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Una adaptación con perspectiva de género se adapta mejor
  • Una adaptación con perspectiva de género se adapta mejor

Crédito de la imagen: World Bank Photo Collection

De un vistazo

  • Integrar el género en adaptación a cambio climático va más allá de incluir palabras o indicadores

  • Se requiere comprender y abordar las dinámicas propias de hombres y mujeres de cada lugar

  • Poner excesivo énfasis en vulnerabilidad de las mujeres puede reforzar desigualdades

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Lograr una adaptación al cambio climático con perspectiva de género aún constituye un reto pese al énfasis creciente sobre este tema por parte de las políticas globales, las prioridades de los donantes y los flujos de financiamiento.
 
La limitación de recursos, la falta de información o la escasa experiencia se mencionan como escollos y pareciera que muchos profesionales no saben cómo lograrlo. La cuestión subyacente, sin embargo, es negarse a reconocer que la adaptación con mirada de género es una mejor adaptación y que, por lo tanto, debemos cambiar la forma en que abordamos la adaptación.
 
Normalmente, el abordaje de género se resuelve incluyendo términos de dispersión como “mujeres” e “igualdad” en los documentos y propuestas, o aumentando el número de beneficiarias. En la práctica, estos enfoques no cambian ninguna parte fundamental del diseño o de la implementación subyacente de la estrategia o programa y, en consecuencia, tienen un impacto limitado en garantizar una verdadera igualdad de género.
 
La adaptación al cambio climático es inherentemente específica al contexto y con frecuencia se basa en cambios de comportamiento. Los cambios climáticos varían en función de la ubicación, al igual que las condiciones sociales, económicas y culturales que definen la resiliencia y sostenibilidad. Por tanto, cuando se trata de integrar el género a la adaptación no existe una sola solución. Lo que, nuevamente, nos recuerda por qué el desafío es tan grande.
 
Sin embargo, y para ponerlo en palabras simples, una adaptación eficaz y sensible al género responde a la dinámica de género imperante en el área objetivo. Como la adaptación ya está respondiendo al contexto local, simplemente necesitamos asegurar que ese contexto local tome en cuenta los elementos sociales y culturales que contribuyen al contexto de género.
 
Un estudio realizado en 2016 analizó las experiencias de seis países diferentes que usaron la perspectiva de género en su adaptación al cambio climático bajo el Programa PNUD-Canadá del Fondo para la Adaptación al Clima Climático (CCAF por sus siglas en inglés). Estos hallazgos, junto con la experiencia de la vasta cartera de proyectos de adaptación al cambio climático del PNUD en todo el mundo, brindan ideas para diseñar e implementar la adaptación tomando en cuenta esas dinámicas de género.
 
Tres principios principales, extraídos de la cartera del PNUD en todo el mundo, pueden ayudar a orientar los esfuerzos de adaptación con perspectiva de género: 
 
1.     El género no se refiere solamente a las mujeres: debemos entender y responder a la dinámica de género subyacente.
 
La integración del género históricamente se ha enfocado en la incorporación de las mujeres, dada su sistemática exclusión del proceso de toma de decisiones y de su implementación. Sin embargo, este énfasis puede conducir a respuestas ineficaces, como la inclusión de palabras o indicadores superficiales relacionados a las mujeres sin cambiar el diseño o la implementación para que signifiquen realmente un impacto.
 
El género debe abarcar la comprensión y el abordaje de las dinámicas locales de género. El estudio del CCAF define tres elementos  clave en las dinámicas de género: roles y responsabilidades, diferencias basadas en el género para acceder a los recursos (por ej. tierra, agua, financiamiento), y relaciones de poder entre hombres y mujeres.
 
Garantizar activamente que se tomen en cuenta los intereses de hombres y mujeres es fundamental para aprovechar las oportunidades y fortalecer los enfoques de adaptación.
 
Por ejemplo, en Haití, un proyecto de reforestación del CCAF para enfrentar la subida del nivel del mar y la aparición de tormentas provocadas por el clima, introdujo y fortaleció los comités de manejo de cuencas para supervisar y dirigir este trabajo e hizo un esfuerzo concertado para incluir a las mujeres en esos comités como tomadoras clave de decisión, debido a su experiencia en el manejo de la tierra y en la alimentación de sus familias.
 
Cuando los comités decidieron qué árboles plantar y los miembros masculinos y femeninos dieron prioridades diferentes se demostró la validez del esquema: mientras los hombres querían plantar árboles para usarlos en carbón y madera (generadores de ingresos), las mujeres prefirieron árboles frutales que proporcionaran alimentos para consumo doméstico. El proyecto reconoció el valor de ambos enfoques y proveyó una mezcla de ambos tipos de árboles. En consecuencia, ambas necesidades fueron satisfechas.
 
Del mismo modo, en otras partes del mundo los proyectos del CCAF abordan las necesidades de hombres y mujeres basándose en sus dinámicas existentes. Así, en muchos países miembros de la CCAF, los hombres poseen y trabajan la tierra para producir alimentos básicos (arroz en Camboya, mijo en Mali o sorgo en Níger). Durante la temporada baja, ellos suelen migrar para buscar trabajos adicionales y las mujeres quedan a cargo del hogar. Para abordar los impactos del cambio climático en estos cultivos, siguiendo las dinámicas de género subyacentes, varios países de la CCAF han introducido un doble enfoque. 
 
De un lado,  se cultivan variedades básicas resilientes al clima con nuevas prácticas de manejo hídrico. Por ejemplo, en San Vicente y Las Granadinas (bajo la Alianza Japón Caribe contra el Cambio Climático), Ecuador (con apoyo del Fondo para el Medioambiente Mundial) y Cabo Verde (bajo la CCAF) se implementó la cosecha de agua y sistemas de irrigación, como riego por goteo.
 
La creación de pequeñas huertas de hortalizas en varios países también ha sido una forma exitosa de diversificar los ingresos provenientes de cultivos comerciales vulnerables, aumentando paralelamente el ingreso general de los hogares y su seguridad alimentaria. Esas huertas generalmente son gestionadas por mujeres durante la estación baja o todo el año, para complementar los cultivos comerciales manejados por los hombres.
 
Estos enfoques complementarios han aumentado sustancialmente la seguridad alimentaria en muchas comunidades, mediante el aumento de la producción de cultivos tanto para la generación de ingresos como para el consumo.
2.     El género no siempre tiene que ver con vulnerabilidad: debemos capitalizar el conocimiento, las destrezas y el espíritu empresarial existente en hombres y mujeres.
 
Uno de los argumentos para apoyar la adaptación con enfoque de género es que las mujeres son más vulnerables a los impactos. En muchos casos esto es cierto, debido a que las mujeres suelen depender para el sustento de recursos naturales sensibles al clima (por ejemplo agua y agricultura), y a que por lo general las mujeres no tienen acceso a recursos financieros o conocimientos para hacer frente a estos desafíos.
 
Sin embargo, poner énfasis en esta vulnerabilidad no ayuda a diseñar e implementar enfoques efectivos de género y a veces refuerza las desigualdades. También puede hacer perder las oportunidades que ofrecen las mujeres como impulsoras de la adaptación.
 
Las mujeres frecuentemente lideran el manejo de recursos naturales y poseen valiosos conocimientos y habilidades que pueden servir de información y ser beneficiosos. Darles voz o invertir en su espíritu empresarial puede fortalecer los enfoques de adaptación y reducir las desigualdades de género.
 
En Guatemala, María Luisa Chaca, de la aldea El Triunfo, organizó en 2012 un grupo de productoras para recibir capacitación sobre mejoramiento de la producción y comercialización de su chocolate. Más del 90 por ciento de la producción de cacao en este país proviene de pequeños agricultores muchos de los cuales son mujeres. Desde su creación, el grupo ha enfrentado frecuentemente desafíos debido a los bajos rendimientos de sus árboles más añosos, plagas y enfermedades que atacan las plantas de cacao, dificultades para obtener suministros agrícolas y acceso limitado a financiación para esas mejoras.
 
En respuesta, un proyecto apoyado por el PNUD y financiado por el Fondo de Adaptación, basándose en el espíritu emprendedor de María y de productoras como ella, ayudó a fortalecer la resiliencia de la industria del cacao, ayudando a estos grupos a obtener capacitación en almacenamiento y procesamiento y compra de equipos, e incluso creó un centro de almacenamiento.

mujeres guatemala
María Luisa Chaca y su hija recolectando frutos del cacao en Guatemala (Foto: UNDP – Climate Change Adaptation Facility).
 
3.     Los enfoques con equidad de género no son complicados, ni costosos ni requieren mucho tiempo: simplemente debemos cambiar la forma en que abordamos nuestros procesos de diseño e implementación.
 
Para asegurar resultados sostenibles y efectivos, cada decisión tomada al diseñar e implementar las intervenciones tiene que considerar las dinámicas locales, muchas de las cuales se refieren a cuestiones de género, explícitas o no. Por lo tanto, ya estamos tomando innumerables decisiones que tienen impactos sobre el género. El truco consiste simplemente en ser más reflexivo y consciente de tales decisiones y reconocer las oportunidades que presentan para abordar y responder a la dinámica de género subyacente.
 
Así, cuando consideramos la localización de una nueva bomba solar o a qué hora del día se realizarán las sesiones de capacitación, surgen preguntas como ¿quién utilizará el agua y para qué?, o ¿quiénes queremos que vengan a la capacitación y cuáles son sus otros compromisos? El género cumple un importante papel en estas preocupaciones sociales, que pueden influir en estas decisiones.
 
En esencia, los enfoques de adaptación que toman en cuenta el género, simplemente son mejores enfoques de adaptación.
 
Además, usar el enfoque de género también puede contribuir a transformar las relaciones de género en la sociedad. Según el estudio de la CCAF, las mujeres de Sudán y Níger adquieren más poder de decisión en sus hogares gracias a su papel más destacado como proveedoras de alimentos y generadoras de ingresos a través del proyecto.
 
El empoderamiento es un componente clave de la resiliencia.
 
A medida que el Acuerdo de París entre en vigor, la adaptación será un componente importante de las contribuciones nacionalmente determinadas (CND) de los países. Los principios enunciados son importantes al diseñar los marcos de las CND que tomen en cuenta la equidad de género, y de implementar acciones que satisfagan esos compromisos de manera efectiva y sostenible, al mismo tiempo que aseguran su contribución simultánea a la igualdad y empoderamiento de género.
 
*Jennifer Baunwoll es Coordinadora de Proyecto del Programa PNUD-Canadá de Adaptación para el Clima. Se le puede seguir en Twitter@jebaumwoll
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