Acercar la ciencia al desarrollo mediante noticias y análisis

  • Incluso la ‘mala ciencia’ debe ser puesta en contexto

Los periodistas deben ayudar a erradicar falsas afirmaciones científicas, pero con sensibilidad a la cultura y limitaciones de la ciencia.

En los últimos años, periodistas y comentaristas occidentales han atacado en forma creciente falsas aseveraciones científicas, exponiéndolas como “mala ciencia” [1].

Los blancos de sus ataques van desde afirmaciones de que la vacuna triple viral contra tres enfermedades infantiles (sarampión, paperas y rubéola) aumenta el riesgo de autismo, a negaciones del consenso científico de que el calentamiento global es primariamente resultado de actividades humanas.

Varias prácticas que han sido objeto de escrutinio tienen lugar en el mundo en desarrollo. Algunas son de relativo bajo riesgo, como la medicina homeopática. Otras podrían tener consecuencias más dañinas.

La creencia del ex presidente sudafricano Thabo Mbeke, por ejemplo, de que no hay un vínculo causal entre la infección por VIH y el SIDA, llevó a la reticencia del gobierno a pagar por tratamientos antirretrovirales, lo que se estima que resultó en 300 mil muertes. Las críticas a la postura de Mbeke solo parecían fortalecer su posición.

Todas estas afirmaciones deben ser rebatidas. Los periodistas científicos y blogueros tienen un importante rol en este proceso. Pero las críticas requieren una dosis de sensibilidad cultural si se quiere que sean efectivas y que se evite una repercusión potencialmente contraproducente.

Esto no quiere decir que la cultura por sí sola debería determinar cómo se interpreta la ciencia, sino que los periodistas y comentaristas científicos no deberían pasar por alto las limitaciones de la ciencia occidental como una forma de comprender todos los aspectos del mundo, y por lo tanto, de mejorar la calida de vida.

Advertencias efectivas

Cuando se expone ‘mala ciencia’, la advertencia es clara: aquellos que ignoran los hallazgos de la ciencia moderna, lo hacen a su propio riesgo. En el mejor de los casos, dice el argumento, usar mala ciencia puede llevar a un desperdicio de recursos. Y en el peor, puede retrasar la acción: para reducir el calentamiento global, por ejemplo, o para proteger a las personas contra una enfermedad fatal.

El valor de tales advertencias es obvio. Cualquier sociedad que promueve la idea de que las decisiones deberían, cuando sea posible, estar basadas en la mejor evidencia científica disponible también debe ser capaz de distinguir entre buena y mala ciencia, de manera de juzgar qué evidencia constituye la mejor disponible.

Pero al hacer tal distinción puede parecer que se está afirmando la superioridad de la ciencia occidental por sobre otras formas de conocimiento, incluyendo el conocimiento tradicional, y los sistemas de creencias sobre los cuales está basado. Y puede ser percibido como un fomento de las metas económicas y políticas de las naciones occidentales (a menudo ex poderes coloniales) en el mundo en desarrollo.

Uno de tales casos fue la oposición a las campañas de vacunación contra la polio en el norte de Nigeria a inicios de la década pasada. El argumento de los líderes políticos musulmanes fue que las vacunas producidas por compañías farmacéuticas occidentales estaban siendo utilizadas como formas subrepticias de reducir la fertilidad masculina y, por lo tanto, el crecimiento poblacional.

El mensaje fue tan efectivo que las campañas de vacunación se detuvieron. Y consecuentemente, la propagación de la enfermedad retardó la erradicación global. La experiencia es un aleccionador recordatorio de que incluso si la ciencia es correcta (o ‘buena’), podría no ser suficiente para asegurar que sea usada en forma efectiva.

Contexto cultural

Los profesionales de la salud pública deben ser sensibles al ambiente cultural y político en el cual operan, y en particular a factores que pueden conducir a que evidencia científica sólida sea rechazada.

Por ejemplo, solo recientemente investigadores descubrieron que la enfermedad tropical úlcera de Buruli es causada por una bacteria. A falta de una explicación médica, la gente suele creer que representa una maldición hecha por un lugareño en contra de otro, por lo que quienes la padecen han sido tradicionalmente escondidos. Tales creencias necesitarán tomarse en cuenta al planear estrategias para contrarrestar la enfermedad.  

Estos casos aclaran el peligro de enfrentar a los escépticos que se quejan de la facilidad con la que la ‘mala ciencia’ puede pregonarse a una población crédula, ya sea en el mundo desarrollado como en el en desarrollo. Es poco probable que acusar a alguien de ser ingenuo, o peor, fanático por creer en un argumento en particular lo haga cambiar de idea.

Sin duda, revelar las fallas de tales argumentos es importante. Esto podría incluir enfatizar en la falta de evidencia confiable sobre la efectividad, que pueda resistir el rígido escrutinio científico.

Los periodistas científicos y sus colegas en la comunidad bloguera están en una buena posición para ayudar en esta tarea. Ellos tienen la responsabilidad no solo de explicar la importancia y el potencial impacto de los nuevos descubrimientos científicos, sino también de cuestionar afirmaciones de sospechosa validez científica.

Fortalezas y debilidades

Pero como otros escépticos, los periodistas deben desarrollar una sensibilidad al contexto cultural en el cual están reporteando. Esto puede significar ir más allá de los hechos que encabezan un artículo —tales como el rechazo a las vacunas contra la polio en Nigeria— para develar los factores sociales y políticos detrás de ellos.

También requiere desarrollar una conciencia tanto de las fortalezas como de las limitaciones del método científico. Las fortalezas radican en la solidez de las técnicas experimentales que distinguen el conocimiento confiable del no confiable, la distinción clave entre ‘buena’ y ‘mala’ ciencia.

Sus debilidades, sin embargo, radican en incentivar una forma de arrogancia en la que la ciencia moderna es vista como la única fuente de conocimiento confiable, y discontinuar, por ejemplo, la aplicación del conocimiento tradicional que podría haber servido por siglos a las comunidades u ofrecido alternativas para las cuales la ciencia brinda una limitada visión. 

La habilidad para exponer y erradicar la ‘mala ciencia’ debería ser una parte esencial de las habilidades de cualquier periodista científico. Esto requiere una comprensión de cómo se puede probar la solidez de las afirmaciones (por ejemplo, a través de ensayos controlados, en el caso de nuevos fármacos).

Pero cierto escepticismo hacia la ciencia misma también podría ser parte de este conjunto de habilidades. Esto debería incluir una renuencia a aceptar sin escrutinio todo lo que se dice en nombre de la ciencia, incluso por parte de eminentes científicos.

David Dickson
Editor, SciDev.Net

Referencias

[1] Badscienceblogs (2011)
[2] Bad Science (Guardian, 2011)

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