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  • Cambio climático y enfermedades transmitidas por insectos: la esencia

Priya Shetty explica la compleja relación entre cambio climático y enfermedades transmitidas por insectos y esboza las prioridades para los diseñadores de políticas de los países en desarrollo.

Algunos investigadores han denominado al cambio climático como la más grande amenaza sanitaria que el mundo jamás ha enfrentado. Y tienen razón: es ahora una verdad irrefutable que la salud del planeta está vinculada a la salud de sus pueblos.

A medida que el mundo se calienta, los ecosistemas luchan para hacer frente a los rápidos cambios ecológicos. El calentamiento global ya ha provocado cambios climáticos —desde inundaciones y tormentas hasta olas de calor y sequías— que están añadiendo una pesada carga sobre la salud de las personas en todo el mundo.

En las reuniones de alto nivel, los gobernantes de los países desarrollados y en desarrollo están muy ocupados luchando por sus objetivos de emisión. Mientras tanto, los pobres del mundo, que soportan la mayor carga de las enfermedades, solo pueden esperar que las tasas de los problemas de salud se disparen.

Este incremento provendrá, de una parte, de los cambios en la dinámica de la población, debido a que la gente huye de las costas inundadas o de los desiertos ardientes hacia zonas más habitables. El aumento en las enfermedades transmitidas por insectos, como mosquitos o garrapatas, podría ser un factor clave. El clima influye sobre esos 'vectores' de muchas maneras, desde el control de la duración de su ciclo de vida hasta sus condiciones de reproducción.

En líneas generales, los científicos están de acuerdo en que el cambio climático tendrá efectos sobre las enfermedades transmitidas por insectos, pero las consecuencias exactas siguen siendo inciertas. Si las condiciones más cálidas y húmedas facilitarán la multiplicación de vectores como los mosquitos y la propagación de las enfermedades, dependerá de una gama mucho más amplia de factores ecológicos y sociales que van más allá del aumento en las lluvias y la temperatura.

Necesitamos urgentemente construir conocimiento sobre cómo afectará el cambio climático a la salud, especialmente a través de los insectos que transmiten las enfermedades. Y debemos fortalecer nuestros sistemas de salud para poder hacer frente a los cambios esperados.

El calentamiento del planeta

Los científicos del clima afirman que un aumento de hasta dos grados Celsius por encima de la temperaturas globales pre industriales, puede ser manejable, con gente padeciendo catastróficos efectos medioambientales solamente en regiones específicas y vulnerables. Cualquier otro aumento mayor de las temperaturas pondría en riesgo a toda la población del planeta.

Pero atenernos a este límite parece imposible. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático predice que si las emisiones continúan subiendo sin control —ya están 38 por ciento por encima de las de 1990— el mundo podría calentarse mucho más de cuatro grados Celsius para el 2100 (Ver Figura 1) [1].

Parte del daño ya está hecho. El aumento en la emisión de gases de efecto invernadero en las últimas décadas ya ha aumentado la temperatura del planeta en 0.8 grados Celsius. La relación entre el crecimiento de las emisiones y el aumento correspondiente en la temperatura significa que podemos esperar al menos otro aumento de 0.6 grados Celsius en la temperatura global en las próximas décadas.

Figura 1: Predicciones de calentamiento global basadas en diferentes escenarios de emisión [2]

Crédito: IPCC

Pero el monto exacto de la necesaria reducción de emisiones sigue sin resolverse. La reunión de los líderes mundiales conocida como G8, realizada en julio de 2009, instó a una reducción de 50 por ciento en las emisiones para el 2050. Anteriormente, en enero, la Agenda del Consejo de Cambio Climático del Foro Económico Mundial, reunida en Davos, fue más ambiciosa. Exhortó a un recorte del 80 por ciento para 2050.

Efectos nocivos para la salud

Las preocupaciones iniciales sobre el cambio climático a comienzos de los noventa enfatizaban en los impactos medioambientales pero se ignoraba su relación con la salud. Este desequilibrio está cambiando progresivamente a medida que surge la investigación sobre los probables efectos que el cambio climático tendrá sobre la salud humana y la propagación de enfermedades.

Este año, por ejemplo, el Foro Humanitario Mundial (GHF por sus siglas en inglés) publicó un informe estimando que 315.000 personas mueren cada año debido a los efectos del cambio climático, y predicen que esta tasa se incrementará hasta un millón para el año 2030 [3]. Aunque estas estimaciones de muertes directas siguen siendo bajas en relación con la población mundial, se cree que aproximadamente 310 millones de personas habrán sufrido algún problema de salud debido al cambio climático para 2030.

Nueve de cada diez de esas personas estarán en los países en desarrollo y el número de años de vida saludable perdidos por causa de los cambios medioambientales, incluido el cambio climático, sería 500 veces mayor en África que en Europa. (Ver Figura 2).

Figura 2: Efectos estimados del cambio climático sobre la salud a través del número de Años de Vida Ajustados por Discapacidad (AVAD), la suma de años de vida potencial perdidos debido a muertes prematuras, y los años de vida productiva perdidos debido a incapacidad, asociados con el cambio climático [4].

Crédito: OMS

Los países en desarrollo ya soportan la mayor parte de la carga de las enfermedades del mundo. Sus poblaciones están más propensas a la desnutrición, falta de acceso a agua potable y a contraer enfermedades infecciosas como la malaria. También tienen que enfrentar una creciente epidemia de enfermedades crónicas como la diabetes y el cáncer.

El clima podría empeorar esos problemas en diversas formas. El cambio en los patrones de lluvias y el aumento del nivel del mar significa que algunas áreas se volverán propensas a la sequía mientras otras se verán inundadas. Ambas situaciones tienen nefastas consecuencias para el acceso al agua potable. Esto, a su vez, significa la posibilidad de propagación de enfermedades transmitidas por el agua como el cólera y la diarrea, que mata casi dos millones de niños al año.

Es de esperarse un aumento en el hambre y la desnutrición en la medida que se incrementen los fenómenos meteorológicos extremos que destruyan cultivos, cambien los patrones de infestación de plagas en los cultivos y la sal infiltre las áreas inundadas de la costa [5].

Las olas de calor pueden matar a miles. En agosto de 2003, el verano europeo estuvo aproximadamente 3.5 grados Celsius por encima del promedio y se estima que 45.000 personas murieron en dos semanas.

El cambio climático también puede empeorar la contaminación del aire. Tanto la temperatura como la humedad influyen en la manera como se forman los contaminantes del aire y las partículas finas, y la evidencia sugiere que esas partículas finas contribuyen a la aparición de enfermedades respiratorias (como la neumonía, el asma y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica), especialmente en los niños [1]. La OMS estima que 800.000 mil personas mueren cada año debido a la contaminación del aire exterior.

Vectores virulentos

Un área de preocupación particular es de qué manera podrá afectar el cambio climático a la propagación de enfermedades transmitidas por insectos. Entre ellas están la fiebre del dengue, la malaria, la enfermedad de Lyme, el virus del oeste del Nilo, la fiebre del valle Rift, la chikungunya y la fiebre amarilla. Se propagan a través de la picadura de 'vectores' como mosquitos, garrapatas y pulgas.

Actualmente los investigadores concentran la mayor parte de su atención en la fiebre del dengue y la malaria, en parte debido a que esas son enfermedades prevalentes, pero también porque los brotes parecen estar asociados al clima. El incremento de las lluvias en áreas normalmente secas, por ejemplo, puede crear charcos de agua donde se crían los mosquitos.

Pero la relación entre el clima y las enfermedades transmitidas por insectos distan de ser simples (Ver Cuadro 1 para las interacciones potenciales). El mismo aumento de las lluvias en zonas húmedas podría reducir la malaria al eliminar los mosquitos inmaduros. Los cambios en la temperatura también pueden tener efectos opuestos, dependiendo del lugar donde ocurran.

Hablando en un sentido general, el mosquito de la malaria digiere la sangre más rápido y se alimenta con mayor frecuencia en climas más cálidos, acelerando la propagación de la transmisión. El parásito mientras tanto, completa su ciclo de vida más rápidamente, aumentando la reproducción. En teoría pues, el calentamiento global permitiría que esos vectores se propagaran en áreas donde anteriormente no eran capaces de sobrevivir.

Para 2080, hasta 320 millones de personas más podrían estar afectadas por la malaria debido a esas nuevas zonas de transmisión [6]. Más preocupante aún, la enfermedad también se extendería entonces a aquellas personas cuyo sistema inmunológico nunca antes había estado expuesto a la malaria, y quienes —en consecuencia— podrían ser más vulnerables.

Pero el aumento de temperaturas en regiones ya cálidas podría reducir la propagación del mosquito de la malaria al elevar las temperaturas por encima de la que los mosquitos pueden resistir. Muchos de ellos no sobreviven por encima de los 40 grados Celsius, por lo tanto las regiones donde el cambio climático empuje las temperaturas por encima de este nivel podrían ver una reducción en la malaria. Esto se ha comenzado a ver en Senegal, por ejemplo, donde la prevalencia de la malaria ha descendido en más del 60 por ciento en los pasados 30 años [7].  

Pero un incremento en la población de los vectores no se traduce automáticamente en un incremento de la enfermedad.

La dinámica de la transmisión de la malaria, por ejemplo, depende tanto de la inmunidad de la población humana como de los niveles de resistencia del parásito a los medicamentos. Otros factores ecológicos y sociales son igualmente importantes: el almacenamiento de agua y los sistemas de eliminación de excretas, las prácticas agrícolas, la deforestación, la densidad poblacional, las condiciones de vida, los programas de control y la infraestructura de salud cumplen, todos, un papel en la determinación del alcance y la propagación de la malaria.

Factor climático

Efectos potenciales sobre el vector

Efectos potenciales sobre el patógeno

Aumento de la temperatura

  • Disminución de la sobrevivencia de algunas especies de mosquitos
  • Cambio en la susceptibilidad a algunos patógenos
  • Aumento de la población en crecimiento
  • Aumento en la tasa de alimentación para combatir la deshidratación (por lo tanto,  mayor contacto del vector con los humanos)
  • Distribución estacional y especial extendida
  • Incubación más rápida en el vector
  • Ampliación de la temporada de transmisión
  • Distribución extendida

Disminución de las lluvias

  • Incremento de la reproducción de los mosquitos en los contenedores debido a un mayor almacenamiento de agua
  • Mayor número de vectores que se reproducen en los lechos de los ríos secos
  • Reducción —o eliminación— de vectores como los caracoles acuáticos, mediante la sequía
  • Sin efectos

Incremento de las lluvias

  • Más sitios de reproducción y aumento en el tamaño de la población de vectores
  • Aumento de la sobrevivencia del vector debido al incremento de la humedad
  • Más ecosistemas potenciales aguas abajo de las inundaciones para vectores como los caracoles acuáticos
  • Las lluvias fuertes pueden sincronizar con los vectores que buscan hospederos y transmisión de virus
  • Los sitios de reproducción son arrastrados por las fuertes lluvias
  • Destrucción del hábitat por las inundaciones
  • Poca evidencia de efectos directos

Aumento en el nivel del mar

  • Aumenta abundancia de mosquitos que se crían en aguas salobres
  • Sin efectos

Cuadro 1: Efectos del cambio climático sobre las enfermedades transmitidas por insectos registrados en los estudios de investigación [1].

Estas complejidades significan que mientras en principio el clima aparece vinculado a la transmisión de la malaria, los científicos no se ponen de acuerdo sobre los impactos locales específicos. Por ejemplo, en el este de África, un descenso en el control del mosquito y un aumento en la resistencia a los medicamentos parece estar confundiendo los estudios que evalúan si la incidencia de la malaria ha crecido por el clima o independientemente de él [1].

De la misma manera, los estudios que afirman que el cambio climático está extendiendo la malaria tanto a nivel latitudinal como altitudinal, pueden no estar considerando los registros históricos que muestran que la malaria había existido previamente en esos lugares antes de que las temperaturas globales comenzaran a incrementarse (Ver: Los mitos de la malaria con relación al cambio climático).

Las complejidades de la transmisión del dengue también conducen a los estudios a informar sobre asociaciones conflictivas entre las variaciones climáticas y las tasas de infección. El vínculo más claro proviene de pequeños países como Honduras y Nicaragua, donde el número y propagación de las poblaciones del mosquito transmisor del dengue han estado bien correlacionadas con el clima [8]. Los vínculos en países más grandes como Brasil y China no han sido significativos, aunque ello puede deberse a que los datos del clima fueron de todo el país y no de una localidad específica.

No obstante, algunos científicos estiman que para 2080, seis mil millones de personas estarán en riesgo de contraer el dengue, en comparación con 3.5 si el clima no cambia. Si la población mundial crece a unos diez u once mil millones para entonces, como sugieren algunos estimados, más de la mitad del planeta podría estar en riesgo.

La propagación de otras enfermedades transmitidas por vectores también podría incrementarse. La bacteria del cólera Vibrio cholerae puede vivir en algunas especies de plancton. Unas temperaturas de mar más cálidas equivalen a mayor prosperidad en los grupos de plancton, lo que podría significar el florecimiento de la bacteria del cólera, propagándose a poblaciones de costas cálidas en países como Bangladesh.

La esquistosomiasis, una enfermedad parasitaria transmitida por los caracoles marinos, también parece ser afectada por el clima. En la China, el umbral de la latitud a partir del cual las temperaturas son demasiado frías para el caracol ha hecho que se mude hacia el norte, poniendo aproximadamente a 21 millones más de personas en riesgo de esta enfermedad.

Estrategias políticas

Aunque los científicos aún no se ponen de acuerdo sobre qué tanto el cambio climático aumentará las enfermedades transmitidas por insectos, hay un consenso emergente de cómo enfrentar una potencial crisis. El desarrollo de modelos precisos y de vigilancia para predecir o detectar los brotes de las enfermedades y actuar como sistemas de alerta temprana parece ser lo fundamental.

Tales sistemas requerirán datos tanto del clima como de las enfermedades, y muchos, si ellos son lo suficientemente rigurosos como para ser confiables. (Ver: Mejor vigilancia: clave para alerta temprana de malaria).

En el pasado, la escasez de sistemas de vigilancia condujo a que los países en desarrollo carecieran de información actualizada sobre las enfermedades. Un resultado de la amenaza del SARS y del virus H5N1 de la gripe aviar, y de la actual pandemia de gripe AH1N1, es que muchos países han sido conminados a la acción. Muchos, incluidos China e India, se han comprometido a actualizar sus sistemas de monitoreo de la enfermedad.

Pero se trata de una empresa difícil. Tales sistemas requieren avanzados equipos y programas de cómputo para recopilar y analizar los datos que se ingresan. Dicha tecnología podría incluir, por ejemplo, sistemas de información geográfica que puedan vincular los datos a localidades específicas y permitir el análisis temporal y espacial de los datos de la enfermedad. Sería necesario actualizar la infraestructura de los sistemas existentes para acomodarse a estas adiciones.

No obstante, el monitoreo de la enfermedad es tan sólo un aspecto en la creación de un sistema de alerta temprana. La precisión también apoyará a los investigadores a entender cómo los factores no climáticos, como la resistencia a los medicamentos, influyen en las epidemias.

Los sistemas de alerta temprana sólo funcionarán si hay recursos para responder a los toques de alarma. El fortalecimiento de los sistemas de salud en los países pobres, una necesidad largamente reclamada, es aún más urgente de cara a estos futuros desafíos. Además, su personal médico debe estar plenamente consciente de la manera como el clima probablemente afectará a la gente que traten.

Un análisis de factibilidad de la OMS para crear sistemas de predicción exhorta a los diseñadores de políticas de salud a involucrarse desde las primeras etapas, porque incluso los mejores sistemas de alerta temprana valdrán poco si las responsabilidades operativas no están claramente delineadas y acordadas desde el comienzo [9].

A principios de este año, la revista médica The Lancet comisionó al Instituto para la Salud Mundial del University College de Londres la elaboración de un marco de respuesta política sobre el cambio climático y las enfermedades [5]. Sus recomendaciones acerca de políticas para las enfermedades transmitidas por vectores están resumidas en el Recuadro 1.

Recuadro 1: Prioridades para los diseñadores de políticas

Información

  • Monitoreo de las enfermedades infecciosas
  • Establecimiento de sistemas localizados de alerta temprana
  • Comunicación entre estados para la identificación y respuesta a epidemias

Pobreza/Equidad

  • Empoderamiento de las mujeres mediante mejor salud y educación
  • Fortalecimiento de la infraestructura de salud para asegurar el cuidado de los pobres rurales

Tecnología

  • Desarrollo de vacunas para la fiebre del dengue, leishmaniosis, malaria y esquistosomiasis
  • Implementación de métodos rápidos para el diagnóstico en campo
  • Asegurar leyes más justas de propiedad intelectual para los suministros médicos
  • Implementación de soluciones técnicas de bajo costo y tecnología, como mosquiteros y filtros para agua
  • Uso de datos satelitales y sistemas de información geográfica para alimentar los sistemas de vigilancia

Sociopolíticas

  • Desarrollo de modelos humanos de interacción socioecológica para entender cómo responde la gente al estrés medioambiental
  • Estabilización de la infraestructura social para limitar la migración fuera de las áreas de epidemia de la enfermedad
  • Reducir los niveles de consumo de artículos lujosos

Institucionales

  • Asegurar que los diferentes niveles de gobierno trabajen juntos
  • Evitar las contradicciones políticas
  • Involucrar a otros sectores además de salud y medioambiente
  • Ejercer una gobernabilidad global responsable y transparente

Y, finalmente, poner recursos valiosos en la adaptación al cambio climático sólo será útil si los países también realizan esfuerzos serios para mitigar el cambio climático. En última instancia, esto significa un compromiso de todos los países para reducir las emisiones de gases con efecto invernadero y avanzar hacia una economía baja en carbono.

Priya Shetty es una escritora científica independiente en temas de salud y medioambiente, localizada en Nueva York.

Referencias

[1] Intergovernmental Panel on Climate Change. Climate change 2007: Contribution of Working Group II to the Fourth Assessment Report of the Intergovernmental Panel on Climate Change. M.L. Parry, O.F. Canziani, J.P. Palutikof, P.J. van der Linden and C.E. Hanson, Eds. Cambridge University Press (2007)

[2] Predicting future warming NASA (2007)

[3] Global Humanitarian Forum The anatomy of a silent crisis [3.23MB] (2009)

[4] WHO Climate change and human health: Risks and responses (2003)

[5] Costello, A., Abbas, M., Allen A. et al Managing the health effects of climate change The Lancet 373 1693-1733 (2009)

[6] Lindsay S. W. and Martens W. J. M. Malaria in the African highlands: Past, present and future [694kB] Bulletin of the WHO 76 33-45 (1998)

[7] Githeko, A. K., Lindsay, S. W., Confalonieri, U. E. et al Climate change and vector-borne diseases: A regional analysis [268kB] Bulletin of the WHO 78 1136-1147 (2000)

[8] Patz, J. A., Campbell-Lendrum, D., Holloway, T. et al Impact of regional climate change on human health Nature 438 310-317 (2005)

[9] Kuhn, K., Campbell-Lendrum, D., Haines, A. et al Using climate to predict infectious disease epidemics WHO (2005)

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