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  • África: encuesta de I+D, opción para avanzar en ciencia

Países africanos ya tienen una idea de su inversión en ciencia. Deben usarla para mejorar las políticas y abordar prioridades de desarrollo.

La recopilación de datos estadísticos sobre los gastos del sector público y privado en investigación y desarrollo (I+D) no es la tarea más apasionante que debe enfrentar la comunidad científica. De hecho, los que se muestran más entusiasmados sobre estas cosas son aquellos que usualmente son llamados despectivamente 'expertos en políticas'.

Sin embargo, en los últimos 50 años, los datos sobre I+D recolectados por organizaciones como el National Science Board de los Estados Unidos, o la Organización para la Cooperación y el Desarrollo, han sido parte de los cimientos sobre los cuales las naciones occidentales han formulado sus políticas de apoyo a la investigación y medido el éxito al hacerlo.

Por varias razones, que van desde la falta de recursos a la indiferencia política, las naciones africanas han tardado en seguir este ejemplo. Donde existen estadísticas, han tendido a ser irregulares, desactualizadas y, a veces, de dudosa calidad.

Razón de más, por lo tanto, para aplaudir la publicación esta semana de un informe, Perspectivas de la Innovación Africana 2010, que por primera vez busca ofrecer una idea generalizada de la actividad científica en el continente africano, y vincularla con los esfuerzos para promover el desarrollo social y económico a través de la innovación tecnológica.

Tendencias generales

El informe fue producido por la iniciativa Indicadores de Ciencia, Tecnología e Innovación en África (ASTII por sus siglas en inglés). Esta iniciativa es financiada por la Agencia Sueca de Desarrollo y Cooperación Internacional y dirigida por la oficina de ciencia y tecnología de la Nueva Alianza de Desarrollo de África (New Partnership for African Development, NEPAD), que se ha convertido recientemente en una agencia de la Unión Africana.

Se basó en datos recolectados en trece de los 19 países africanos que apoyan la iniciativa: Argelia, Angola, Burkina Faso, Camerún, Egipto, Etiopía, Gabón, Ghana, Kenia, Lesoto, Malawi, Mali, Mozambique, Nigeria, Senegal, Sudáfrica, Tanzania, Uganda y Zambia.

A pesar de que estos países representan menos de la mitad de los miembros de la Unión Africana, los datos proporcionados son suficientes para identificar algunas tendencias generales.

Por ejemplo, los estudios bibliométricos de los 19 países estudiados muestran que aunque la investigación agrícola predominaba en las agendas de investigación de los países africanos en la década de los años noventa, la investigación en medicina y otras ciencias de la vida últimamente ha comenzado a dominar. Muchos argumentarán que este cambio en el balance debería ser redirigido hacia la seguridad alimentaria.

Igualmente revelador es el hallazgo de que la mayoría de países encuestados solamente gastó entre el 0,20 por ciento y 0,48 por ciento de su Producto Interno Bruto en I+D, muy por debajo del objetivo del uno por ciento aprobado por el comité ejecutivo de la Unión Africana en su reunión de Jartum en 2006. Solamente tres países afirman haber superado este objetivo, a saber Malawi, Uganda y Sudáfrica.

Y la conclusión general de que "los pocos países africanos donde la producción científica es sustancial e incluso en crecimiento no son tan productivos como otros países en desarrollo en el mundo", debería ponerse sobre el escritorio de cada presidente africano comprometido con la prosperidad y el bienestar de sus compatriotas.

Altibajos

Pero no todo es pesimismo. Una ventaja de este tipo de encuestas es que sirve para evidenciar dónde se están moviendo las cosas en la dirección correcta, y usar esta información para alentar a otros a seguirla.

Por ejemplo, la encuesta muestra que Nigeria dedica una impresionante proporción de su financiamiento en I+D a la investigación básica (36 por ciento), y esta cifra es también relativamente alta en Sudáfrica (21 por ciento) y Tanzania (19 por ciento).

En contraste, Malawi, Mozambique y Uganda asignan solamente un diez por ciento de sus gastos en I+D a la investigación básica. El gasto en investigación aplicada representa el 59 por ciento de sus fondos de I+D en Uganda, 60 por ciento en Malawi y 83 por ciento en Mozambique.

Países como Sudáfrica y Senegal tienen un número relativamente más grande de profesionales con doctorado entre su personal de I+D (32 y 26 por ciento respectivamente), pero otros —sobre todo Ghana, Malawi, Mali y Mozambique— tienen notablemente menos.

Pero el informe señala que esto "no significa necesariamente que los proyectos de investigación en esos países estén en manos de personal menos competente en I+D", y agrega que esta área merece más investigación.

Margen de mejora

El informe evidentemente tiene sus puntos débiles, como admiten los autores al describir la primera fase del programa de ASTII como un mecanismo de aprendizaje.

Un error evidente, por ejemplo, es que la cobertura de los países africanos todavía está lejos de ser completa. En la siguiente fase, que fue lanzada en Addis Ababa esta semana, el objetivo es cubrir muchos más países.

Otro inconveniente es que, al tratarse de una suerte de foto instantánea del gasto de I+D, la encuesta no puede mostrar tendencias a través del tiempo. Se espera que el próximo informe aborde esta cuestión.

Otras limitaciones reflejan las dificultades que enfrentan quienes recolectan los datos. Los investigadores admiten que, en muchos países, un problema principal es la ausencia de partidas presupuestarias nacionales para gastos en investigación y la falta de apoyo financiero alternativo para la ciencia a nivel nacional.

Esto, indican, "limita el alcance de las actividades del programa y podría afectar la sostenibilidad de los datos sobre I+D e innovación producidos regularmente por los países e instituciones africanas".

Sin embargo, cualesquiera sean sus limitaciones, el informe brinda a los diseñadores de políticas de África una valiosa fuente de evidencias a la cual recurrir en caso de hacer una mayor inversión en investigación científica, introduciendo políticas para asegurar que los resultados serán usados.

No hay, por supuesto, garantía de que lo harán. Pero, ahora el argumento de la falta de datos ya no se podrá usar como excusa para la inacción.

David Dickson
Director, SciDev.Net

Enlace al resumen ejecutivo (en inglés) [363kB]

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