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  • Academias de ciencia deben ser más transparentes

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Las academias de ciencias deben ser más abiertas si quieren mantener la confianza pública en un mundo global. 

Cuando el ministro del medioambiente de la India, Jairam Ramesh, criticó el mes pasado un informe indio interacadémico sobre cultivos transgénicos por carecer de rigor científico, las academias científicas responsables de realizar el informe podrían haberse mantenido en su posición. 

En cambio, el director de la principal academia del país ofreció disculpas un día después y prometió elaborar un nuevo informe. Aunque el hecho de que las academias de ciencias reconocieran la debilidad de su informe fue bienvenido, se trató del tipo de incidente que podrían haber manejado sin demostrar que son susceptibles a presiones políticas.

En un mundo cargado de disputas respecto de tecnologías emergentes que actúan como un punto de encuentro entre ciencia y sociedad —ingeniería genética, nanotecnología, geoingeniería por nombrar algunas— las academias científicas de países en desarrollo tienen un importante rol que jugar.

Ese rol tiene dos dimensiones. Primero, las academias deberían proporcionar recomendaciones investigadas exhaustivamente y revisadas por pares sobre (entre otros temas) las mejores formas en que la ciencia puede combatir la pobreza. En segundo lugar, también necesitan adaptar su conducta a los requerimientos del mundo moderno, sin permanecer encerradas en prácticas estrechas que han servido a sus intereses en el pasado, pero que están quedando cada vez más obsoletas.

Esta es una importante lección para los miembros de la Academia de Ciencias para el Mundo en Desarrollo (TWAS, por sus siglas en inglés), que se ha convertido en el organismo paraguas para los científicos de países en desarrollo y que realizará su 21 reunión general en Hyderabad, India, la próxima semana.

Problema de imagen

Los países en desarrollo requieren políticas sólidas basadas en la ciencia y las academias científicas debería ayudar a alcanzarlas evaluando rigurosamente aspectos críticos.

Sin embargo, pocos negarían que las academias tienen un problema de imagen que afecta su credibilidad y, por lo tanto, su impacto. El físico francés Yves Quéré, ex director del Panel Inter Academias sobre Asuntos Internacionales, describió el año pasado en Nature cómo, cuando preguntó a un grupo de adolescentes franceses qué pensaban que era una academia, uno finalmente la describió como “un club de señores viejos”.

Para ser efectivas en el mundo moderno, las academias necesitan despojarse de esta imagen de organizaciones elitistas preocupadas de subvenciones y becas y distanciadas de las realidades sociales.

En principio, la credibilidad de las academias de ciencias debería ser alta. Numerosas encuestas de opinión en Occidente han mostrado que el público todavía tiene mucha más confianza en los científicos que en los políticos, las empresas e incluso en los medios de comunicación, y no hay razón para que sea diferente en el mundo en desarrollo.

Pero esta confianza no se debe dar por sentada. Los científicos y las academias que los representan deben reconocer que la era de la Internet ha traído consigo un cambio cultural desencadenado por los mensajes en blogs y los tuiteos de quienes ya no respetan automáticamente la autoridad construida primariamente sobre la tradición y el poder académico.

Demanda por apertura

Este cambio cultural demanda más apertura y transparencia, en todos los niveles. Ya pasaron los días en que los desacuerdos entre científicos podían quedarse dentro de las instituciones. En estos días las opiniones divergentes, a menudo (aunque hay que reconocer que no siempre) bien informadas, se ventilan libremente a través de blogs y foros de discusión en línea.

Si las academias quieren mantener la confianza pública, deben encontrar credibilidad en estas esferas. Y para lograrlo, deben emerger de su forma de hacer las cosas al estilo de un ‘club de amigos’.

A juzgar por el historial de las academias científicas de India, algunas tienen un largo camino por recorrer. Las academias fueron visiblemente silenciosas cuando un ex ministro de ciencias introdujo la astrología como curso de ciencia, y no han hecho ninguna contribución significativa a la formación de una política científica o al debate parlamentario sobre asuntos polémicos tales como la presencia en India de universidades extranjeras o la responsabilidad en los accidentes nucleares.

En efecto, el hecho de que el informe interacademias de la India del mes pasado sobre cultivos transgénicos —dirigido a esclarecer el controvertido tema de las berenjenas transgénicas— fuera el primero de su tipo en India, sólo evidencia cuán inactivas han estado las academias de ciencias en un país que se enorgullece de ser una creciente economía del conocimiento.

Lo más triste, por lo tanto, es que el informe haya quedado expuesto como un ejercicio bien intencionado pero mal ejecutado. En India, un popular refrán hindú se traduce más o menos como “invitar a un toro a cornearte”. Presentar un informe sobre cultivos transgénicos sin una cuidadosa evaluación científica, omitir referencias y citaciones e incluir secciones copiadas de otro informe proveniente de una revista gubernamental pro-biotecnología, fue exactamente eso.

Complacencia frente a la controversia

La controversia que rodea a la anterior predicción de que los glaciares del Himalaya desaparecerían en 2035, realizada por el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), pero basada sólo en la entrevista telefónica de un periodista a un científico indio, debería haber alertado a las academias sobre la necesidad de un escrutinio más riguroso a documentos que podrían ser controversiales.

Sería una tragedia si las academias se vieran desalentadas a involucrarse en el debate público de asuntos importantes relacionados con la ciencia. Éstas tienen importantes mensajes que entregar sobre el rol de la evidencia científica en la elaboración de políticas, y valiosa experiencia con la que pueden contribuir a este proceso.

Pero el mensaje se perderá si las academias siguen envueltas en la complaciente creencia de que la tradicional autoridad de la ciencia es suficiente para esgrimir el argumento.

El mundo moderno demanda transparencia sobre la forma en que se toman las decisiones. Eso aplica tanto a la forma en que operan las instituciones consultivas —tales como las academias de ciencias— como también a los procesos políticos en sí.

TV Padma
Coordinadora Regional del Sur de Asia, SciDev.Net

David Dickson
Director, SciDev.Net

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