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El periodismo científico ¿ignora la censura?
  • El periodismo científico ¿ignora la censura?

Crédito de la imagen: U.S. Mission Photo: Eric Bridiers

De un vistazo

  • Hay poca evidencia rigurosa sobre el impacto de la censura en este campo

  • Puede ser porque con frecuencia es de bajo nivel y además incluye la autocensura

  • Necesitamos investigación para poder evaluar costos sociales y económicos

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El Día Mundial de la Libertad de Prensa se celebró este año, como es usual, el 3 de mayo. Conmemora uno de los pocos valores morales absolutos de nuestra civilización: el deseo de los periodistas de tener el poder de contar y documentar los eventos actuales. Pero también representa una oportunidad para que los profesionales de los medios reflexionen sobre dicha práctica.
 
En las celebraciones de este año hubo dos eventos que sugieren que hay espacio para que los periodistas científicos piensen más sobre cómo la censura afecta a su trabajo.
 
En primer lugar, presidí una sesión durante la 13° Conferencia Internacional de Comunicación Pública de Ciencia y Tecnología (PCST2014 por sus siglas en inglés) realizada en Brasil a comienzos de este mes (5-8 mayo), que examinó cómo se puede usar el poder para silenciar al periodismo científico. Posteriormente, los recientes llamados para el cierre —o cuando menos un nuevo comienzo— del Centro de Prensa Científica del Reino Unido debido a sus considerables vínculos con grupos de presión o cabildeo generó debate.
 
Estos dos eventos abordaron varios temas. Quizás el más sorprendente fue que pusieron de manifiesto la escasez de estudios rigurosos sobre el impacto de la censura en el periodismo científico. Durante la conferencia de la PCST, varios delegados dijeron que raramente se piensa en el periodismo científico como un campo afectado por la censura. Esto es preocupante. SciDev.Net trabaja con más de 400 corresponsales alrededor del mundo y muchos se quejan de que la mayor amenaza a su medio de vida es conseguir acceso a los científicos.

Nuestra experiencia indica que, al menos en parte, ello se debe a la censura: cuando nuestra organización ha tratado de encuestar a los periodistas científicos sobre la forma como obtienen su información, encontramos que varios ministerios —en especial, aunque no exclusivamente, en el norte de África— querían fiscalizar nuestras preguntas. (Al respecto vea nuestra evaluación de esa región, disponible solo en inglés).
 
Preocupaciones del mundo desarrollado
 
Este no un tema solamente del mundo en desarrollo. La periodista y académica Kathryn O’Hara, de la Universidad de Carleton, Canadá, ha observado que debido a las restricciones que el gobierno de ese país ha impuesto a la comunidad científica, ahora hay cuatro veces más personas empleadas para restringir el acceso a la información que para facilitarlo. En los Estados Unidos, el mes pasado un editor de Scientific American afirmó que fue censurado durante un programa en Fox News. [1]
 
Wendy Yared, directora de la Asociación Europea de Ligas contra el Cáncer, dijo ante la Conferencia Mundial de Periodistas Científicos realizada en Finlandia el año pasado, que el control de los grupos de cabildeo tienen sobre la política y los medios en Europa fue su mayor preocupación estratégica.

No debemos asumir que tales temas son exclusivos del Hemisferio Norte. Todos los ejemplos que hemos dado ilustran las presiones que los periodistas científicos encaran también en las economías en desarrollo.
 
Pero con una investigación limitada, la magnitud de los problemas aún no está clara. En mi experiencia, cuando a los editores de esta publicación y de Nature se les ha pedido cuantificar el número de veces que se han enfrentado a la censura, se han visto en apuros para dar cifras. También la directora ejecutiva del Centro de Prensa Científica, Fiona Fox, parecía genuinamente intrigada por las críticas que este había recibido y los datos que sustentaban esas críticas.
 
Lo que estas anécdotas revelan es que un claro desafío que enfrentan quienes quieren hacer algo contra la censura del periodismo científico es que a la fecha tenemos muy pocos estudios sobre este asunto. Por lo tanto, ¿por qué no se ponen más esfuerzos y recursos para documentarlo?
 
Censura de bajo nivel
 
Primero, podría deberse a que la gran mayoría de esa censura es de muy bajo nivel. Cuando una organización como el Artículo 19, que realiza cabildeo sobre la libertad de expresión, habla sobre censura, comienza por señalar cómo manejar las amenazas a la vida y cómo ponerse en contacto con redes que podrían apartarlo del peligro. No está sincronizada con la realidad de muchos periodistas científicos, cuya experiencia de censura está ostensiblemente menos referida a amenazas de muerte y más a las fuentes que se amparan detrás de los muros de la burocracia.
 
También están las frecuentes peticiones de las fuentes para aprobar el artículo antes de su publicación cuando acceden a hablar. Muchos argumentarán que esto escasamente tipifica como censura: es solamente una precaución nacida de la experiencia de reportajes inexactos a raíz de complejas entrevistas técnicas realizadas por los periodistas. Este es un punto comprensible, pero para evitar pisar un terreno resbaladizo, solo los editores deben aprobar las historias.
 
La autocensura es, asimismo, una práctica común entre los periodistas científicos. Si se anticipa que sus intentos de cubrir una historia podrían resultar en un alejamiento o amonestación de las fuentes de expertos de las que se depende o del medio que le paga, entonces se tendrá que tomar una decisión sobre ese problema en relación con lo que la sociedad necesita saber. Enfrentado a una decisión de este tipo, no es de sorprender que los periodistas a menudo elijan mantener su posición profesional y sus medios de subsistencia, o eviten trabajar con ciertos editores con cuyas posturas no están de acuerdo.

El primer paso podría ser que los investigadores de la comunicación científica traten de cuantificar los costos sociales y económicos de esta censura de ‘bajo nivel’”.

Nick Ishmael Perkins, SciDev.Net

Una forma particularmente insidiosa de autocensura es depender de textos de fácil uso proporcionados por los grupos de cabildeo o especialistas en relaciones públicas. En estos casos, los periodistas optan por la conveniencia en vez del esfuerzo prolongado de una investigación objetiva.
 
En cualquier caso, abordar la autocensura no tiene el mismo llamado glamoroso a las armas que asociamos con el derrocamiento de dictadores o de los capitanes corruptos de la industria.
 
Difícil de definir
 
Durante la PCST se produjo un debate sobre si las notas de prensa embargadas constituyen censura. Esto significa que se les prohíbe a los periodistas cubrir una historia basada en estos materiales, típicos de las revistas académicas, hasta que ella la publique. Si bien estoy de acuerdo en que este tipo de comportamiento hace obsoletas a las publicaciones académicas y aumenta la discusión de los casos de los modelos de acceso abierto, no estoy convencido de que esto califique realmente como censura. Los embargos son normales en todas las formas de periodismo y, de hecho, tener alguna información de antemano puede ayudar a los periodistas a preparar un artículo sólido y bien investigado.
 
Lo que está claro es que la aparente baja intensidad de la censura en el periodismo científico significa que construir una definición que funcione acerca de dicha censura será difícil. La censura para una persona es la forma de trabajo para otra.
 
Para ser justos, la comunidad del periodismo científico, quizá más que en otros campos del periodismo, debería considerar vigilar por sí misma su independencia. Necesitan ser capaces de navegar por la tormenta perfecta de la especialización disciplinaria técnica, la ambición académica y los intereses de los inversionistas para llegar diariamente al corazón de una historia.
 
El problema sin embargo es que el periodismo es en sí mismo similar al método científico: no es aceptable practicarlo bien solamente una parte del tiempo.
 
El reto aquí es generar apoyo y orientación que aborde el tipo de censura que es más común para los periodistas científicos. Esto es especialmente importante para los periodistas que trabajan en economías emergentes donde las apuestas son muy altas, como lo es la oportunidad de que su cobertura permita que las personas avancen en términos de tecnología y aplicación científica.
 
Esto nos lleva al problema de quién asumirá este reto; una pregunta difícil si aceptamos que actualmente no hay mucha inquietud en este tema dentro del periodismo científico. El primer paso podría ser que los investigadores de la comunicación científica intenten cuantificar los costos sociales y económicos de esta censura de ‘bajo nivel’. Si hacen eso, los periodistas científicos tendrán evidencia sustancial para reflexionar hasta que llegue el siguiente Día Mundial de la Libertad de Prensa.
 
Nick Ishmael Perkins es el director de SciDev.Net @Nick_Ishmael

 

La versión original de este artículo se publicó en la edición global de SciDev.Net


Referencias

[1] Dominique Mosbergen Science editor: Fox News told me not to talk about climate change (Huffington Post, 30 April 2014)
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