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  • Universidad de Makerere reconstruye su reputación

Al fomentar cultura de la investigación, Universidad de Makerere en Uganda encuentra su camino e inspira a otras, dice Peter Wamboga-Mugirya.

Patrick Okori, científico agrícola de la Universidad de Makerere en Uganda, está rompiendo un hábito que lleva 40 años en su departamento. Ha dado empleo a un profesor posdoctoral.

“Hoy”, sonríe triunfante el científico detrás de sus espejuelos, “he podido dar empleo al primer profesor posdoctoral en el departamento. Y también he capacitado a 17 posgraduados, 14 científicos con maestrías y tres PhD en los últimos cuatro años y medio”.

En toda la Universidad, otros científicos cuentan historias similares, debido a que la más alta sede de educación de Uganda gradualmente está recuperando su reputación de hace 40 años.

Makerere fue fundada en 1922, bajo la administración británica, como la Escuela Técnica de Makerere. Después de la independencia, en los años sesenta, desarrolló una reputación internacional, forjando muchos líderes del África oriental. Se convirtió en universidad independiente en 1970.

Pero después de 15 años de agitación política, a partir de 1971, Makerere estuvo casi al borde de la quiebra. Fue perdiendo a sus mal remunerados profesores. Aquellos que permanecieron, complementaban sus ingresos mediante otros trabajos, dejando escaso tiempo para la tutoría de sus estudiantes. La investigación quedó en último lugar de la agenda, así como su intervención en el escenario académico internacional.

Como resultado, la actitud general era ‘una falta de reconocimiento sobre la pertinencia de la investigación, falta de experiencia y habilidades para realizar investigación y un énfasis en el beneficio económico como el motivo fundamental para hacer investigación”, de acuerdo con el análisis de Makerere encargado por el Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo, CIID.

Volver del abismo

Pero Makerere está volviendo por sus fueros. El cambio se inició a comienzos de la década de los años noventa. Makerere concibió una serie de planes estratégicos para toda la universidad. En 1992 se convirtió en semi-privada, un cambio crucial que le generó muchos de los ingresos que tanto necesitaba de los estudiantes (aunque la ciencia se benefició menos que las otras asignaturas).

Pero son los cambios de los últimos diez años los que están atrayendo el interés internacional. Como resultado, la universidad ha comenzado a producir un buen número de estudiantes de doctorado, y ha creado una vibrante cultura de investigación.

La Facultad de Computación y Tecnología de la Información brinda acceso a Internet a todos

Flickr/ibeatty

Los edificios de Makerere son un reflejo de su accidentada historia. El edificio principal, con su arquitectura colonial británica de los años veinte y su reloj de esporádico repiqueteo, domina el campus pero el edificio más nuevo y más alto es sede de la Facultad de Computación y Tecnología de la Información.

Los donantes que han ayudado a la transición de Makerere incluyen a Norad, la Fundación Pfeizer y la Corporación Carnegie. Pero la protagonista principal actual es la Agencia Sueca para el Desarrollo Internacional (más conocida por sus siglas en inglés, SIDA), con su programa Bilateral Colaborativo de Apoyo a la Investigación por un valor de 238 millones de coronas suecas (US$27 millones). En 1999, SIDA comenzó a trabajar con Makerere para ayudarla a llegar a una posición desde donde pudiera encontrar soluciones propias a los problemas de Uganda.

Inicialmente, la agencia trabajó con investigadores y docentes. Pero entonces surgió una idea más grande: que los cambios que estaban ayudando a producir perdurarían solamente si el contexto de fondo –la gestión, el dinero, las adquisiciones, la infraestructura— también se transformaban.

Apoyo a todo nivel

SIDA decidió comprometer a todos los niveles de la Universidad así como a otros sectores externos influyentes, como el gobierno. De esta forma podría regenerarse la investigación y mejorar el pensamiento analítico –y, por tanto, basar la toma de decisiones en evidencias— del conjunto de Uganda.

“El propósito del programa es apoyar un entorno propicio para la investigación y la formación en investigación”, dice George William Nasinyama, Director Adjunto encargado de la investigación de la Escuela de Estudios de Posgrado, la oficina de coordinación de la investigación de Makerere y un núcleo para su transformación.

Hannah Akuffo, oficial de SIDA, a cargo del programa de apoyo bilateral, confirma lo anterior señalando que “es importante para el investigador tener un entorno propicio para investigar, de lo contrario se le conduce a la frustración”.

El objetivo es inculcar una cultura de la investigación, generando profesores calificados que creen grupos de investigación a su alrededor.

Los reformadores seleccionaron algunos temas de investigación que fomentaban el cruce de disciplinas. Uno, por ejemplo, fue el lago Victoria y otros recursos hídricos. Su seguimiento estimuló a los docentes a compartir su información, explica Nasinyama.

Okori ciertamente siente que este primer objetivo ha sido exitoso. Después de capacitarse en el exterior, pudo haber regresado a una existencia agobiante como investigador, con pocas herramientas, poco dinero y personal inadecuadamente preparado. En cambio, tiene un nuevo laboratorio y fondos bien establecidos.

Él y sus colaboradores tienen pensado capacitar a 17 posgraduados más en los próximos cuatro años.

Ganadores internacionales

El vice-rector de Makerere, Livingstone Luboobi, anota que las unidades apoyadas por el programa ahora están en capacidad de buscar fondos por su cuenta. “Actualmente escribimos propuestas competitivas de investigación que ganan financiamientos. Hace 15 años, eso no ocurría”, subraya. Okori, por ejemplo, ya ha ganado varias becas de investigación.

Otro objetivo central –aumentar la planta de personal con PhD— también está en marcha, con 156 estudiantes de doctorado formados desde el año 2000.

Akuffo indica que esto “proporciona un enfoque ascendente para mejorar” y añade: “a veces ha sido frustrante para los candidatos a PhD, pero ha conducido a muchos cambios positivos”.

El desarrollo de las tecnologías de información y comunicación (TIC) y el apoyo a la biblioteca fue un tercer objetivo central. Akuffo cree que éste es el resultado más importante de la intervención de SIDA.
La Universidad desarrolló un plan maestro para mejorar las TIC y después solicitó financiamiento a varias fuentes.

Ahora está saliendo adelante, con más de 8,000 revistas electrónicas disponibles de libre acceso. Después de haber extendido el acceso a Internet también ha revolucionado la colaboración y supervisión. Y ha puesto a Makerere en el radar global de la investigación.

La habilidad de Makerere para coordinar y administrar los programas de investigación también se ha mejorado en el marco del programa mediante el desarrollo de su escuela de estudios de posgrado.

 

Actualmente, cerca de la mitad de los estudiantes de la Universidad de Makerere son mujeres

Flickr/ibeatty

En la actualidad, cerca de 32,000 estudiantes, jóvenes y maduros –y casi la mitad de ellos, mujeres— frecuentan el campus. Más de 2,000 –poco más del seis por ciento— son internacionales. Hay 22 unidades académicas y el presupuesto anual de la universidad asciende a cerca de US$56 millones. Cerca de 5,000 estudiantes se gradúan cada año.

Todavía hay un camino por recorrer


Pero no todo es aún perfecto y algunos éxitos han aumentado los desafíos. Un reciente reporte del CIID, que se encargó de evaluar su propio apoyo a la universidad, puso de relieve la tensión causada por el enorme número de estudiantes, que apenas llegaba a 7,000 en los años noventa.

Los problemas incluyen clases numerosas, incrementos en la carga de la enseñanza y bajos salarios, subraya el CIID, añadiendo que “al mismo tiempo (el personal) está enfrentando una presión creciente para realizar investigación y publicar”.

Mientras tanto, hay competencia por los estudiantes –cuyos ingresos son vitales—debido al número creciente de universidades privadas en Uganda. Algunos dicen que los donantes están generalmente poco dispuestos a financiar los tan necesarios nuevos edificios. En las residencias, por ejemplo, se padecen cortes de agua y ocasionalmente hay desagües atorados.

Akuffo está de acuerdo en que hay muchos desafíos por delante, y señala “la incapacidad de Makerere de encontrar una manera más eficiente de conseguir los materiales necesarios para hacer investigación” como uno de los que ponen en peligro el eje central de la ‘cultura de capacitación’.

“Esto necesita arreglarse, de lo contrario continuará frustrando a los investigadores”, afirma.

Makerere experimenta presión debido al enorme número de estudiantes, lo que incluye clases grandes

Flickr/treesftf

El éxito es contagioso

Pero a pesar de los desafíos, el futuro luce promisorio, y no solo para Makerere.

Nasinyama subraya que los éxitos de Makerere están capturando la atención de otras universidades públicas en Uganda, que solicitan apoyo de la Universidad, por ejemplo para la formación de personal. “Ahora tenemos el potencial de desarrollar centros de excelencia de primer nivel en temas de desarrollo regional como salud, agricultura, ingeniería, tecnología y ciencias sociales”, agrega.

Eli Katunguka Rwakishaya, director de la Escuela de Estudios de Posgrado, atribuye el progreso al apoyo de SIDA tanto a la Universidad como a las prioridades nacionales; un promisorio compromiso de largo plazo que involucra una considerable inversión y la “asociación profunda e interactiva” que la agencia ha fomentado entre los investigadores de Uganda y Suecia.

Y Luboobi dice que ha habido un cambio importante en el pensamiento y nuevas formas de trabajar. “Recuerdo cuando solíamos sentarnos a esperar por socios interesados o la simpatía de los donantes”, evoca.

“El programa ha inculcado una nueva cultura de trabajo entre nosotros y ya no estamos esperando que el maná caiga del cielo”, finaliza.