inscribió en el curso se apresuró a decirme que yo necesitaría tener "cierto tipo de personalidad o agudeza mental" para sobrevivir en esta disciplina "masculinizada".

Mi decisión de proseguir se basó en la confianza de mi padre sobre mis capacidades. Pero lo que demuestra la experiencia es preocupante: la presunción de que los chicos tienen habilidades cognitivas superiores existe incluso en las instituciones de enseñanza superior.

No hay diferencias de diseño

Los investigadores que debaten sobre la brecha de género en la ciencia por lo general sustentan sus argumentos apoyándose en el test de rotación mental, una prueba diseñada para identificar los factores que afectan la velocidad de los procesos mentales que se cree muestran las diferencias cognitivas basadas en el género.

La prueba mide el tiempo que toma decidir si dos imágenes rotadas sobre sus ejes en diferentes ángulos son similares o no. Ello demanda una transformación mental de esos objetos para ponerlos en una perspectiva similar de comparación antes de dar una respuesta.

Los hombres lo hacen más rápido y sus respuestas son más precisas, resultados que se usan para apoyar la idea de que las diferencias biológicas en el intelecto de los niños hace que sean mejores en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas, materias para las que se considera necesario tener habilidades espaciales.

Lo que ha escapado a la atención de estos autores es que las diferencias de género en las habilidades de rotación mental están limitadas a diseños particulares del experimento (papel y lápiz en la versión de tareas), y además solo para estímulos específicos (los polígonos, pero no los cubos, reproducen de manera fidedigna las diferencias de género).

Y no hay evidencia de una correlación entre la adquisición de habilidades espaciales y un interés por las matemáticas o la ciencia. Más bien, parece que diferentes regiones del cerebro se activan cuando hombres o mujeres realizan ciertas tareas cognitivas incluso cuando las medidas conductuales indican igualdad de competencias.

Esas diferencias en los patrones de activación sugieren que las mujeres y los hombres usan estrategias diferentes para completar tareas similares, por lo que capacitar a las niñas en habilidades espaciales no aumentará su interés en las matemáticas ni reducirá la brecha de género en la ciencia.

Políticas para el progreso

Una forma de reducir la brecha de género es mediante las tutorías a las niñas, para que vean a la ciencia como una carrera que les puede proporcionar éxito, y motivar a las estudiantes a postular y proseguir con las ciencias naturales en la educación superior.

Las científicas deberían asumir la responsabilidad de tomar bajo su tutoría a chicas interesadas en la ciencia. Instituciones como la Organización de Mujeres en la Ciencia para el Mundo en Desarrollo podrían movilizar a sus afiliadas para este fin.

Pero la tutoría no es suficiente. Necesitamos políticas dirigidas a las primeras etapas de la educación de las niñas. Los diseñadores de políticas deben entrelazar experiencias cotidianas en los contenidos de las asignaturas científicas de las escuelas primarias y cuando aumente la fascinación de los alumnos por la ciencia, asegurarse de que las chicas sigan participando, involucrándolas en actividades como las ferias de ciencia y concursos en las escuelas secundarias.

A nivel de la universidad, los incentivos para la capacitación en investigación así como las becas para las alumnas que estén considerando seguir una carrera en ciencias, tecnología, ingeniería o matemáticas, podría marcar la diferencia.

La investigación y la capacitación no van de la mano en el África y una vinculación más cercana entre ambas alentará a las mujeres a comprometerse en temas orientados a beneficiar a la sociedad, que por lo general ellas prefieren, como la ingeniería biomédica o ambiental.

El cambio institucional puede anular las normas sociales, y las políticas deben cubrir no solamente la educación sino también las reformas económicas y políticas que empoderen a las mujeres en todos los ámbitos de sus vidas.

Con un cambio estructural, educación y actitudes sociales progresistas, quedará claro que la pregunta a formular no es si las chicas están excluidas de la ciencia, sino qué clase de sistemas educativos debemos tener para fomentar su participación.

Emily Ngubia Kuria es candidata a un doctorado en el Instituto para la Historia de la Medicina, del Hospital Universitario Caridad de Berlín y miembro asociado de la Escuela de Graduados de Estudios de Género de la Universidad Humboldt de Berlín. Su investigación está respaldada por la beca Docentes del Futuro otorgada por la Fundación Schlumberger.

Este artículo es parte del Informe especial Superar las barreras de género en la ciencia.

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