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  • Mundo en desarrollo debe liderar política económica verde

Los resultados de Durban indican que los países en desarrollo deben ejercer una presión política más fuerte.

Durante tres años consecutivos han sido decepcionantes los finales de las reuniones internacionales que deberían haber acordado los pasos necesarios para prevenir desastres humanos y ecológicos como resultado del fracaso en poner límite al fenómeno del cambio climático provocado por el hombre.

El escenario estaba listo en Copenhague hace dos años, cuando la 15º Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP 15) —calificada unánime pero tal vez erróneamente por los grupos ambientalistas como “la última oportunidad de salvar el planeta”— terminó en desconcierto.

Tras una reunión igualmente decepcionante en Cancún, México (COP 16), el año pasado, las expectativas eran bajas en torno a los resultados de la reunión de este año, que tuvo lugar en Durban, Sudáfrica (COP 17), a comienzos de diciembre. La crisis financiera que ha golpeado a los países industrializados durante los últimos dos años redujo aún más las expectativas, dejando al cambio climático lejos de las agendas políticas.

No fue, por lo tanto, demasiado sorprendente que la reunión de Durban no hiciera mayores progresos, más allá del acuerdo para comenzar las negociaciones para un nuevo convenio para 2015, que entrará en efecto en 2020.

Pero el mensaje de Durban fue claro en cuanto al cambio climático y otros objetivos de sostenibilidad. Es poco probable que la transición global hacia una economía verde se dé mediante un acuerdo voluntario. Se requerirá un liderazgo político fuerte, y este debe provenir ahora de los países en desarrollo —particularmente de las economías emergentes— que tienen mucho que ganar si logran un crecimiento sostenible.

Las tecnologías están disponibles

Los aspectos técnicos de esta transición son relativamente fáciles de definir (y tecnologías como carbón de bambú fueron exhibidas en Durban). El camino a seguir es mediante el desarrollo y utilización de sistemas de energía limpia.

La energía solar es la candidata obvia. Y el mundo en desarrollo, donde la mayor parte de los países disfrutan significativamente de más luz solar que los de regiones templadas, está mejor situado para beneficiarse de estas tecnologías, siempre que la innovación y producción masiva haga bajar los costos de los equipos, como los paneles fotovoltaicos.

En el caso de los proyectos de gran escala, como Desertec, los países incluso podrían beneficiarse económicamente con la exportación de energía solar.

También se requiere introducir otras tecnologías. En producción agrícola, por ejemplo, se podrían reducir las emisiones de carbono mediante técnicas como el cultivo con poca labranza. Y en la construcción de viviendas hay muchas oportunidades de reducir la energía usada en la construcción y mantenimiento de los hogares. 

La creación de una economía verde no depende solamente de satisfacer los retos técnicos de mitigación del cambio climático. Igualmente importante es la necesidad de introducir técnicas de producción de alimentos (como el control biológico de plagas) que puedan aumentar la producción agrícola y asegurar al mismo tiempo un uso sostenible y equitativo de los recursos naturales y ecosistemas.

Obstáculos políticos y económicos

Por lo tanto, los avances técnicos requeridos para construir una economía verde —así como la investigación científica que se necesita para llevar a buen término las nuevas tecnologías— son relativamente fáciles de identificar y desarrollar. De hecho, se han alcanzado significativos progresos desde la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro hace casi 20 años, como probablemente se demostrará en la próxima Cumbre Río+20 que se celebrará el próximo año en la misma ciudad.

El escollo, como quedó drásticamente demostrado en la reunión de Durban, radica en los intereses políticos y económicos que se interponen en el camino. Quienes representan esos intereses aparecen para argumentar que ‘continuar como si nada’ —tomando tan solo señales del mercado— será suficiente para conducir al mundo por el sendero de la sostenibilidad a largo plazo iluminado por sus propios intereses. Sin embargo, el fracaso espectacular de esta estrategia en el caso de la industria financiera global conlleva un mensaje aleccionador.

Tomemos, por ejemplo, el asunto de los derechos de propiedad intelectual. Muchas de las nuevas tecnologías energéticas se han producido en laboratorios del mundo desarrollado, que invariablemente busca explotarlas para obtener ventaja financiera. No obstante, su demanda sigue siendo muy grande en las zonas más pobres del mundo que, frecuentemente, no pueden pagar las altas tarifas de las licencias.

Los intentos de reducir estas tasas, hasta ahora, han tenido escaso éxito, y no se lograron progresos al respecto en Durban.

Argumentos a favor de la equidad social

Todo lo anterior indica que se necesitará una acción política más fuerte de los países en desarrollo (con el respaldo de países receptivos del mundo desarrollado) para crear las condiciones que permitan el florecimiento de una economía verde.

Se puede lograr apelando a la equidad social. Como lo ha argumentado de manera persuasiva Sunita Narain, directora del Centro para la Ciencia y el Medio Ambiente de Nueva Delhi, India, la equidad supone que los países responsables en mayor medida de crear los problemas del cambio climático deben asumir la mayor parte de responsabilidad para hallar una solución (y proporcionar los recursos para ello). [1]

Los intereses particulares también serán necesarios. Países como Brasil e India ya están padeciendo las consecuencias sociales y ambientales de un crecimiento económico sin límites. Mientras más severas las consecuencias, más se darán cuenta de que su bienestar futuro depende de seguir un paradigma de crecimiento diferente al del mundo desarrollado.  

La voluntad política —y la capacidad— para traducir los objetivos de sostenibilidad en acciones efectivas debe ser una prioridad para todos los países. Las economías emergentes, en particular, que se están convirtiendo en actores cada vez más poderosos del escenario global, no solo necesitan permanecer al tope de sus agendas políticas a medida que se preparan para la reunión de junio en Río, sino también para los años venideros.

 

David Dickson
Editor, SciDev.Net

Referencias

[1] Narain, S. Equity: the next frontier in climate talks. Down to Earth (Diciembre 2011)

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