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Cuba empieza a rentabilizar su apoyo a la I+D médica
  • Cuba empieza a rentabilizar su apoyo a la I+D médica

Crédito de la imagen: Ian Teh / Panos

De un vistazo

  • El país comunista está vendiendo los productos de su inversión a largo plazo

  • Una nueva ley promete a los inversores extranjeros exenciones impositivas para joint ventures

  • Un creciente número de compañías farmacéuticas están operando con el consentimiento del gobierno

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La inversión cubana a largo plazo en investigación médica está empezando a dar frutos económicos, con el país comunista a punto de vender productos y medicamentos al mundo, dijo Salvador Moncada, consultor de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), oficina regional de la OMS.
 
Su evaluación llega luego de que el Parlamento cubano aprobara una ley que promete a los inversores extranjeros generosas exenciones impositivas para joint ventures con empresas de la isla, en la medida en que puedan evadir el embargo comercial impuesto por Estados Unidos contra Cuba.
 
Cuba ya tiene una reputación mundial por la excelencia de sus médicos. Durante muchas décadas, sobre todo durante la Guerra Fría, Cuba envió equipos de médicos como una forma de diplomacia extranjera.

 

“Cuba ahora está vendiendo productos en todo el mundo que provienen directamente de la inversión en investigación”.

Salvador Moncada, consultor OPS

“Cuba ahora está vendiendo productos en todo el mundo que provienen directamente de la inversión en investigación”, dijo Moncada. “Se necesitan muchos años para que estas inversiones en ciencia y tecnología den sus frutos”.
 
Moncada habló con SciDev.Net durante una conferencia sobre redes de conocimiento científico transnacionales en la Universidad de West London, Reino Unido, el mes pasado (28 de marzo).
 
“Cuba siempre ha tenido un interés específico en el desarrollo de la ciencia y la tecnología, y en el área de la biomedicina ha sido muy exitosa”, dijo Moncada.
 
Por muchos años, la investigación cubana dependía de los subsidios de otro estado comunista: la Unión Soviética.
 
Entonces, cuando la Unión Soviética colapsó en 1991, la investigación cubana inicialmente se estancó. Pero esta pérdida de apoyo también contribuyó a la renovación —en especial en el sector de la biotecnología— porque Cuba se vio obligada a buscar socios comerciales y científicos alternativos, según Rainer Schultz, experto cubano de la Universidad de Harvard, Estados Unidos.
 
Miriam Palacios-Callender, investigadora biomédica cubana que ahora trabaja en la University College de Londres, coincidió en que hubo cambios significativos tras la caída de la Unión Soviética.
 
“Poco después de la caída del bloque socialista, el sistema cubano de ciencia, tecnología e innovación inició una rápida transformación”, dijo Palacios-Callender a SciDev.Net.
 
Sin embargo, agregó, esto “quizás no fue una consecuencia directa de la nueva situación geopolítica, sino el resultado de una voluntad política de larga data por desarrollar la ciencia y la tecnología para el beneficio de la sociedad y la inversión en biotecnología a inicios de los años 80”.
 
Durante la era soviética, Cuba se centró principalmente en la investigación pura. Pero ya en 1965, desde las instituciones de investigación surgieron empresas estatales, como el Centro Nacional de Investigación Científica, añadiendo los elementos más prácticos de la producción y la comercialización a la investigación y desarrollo existentes, de acuerdo con Palacios-Callender.
 
Al principio, las empresas trabajaron para integrar la nueva investigación en la industria farmacéutica nacional, de modo de poder suministrar medicamentos genéricos a los cubanos, dijo Palacios-Callender.
 
En 1990, el gobierno creó el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente para aprovechar el conocimiento científico cubano para un desarrollo más sostenible.
 
“En 2008, más de 100 proyectos de investigación estaban generando sobre 60 productos nuevos, que estaban protegidos principalmente por derechos de propiedad intelectual, y más de 500 patentes fueron presentadas en el extranjero”, dijo Palacios-Callender.
 
Por ejemplo, en 2004, Cuba firmó con la empresa estadounidense CancerVax un acuerdo para la transferencia de tecnología relacionada con una vacuna para tratar el cáncer.
 
Hasta hace poco, el Estado era el único que apoyaba esos esfuerzos de investigación y desarrollo. Pero la situación está cambiando. En noviembre de 2012 se creó una empresa privada llamada BioCubaFarma, y un número cada vez mayor de empresas privadas están operando con el consentimiento del gobierno.
 
Este cambio fundamental en el sector farmacéutico, de un ámbito administrado por el Estado a uno basado en principios empresariales, podría conducir a una nueva y exitosa era de crecimiento para la ciencia cubana, dijo Palacios-Callender.
 
La versión original de este artículo se publicó en el portal Global de SciDev.Net
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