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Centros de ciencia enfrentan reto: desigualdad global
  • Centros de ciencia enfrentan reto: desigualdad global

Crédito de la imagen: Flickr/Ars Electronica

De un vistazo

  • Centros científicos pueden ampliar sus objetivos abordando políticas de desarrollo

  • En sub Sahara africano solo dos países tienen centros de ciencia

  • Centros pueden ofrecer a políticos un espacio seguro para explorar la ciencia y sus impactos

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Cumbre realizada la semana pasada destacó la oportunidad que tienen los centros de ciencia para extender sus metas.
 
La primera generación de centros de ciencia premió la industrialización. Surgidas hace aproximadamente un siglo, esas instituciones estimularon al público a explorar la ciencia al presentarles las herramientas de la nueva era del hierro y ofrecerles oportunidades de educación.
 
Desde entonces los centros científicos han evolucionado. La actual generación de centros está dispuesta a ofrecer un valor y reflejar una conciencia activista que responda a las necesidades de sus comunidades.  Esta preocupación constante con el impacto significa que los centros son cada vez más adeptos a la exploración de formas de innovar.
 
El resultado es una mayor creatividad, en la medida que los profesionales de esas instituciones conciben formas dinámicas de usar los avances en la tecnología para hacer la ciencia más actual y emocionante. [1]
 
Ciertamente, existe un público para ello: el año pasado los centros y museos de ciencia alrededor del mundo recibieron 310 millones de visitantes.
 
Hay otra tendencia en el sector: una creciente tendencia a ser políticamente relevante.
 
Nuevas ambiciones
 
Así quedó demostrado en la Cumbre Mundial de Centros de Ciencia celebrada en Bruselas, Bélgica la semana pasada (17-19 de marzo), que congregó 450 delegados: más de un tercio de ellos no trabaja en centros de ciencia. Las sesiones plenarias del primer día en su mayor parte tuvieron oradores de los medios de comunicación, políticas públicas e investigación científica. Esto motivó un cierto orgullo por parte de los organizadores.
 
 Varias iniciativas presentadas en la cumbre describieron cómo algunos centros se han convertido en espacios al servicio de las políticas para el desarrollo. Por ejemplo, en el proyecto World Wide Views on Biodiversity participan centros de ciencia de todo el mundo cada uno de los cuales convoca a cien personas del público en general a hablar sobre cómo mejorar el compromiso de la gente con la biodiversidad. Igualmente, la Red Europea de Centros y Museos de Ciencia se ha comprometido con el concepto de Responsabilidad de Investigación e Innovación de la Comisión Europea, cuyo objetivo es que el público participe en el establecimiento de las prioridades de la investigación.

Los centros científicos se consideran, con razón, como los faros de nuestra civilización. El desarrollo global representa para esta comunidad una nueva y clara oportunidad de crecimiento”.

Nick Ishmael Perkins, SciDev.Net


Pero esta nueva ambición enfrenta un reto abrumador. Tal como era de esperarse, hay escasez de centros en los países de bajos ingresos, y esto representa, más que desafíos, la desigualdad entre países.
 
Si la red quiere ser tomada seriamente por los criterios de la ONU, tiene que ofrecer una contribución convincente al llamamiento para que ‘nadie se quede a la zaga’, en el que parece se apoyará la próxima generación de objetivos de desarrollo después de 2015.
 
Los retos
 
Hay interés en los países de escasos recursos. En el sub Sahara africano, Sudáfrica es uno de los dos únicos países con centros de ciencia, el otro es Namibia. Sudáfrica tiene un número respetable de 35 centros; y es característico de los países de ingresos medios como Brasil y México impulsar una red incipiente de centros. Pero lo más importante es que el gobierno sudafricano está respondiendo consultas de una docena de otros países del continente interesados en comenzar sus propias iniciativas. 
 
Su atractivo va más allá de África. El ministro de estado de Sri Lanka para asuntos científicos, Tissa Vitarana, dijo a la reunión que su país desde hace varios años tiene la meta de contar con un centro de ciencias.
 
El problema no es de demanda. Hay un interés en la cultura científica, consistente con el cambio de una economía basada en productos básicos hacia una economía basada en el conocimiento. El continente africano cuenta ya con más de 3.000 centros de innovación tecnológica, signo de un intento colectivo por despertar una mayor conciencia científica entre los productores y consumidores.
 
Si bien esos centros son importantes, la mayoría de países comienzan a construir su economía basada en el conocimiento mediante la inversión en educación en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM por sus siglas en inglés). Las limitaciones para ofrecer educación STEM con calidad sostenible en las zonas de escasos recursos pueden ser aleccionadoras para el sector de los centros de ciencia.
 
Dos temas se repiten constantemente: alcanzar y mantener altos estándares en la enseñanza con maestros surgidos del mismo sistema educativo que se espera transformar; y producir materiales e implementar una garantía de calidad donde la diversidad de lenguas locales resulta una restricción operativa real.
 
Atraer inversiones
 
La cruda realidad es que los centros de ciencia son caros y requieren una planificación de largo plazo lo que los hace vulnerables a los juegos políticos y a las prioridades en competencia. Por lo tanto, sus defensores necesitan paciencia e ingenio: un delegado me confesó que a Malta le tomó casi veinte años asegurar el financiamiento del centro planificado.
 
El sector privado podría apoyar el desarrollo de los centros de ciencia. Hay algunos ejemplos notables, como ‘El Cristal’ de Londres, Reino Unido, la exhibición más grande del mundo sobre el futuro de las ciudades, construido por la transnacional electrónica Siemens.
 
Pero las multinacionales requieren incentivos para hacer este tipo de inversiones y los países más pobres tendrán dificultades para demostrar que habrá una rentabilidad competitiva en el retorno de la inversión.
 
Para demostrar su valor en el campo de las políticas del desarrollo global, los centros de ciencia deben aplicar su reconocida creatividad frente a estos desafíos. Esto podría implicar alterar los modelos tradicionales de manera similar a la reconfiguración que la banca convencional tuvo que hacer con los teléfonos celulares para servir a un nuevo grupo de clientes en África.
 
Política para el éxito
 
Hay ideas que vale la pena explorar, basadas en la inversión y las ventajas comparativas existentes.
 
Los desarrolladores de contenidos de los centros de ciencia de los países ricos podrían encontrar formas de involucrar a los ciudadanos de los países de bajos ingresos en las exposiciones de sus propios electores locales vinculándolos a asuntos transfronterizos como el concepto de los límites planetarios (límites cuantitativos de los recursos de la Tierra). 
 
Los centros pueden apoyar a los profesores STEM a través de actividades específicas, ofreciendo herramientas, inspiración y el prestigio de las asociaciones. Hablando ante la cumbre, Marie Levens, de la Organización de Estados Americanos, dejó en claro que en el Departamento de Recursos Humanos, Educación y Cultura es donde ella ve la oportunidad más grande de colaboración con su oficina.
 
Los nuevos centros de ciencia se podrían vincular con un número cada vez mayor de unidades de investigación y centros tecnológicos del mundo en desarrollo. Un ejemplo europeo de esta forma de trabajo es el CERN (la Organización Europea de Investigación Nuclear) de Suiza, que tiene anexado un exitoso centro científico y una larga lista de espera de visitantes, un modelo que muchos participantes de la cumbre sugirieron podría ser explorado en otros lugares.

Finalmente, la comunidad ha ganado méritos al organizar una actividad de aprendizaje científico para el público en general. El mismo pensamiento debería aplicarse a las audiencias políticas, brindándoles un espacio seguro para interpretar la investigación científica y explorar sus implicancias sociales. Anne Glover, asesora científica principal de la Comisión Europea, lo ha recordado en su alocución. Esta programación se basaría en la demanda y la revalorización entre un grupo selecto pero crucial de partes interesadas.
 
Los centros de ciencia se consideran, y con razón, como los faros de nuestra civilización. El desarrollo global representa para esta comunidad una nueva y clara oportunidad de crecimiento.

Nick Ishmael Perkins
Director SciDev.Net
@Nick_Ishmael

La versión original de este editorial se publicó en la edición global de SciDev.Net

Referencias

[1] Emlyn Koster, Evolution of Purpose in Science Museums and Science Centres, In: Fiona Cameron & Lynda Kelly (eds.) Hot Topics, Public Culture, Museums (Cambridge Scholars Publishing, 2010) 
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