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  • Protocolo de Nagoya debe trabajar a nivel de las bases

Como lo mostró la reciente Conferencia de la ONU sobre Desarrollo Sostenible (Río+20),  las negociaciones intergubernamentales en ambiente y desarrollo pueden ser procesos lentos a los que les falta ambición. Pero esto no es nuevo.

Uno de los resultados de la primera Cumbre de la Tierra, realizada en Río en 1992, fue la Convención de la ONU sobre Diversidad Biológica. En su momento fue aclamada como uno de los principales pasos para promover la conservación y uso racional de los recursos de la Tierra.

Pero a los gobiernos les ha tomado 18 años establecer un sistema para alcanzar uno de sus tres principales objetivos: la participación justa y equitativa de los beneficios que se derivan del acceso a los recursos genéticos, por ejemplo cuando las empresas desarrollan medicinas comerciales a partir de plantas u otras formas de vida.

El resultado, acordado en Japón en 2010, fue el Protocolo de Nagoya jurídicamente vinculante sobre el acceso a los recursos genéticos y a la distribución de beneficios. Se espera que cuando entre en vigencia dentro de un año aproximadamente, creará nuevos incentivos para que los países protejan su capital natural al mismo tiempo que permitirá a las empresas desarrollar nuevos productos útiles a partir de recursos biológicos de una manera sostenible.

La implementación de este acuerdo será el próximo reto. Los protocolos de la comunidad y el consentimiento libre, previo e informado son herramientas poderosas para llevar a la práctica el Protocolo de Nagoya, vinculando objetivos económicos, sociales y ecológicos, al mismo tiempo que se apoya a las comunidades marginadas en la defensa de sus derechos a la tierra y a los recursos.

Beneficios para las comunidades
 

El Protocolo de Nagoya se refiere principalmente a la distribución de beneficios entre los estados. Sin embargo, incluye dos salvaguardas potenciales para proteger los derechos de los pueblos indígenas y sus comunidades locales. Ellos, a menudo son los mejores guardianes de la naturaleza en las zonas rurales y sus conocimientos tradicionales pueden ser importantes para identificar nuevos productos.

En primer lugar, exige a los países que apoyen el desarrollo de los protocolos de la comunidad. Estos consisten en estatutos con normas y responsabilidades con los que las comunidades pueden establecer sus procedimientos de acceso y participación de beneficios, y sus derechos consuetudinarios, legalmente reconocidos, a los recursos naturales y la tierra.

En segundo lugar, exige que los países tomen medidas para garantizar que las comunidades puedan controlar el acceso a sus conocimientos tradicionales mediante un consentimiento libre, previo e informado. Esto significa que las comunidades deciden si permiten el uso de sus conocimientos o recursos genéticos y bajo qué términos.

El Comité Intergubernamental del Protocolo de Nagoya se está reuniendo esta semana (del 2 al 6 de julio 2012) en Nueva Delhi, India, con el fin de discutir las directrices para la aplicación del Protocolo. Catorce estudios de caso publicados antes de esta reunión muestran cómo se han desarrollado y usado estas herramientas en África, Asia y América Latina, y ofrecen una guía de la manera en la que los generadores de políticas, donantes y organismos no gubernamentales pueden apoyarlas en la práctica. [1]

Por ejemplo, los protocolos bioculturales de la comunidad desarrollados por los agricultores del Parque de la Papa en el Perú han ayudado a conservar cultivos tradicionales y distribuir los beneficios de su uso de manera equitativa entre seis comunidades. Los curanderos en Bushbuckbridge, Sudáfrica, han hecho algo similar para conservar plantas medicinales, tener acceso a ellas en un área protegida y negociar más eficazmente con una empresa de cosméticos.

En el norte de Ghana, un protocolo de la comunidad originó el aplazamiento de un proyecto minero para proteger áreas de bosques y arroyos religiosamente importantes, conocidas como arboledas sagradas. Y en India, Kenia y Pakistán, los pastores vienen usando los protocolos para ayudar a proteger sus activos y obtener un mayor reconocimiento de su papel en la conservación de la biodiversidad.

Reconocimiento de los protocolos comunitarios

Un diálogo entre el secretariado y las partes involucradas en la Convención de Diversidad Biológica, realizado en Montpellier, Francia el 24 de mayo de 2012, concluyó que los protocolos de la comunidad cumplen un papel importante para implementar el Protocolo de Nagoya.

Pueden proteger a las comunidades de la explotación, canalizar los beneficios a nivel local para incentivar la conservación, y mejorar la seguridad y claridad jurídica tanto de los usuarios como de los proveedores de recursos genéticos. Pero también pueden ayudar a crear alianzas equitativas entre las comunidades y otros grupos, como organizaciones científicas o empresas que busquen desarrollar nuevos productos basados en los recursos naturales.

Los estudios de caso muestran que los protocolos de la comunidad deben comenzar de abajo hacia arriba, asegurar una amplia participación, y recibir apoyo flexible para maximizar su potencial de defensa de los derechos, conservación de la biodiversidad y reducción de la pobreza.

Según un informe que resume el taller, cuando el énfasis está en el proceso de desarrollo de los protocolos de la comunidad —y no solo en el producto— dichos protocolos son más propensos a fortalecer los valores e instituciones de la comunidad que conservan la biodiversidad y el conocimiento tradicional. [2]

También señala que los países y los donantes deben asegurarse de que las comunidades reciban el apoyo que requieren para desarrollar sus protocolos.

Simples cambios nacionales

En la reunión de esta semana del Comité Intergubernamental del Protocolo de Nagoya, los negociadores deben urgir a los gobiernos a reconocer el papel sustancial que los protocolos de la comunidad pueden cumplir a nivel local.

Esto significaría incluir, en la legislación nacional, disposiciones para reconocer los derechos de las comunidades y disposiciones para el apoyo del gobierno de manera que las comunidades puedan desarrollar los protocolos necesarios. Los gobiernos deberían igualmente asegurar que la legislación que exija el consentimiento informado previo para el uso del conocimiento tradicional y la biodiversidad esté vigente y sea implementada en la práctica.

Río+20 fue un recordatorio de que mientras los políticos fallan, la verdadera acción y el liderazgo se da a nivel local. Para hacer que uno de los mejores resultados de la Cumbre de la Tierra original funcione en la práctica, los gobiernos necesitan hacer estos simples cambios para permitir que las comunidades apoyen y se beneficien de los objetivos de conservación comprometidos por sus estados desde hace 20 años.

 

Krystyna Swiderska es investigadora principal del Instituto Internacional para el Ambiente y Desarrollo de Londres, Reino Unido. Se le puede escribir a: krystyna.swiderska@iied.org

Referencias

[1] International Institute for Environment and Development. Biodiversity and culture: exploring community protocols, rights and consent (June 2012).

2] International Institute for Environment and Development. Using Biocultural Community Protocols to Implement MEAs and UNDRIP at the Local Level for Sustainable Development (May 2012).