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  • Medir la innovación requiere más que indicadores de I+D

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Necesitamos pasar de medir el gasto en I+D como un indicador de innovación, hacia una perspectiva sistémica, escribe Eduardo Viotti.

¿Cuál es la mejor manera en que podemos evaluar el desarrollo en ciencia, tecnología e innovación (CTI) de un país? Muchos dirían que podemos hacerlo simplemente midiendo el despliegue de recursos para investigación y desarrollo (I+D). Pero esto no nos ofrece el escenario completo.

Si bien es cierto que el gasto en I+D es un indicador clave para medir la salud del desarrollo de la CTI de un país, también lo es que tales indicadores de I+D miden sólo una pequeña parte de un proceso más complejo.

Este énfasis en el gasto en I+D se origina en parte por su larga trayectoria como indicador. Hay estadísticas disponibles que se remontan a varias décadas atrás en muchos países. Pero también ocurre que la mayoría de los científicos y diseñadores de políticas todavía creen que las innovaciones y los desarrollos tecnológicos son un subproducto casi natural de los esfuerzos en I+D.

Desde esta perspectiva, la innovación es vista como la etapa final de un proceso lineal que comienza con la investigación básica, seguida por la investigación aplicada y el desarrollo experimental. Si este fuera el caso, los indicadores, así como las políticas de CTI en forma más general, deberían esencialmente enfocarse en la I+D.

Sin embargo, en realidad muchos avances en el conocimiento científico que provienen de la I+D no tienen un impacto significativo sobre el desarrollo tecnológico. Por el contrario, mientras muchas innovaciones o tecnologías dependen de avances en investigación básica o aplicada, en algunos casos no es así.

Tecnología primero, conocimiento después

Los motores a vapor, por ejemplo, fueron desarrollados, optimizados y ampliamente usados antes del establecimiento de la termodinámica, el campo de conocimiento científico que explica cómo funcionan. Los contenedores, una innovación responsable de una genuina revolución en el transporte, no requirieron nuevo conocimiento científico, y ni siquiera alguna investigación aplicada importante.

De hecho, el desarrollo de varios nuevos campos científicos ha sido una consecuencia de avances tecnológicos. De esta manera, el modelo lineal es una sobresimplificación de la realidad.

Más aún, el uso, absorción, difusión y mejora de las innovaciones o tecnologías que no son nuevas no siguen el modelo lineal. Cuando la I+D juega un rol en estos procesos, el ‘desarrollo’ parece ser mucho más importante que la ‘investigación’.

Por ejemplo, el modelo lineal no es útil para comprender el desarrollo tecnológico japonés y coreano asociado con sus tardíos procesos de industrialización o actualización.

Dejar que el modelo lineal y su énfasis en la I+D guíe nuestra comprensión y acciones suele conducir a políticas que enfatizan el avance de la ciencia pura, la excelencia académica y el rigor, a costa de la relevancia.

Esto incentiva el alineamiento de las agendas de investigación locales con aquellas de las economías desarrolladas, inhibiendo la búsqueda de políticas y programas de CTI que apunten a las necesidades locales o que tengan alguna posibilidad de generar resultados que puedan ser empleados lucrativamente por parte de los empresarios locales.

El modelo lineal también suele asignar un papel menor a los usuarios más importantes de las tecnologías y a los creadores de las innovaciones: empresas de negocios y proveedores de servicio público.

El enfoque sistémico de la innovación

Una de las formas de enfrentar la complejidad y no linealidad de los procesos de innovación es el enfoque de los sistemas nacionales de innovación (SNI), avalado, por ejemplo, por la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE).

Este acercamiento sistémico no asume una determinación preconcebida y unidireccional de las relaciones entre investigación básica, investigación aplicada, desarrollo e innovación. En cambio, mira a las instituciones, agentes y relaciones cuyas interacciones fomentan u obstaculizan la producción, difusión y uso de las innovaciones. Y las empresas —las verdaderas agentes de la innovación— juegan un papel central.

Varios indicadores asociados con el enfoque de los SNI provienen de encuestas de innovación de empresas. Éstos incluyen el número y proporción de empresas innovadoras; el gasto en actividades relacionadas con innovación (I+D, capacitación, diseño, equipamiento y otras); fuentes de información relevantes para la innovación; colaboración tecnológica y obstáculos a la innovación.

Las encuestas de innovación hoy en día se realizan regularmente en la mayoría de las economías desarrolladas y en forma creciente en países en desarrollo, incluyendo Argentina, Brasil, Chile, Colombia, India, Malasia, México, Sudáfrica, Tailandia y Uruguay.

Generalmente toman el 'Manual de Oslo: Guía para la recolección e interpretación de datos sobre innovación' como referente. La última edición del manual, publicado por la OCDE y Eurostat en 2005, incluye una sección sobre la realización de encuestas de innovación en economías en desarrollo. Subraya la importancia de encuestar a firmas no innovadoras así como a compañías innovadoras, puesto que las encuestas en economías desarrolladas están casi exclusivamente preocupadas por estas últimas.

También recomienda prestar especial atención a las capacidades de las compañías de absorber, adaptar y posiblemente generar innovaciones. El énfasis en la medición de indicadores relacionados con los recursos humanos de la compañía y su uso de las tecnologías de comunicación e información son potenciales formas de evaluar esas capacidades.

Relevancia para las economías en desarrollo

El llamado a recolectar y usar los indicadores de innovación no es una propuesta para reemplazar o desatender los indicadores de I+D. Estos siguen siendo importantes, pero son insuficientes para estimar la salud de los procesos de desarrollo de CTI de un país.

Los indicadores de innovación son incluso más importantes para las economías en desarrollo porque los procesos de CTI en esos países todavía están en su infancia, por lo que virtualmente ninguna de las innovaciones o tecnologías que emplean pueden tener su origen en la I+D local.

Y mientras los indicadores de I+D en los países en desarrollo usualmente dependen de estimaciones relativamente buenas de las actividades de I+D en universidades e instituciones de investigación, éstos también pueden depender de estimaciones malas o deficientes de la I+D de empresas.

Ahora estamos revisando encuestas de innovación en varias economías en desarrollo —tales como Brasil o Colombia— que han sido empleadas para reunir sus primeras estimaciones confiables de las actividades de I+D en las empresas. Es de esperar que la recolección de encuestas de innovación y su uso para el análisis y la creación de políticas se extienda a través del mundo en desarrollo.

Eduardo Viotti es investigador asociado del Centro de Desarrollo Sustentable de la Universidad de Brasilia y consultor en política de CyT para el Senado brasileño.

Descargar el Manual de Oslo desde aquí en sus ediciones en inglés, ruso, español, francés o portugués [745kB].

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