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  • Erradicar enfermedades: meta ambiciosa pero estimulante

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Dar los pasos necesarios para erradicar la malaria y no solo controlarla, puede ampliar y fomentar apoyo a agendas de investigación de salud.

La próxima semana en Seattle, Estados Unidos, el más reciente foro sobre malaria organizado por la Fundación Bill & Melinda Gates, abordará las estrategias para enfrentar la enfermedad, particularmente en el África. Incluye tres sesiones sobre la eliminación y erradicación, y su título — “Foro de Optimismo y Emergencia sobre la Malaria”— capta en buena medida el pensamiento actual sobre el tema.

Esta reunión sigue a la que se celebró en Londres la semana pasada, en la que el Centro Carter, la fundación del ex presidente de los Estados Unidos Jimmy Carter, informó que ha contribuido a reducir el número de pacientes con dracunculiasis (enfermedad del gusano de Guinea) de 3,5 millones en África y Asia en la década de los años ochenta, a menos de 2.000 en la actualidad. El objetivo es eliminar la enfermedad para el año 2015.

Los éxitos en la lucha contra la malaria [1, 2] y la dracunculiasis han estimulado los relacionados con otras enfermedades infecciosas para explorar cómo pasar del tratamiento y control a su eliminación en grandes regiones del mundo, si acaso no erradicarlas completamente.

Ha habido escepticismo acerca del cambio de paradigma propuesto. Algunos apuntan a los enormes desafíos logísticos, particularmente para enfermedades que son difíciles de diagnosticar, o cuya prevalencia es escasamente entendida.

Otros apuntan al impacto negativo de perder la confianza pública si no se logran los objetivos que han sido bien publicitados. Y hay la preocupación de que tales campañas puedan usar recursos que estarían mejor invertidos en otras medidas de control.

Sin embargo, apostar por la eliminación o erradicación puede poner de relieve los compromisos financieros  requeridos para obtener un mayor impacto donde las estrategias de tratamiento y prevención han sido relativamente exitosas a escala pequeña o regional, como ha sido el caso de la malaria. Y también puede estimular esfuerzos científicos adicionales que son igualmente necesarios.

Obstáculos a la erradicación

Cuando la Fundación Gates planteó la idea de erradicar la malaria por primera vez en su foro sobre la enfermedad en Seattle en 2007, a nadie le pareció un objetivo razonable. “Había un sentimiento subyacente de que esto estaba seriamente desconectado de la realidad”, dijo uno de los participantes en el debate realizado en el 7º Congreso Europeo sobre Medicina Tropical y Salud Internacional en Barcelona, España, la semana pasada.

Algunos recuerdan esfuerzos anteriores para erradicar la enfermedad después de la Segunda Guerra Mundial, principalmente mediante el uso generalizado de DDT, y el tratamiento con fármacos como la cloroquina. A pesar de algunos éxitos locales, la enfermedad volvió como una amenaza importante a la salud en las décadas de los ochenta y los noventa, después que el mosquito vector desarrolló resistencia al DDT.

Los obstáculos a la erradicación de la enfermedad no siempre son de carácter científico. Por ejemplo, los esfuerzos de la OMS para erradicar otra enfermedad, la polio, se han visto obstaculizados en el norte de Nigeria por la desconfianza de usar vacunas producidas en el mundo desarrollado.  La enfermedad ahora se está propagando nuevamente en varios países del África occidental.

Ambos reveses han alimentado las críticas de que las campañas de erradicación pueden estar motivadas políticamente pero ser científicamente injustificadas.

La ciencia impulsa el éxito

Existe también el peligro de que los éxitos de estas campañas sean eclipsados por sus fallas. A veces se olvida, por ejemplo, que las campañas contra la malaria basadas en el uso de DDT condujeron a su eliminación en muchos países, especialmente en el este de Asia.

Del mismo modo, la campaña contra la polio de la OMS puede que no haya alcanzado su objetivo de erradicación. Sin embargo, se logró en un 99 por ciento. En la India, uno de los países más difíciles en los que se logró avances, no se han reportado nuevos casos en los pasados nueve meses. Y como puntualizó otro participante en Barcelona: “Si la India puede hacerlo, ¿por qué no África”?

Y está, por supuesto, el éxito en el programa de erradicación de la viruela, cuyo último caso fue reportado en Somalia en 1977.

Todo lo anterior sugiere que la búsqueda de la eliminación y erradicación de ciertas enfermedades puede ser tremendamente efectiva, aunque ambiciosa, pese a los posibles contratiempos. El reto es asegurar que esta estrategia esté basada en sólida evidencia científica y que las herramientas técnicas (como las vacunas) requeridas estén disponibles o puedan ser desarrolladas fácilmente.

Aplicar presión política

El trabajo con la malaria sugiere que vale la pena enfocarse en la ciencia y la tecnología necesarias para eliminar la enfermedad, y no solamente para controlarla, y que esos enfoques se pueden aplicar a otras enfermedades. Por ejemplo, los programas pueden poner más énfasis en la investigación de las vías de transmisión, no solamente en el tratamiento de los pacientes.

Dicho objetivo también puede aumentar la presión para generar datos epidemiológicos que demuestran la efectividad de las campañas de eliminación y comparar estrategias de control. Los diseñadores de políticas pueden decidir posteriormente, por ejemplo, si comienzan los programas de eliminación en lugares donde una enfermedad es más frecuente o menos prevalente.

En el caso de la malaria, está claro ahora que las herramientas desarrolladas por la comunidad científica en la década pasada —como los mosquiteros impregnados con insecticidas y los fármacos basados en artemisina— han puesto la erradicación mundial a nuestro alcance

Quedan aún dos desafíos. El primero es usar la evidencia científica para la viabilidad de apalancar los masivos recursos financieros —y los compromisos políticos detrás de ellos— que se requieren para alcanzar esta meta. No es una tarea que puede, o debería dejarse solamente a la Fundación Gates.

El segundo es usar los avances alcanzados con la malaria para generar demanda de investigación sobre la gama de herramientas necesarias para eliminar otras enfermedades difíciles.

No todas las campañas de erradicación triunfarán en alcanzar su objetivo. Pero ello no menoscaba el valor de los esfuerzos que pueden llevarnos a controlar más una enfermedad que si lo hubiéramos hecho de otro modo.

David Dickson
Editor, SciDev.Net

Referencias

[1] Campbell, C. and Steketee, R. Malaria in Africa can be eliminated American Journal of Tropical Medicine and Hygiene 85, 584–585 (2011)
[2] Rollback Malaria Partnership A decade of partnership and results Progress and Impact Series 7 (2011)

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