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  • Acabar con falsificación de drogas para combatir malaria

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Subregión del Gran Mekong debe apoyarse en iniciativas en curso para dar respuesta duradera a medicinas falsas y deficientes, dice Charles Delacollette

Los programas contra la malaria promueven una combinación de terapias basadas en la artemisina (ACT por sus siglas en inglés) –poderosas medicinas salvadoras de vidas usadas para controlar la enfermedad– y las ponen a disposición en cada país donde la enfermedad es endémica.

Pero en la frontera entre Camboya y Tailandia ha surgido recientemente una resistencia del parásito a las artemisinas. Ello se ha documentado mediante el incremento inusual en el tiempo que les toma a los pacientes eliminar el parásito de sus organismos, y su cada vez menor susceptibilidad a la ACT.

Esto ha provocado una reacción de diversos países para detener la expansión de la resistencia más allá de la subregión del Gran Mekong, y para responder a una pregunta fundamental: ¿por qué ha surgido en esta región en particular?

Uno de los factores clave es la disponibilidad de medicinas de origen y calidad cuestionables. Dicho de otro modo: la presencia de medicinas falsificadas y de fabricación deficiente.

Se estima que el 20 por ciento de todas las muertes causadas por malaria en el mundo puede estar asociado directamente con el uso de tales medicamentos. Aunque el impacto sobre la morbilidad y mortalidad sigue siendo desconocido, están en marcha esfuerzos para detectarlos, enfrentar la actividad criminal y aplicar regulaciones contra la falsificación de medicamentos.

Detectando falsificaciones

En el Gran Mekong y más allá, los países han venido tomando medidas para enfrentar las falsificaciones locales o importadas. El primer paso fue documentar la magnitud del problema sin depender de rumores o desinformaciones.

Los estudios colaborativos que usan análisis forenses para tomar muestras de medicamentos, por ejemplo, han mostrado que medicinas con artemisina falsificada están circulando de manera extendida dentro y fuera del sudeste asiático.

También sugieren que la mitad del artesunato (un fármaco del grupo de las artemisinas) que circulaba por la región hace diez años era falso.

La situación ha mejorado gracias a investigaciones epidemiológicas internacionales sobre el comercio de artesunato falso, la identificación de los principales falsificadores y la consiguiente clausura de fábricas ilegales que producían medicinas falsificadas.

Desde el año 2000, los socios de la Iniciativa para Hacer Retroceder la Malaria en el Mekong (Mekong Roll Back Malaria Initiative) han intensificado sus intervenciones en la región.

Una de ellas consiste en el monitoreo intensivo de las medicinas antimaláricas en diferentes puntos de su distribución, incluyendo tiendas particulares y vendedores privados, y constatando su calidad con los estándares internacionales.

Los métodos varían desde las simples inspecciones en campo –buscando fallas en el etiquetado o si las tabletas se disuelven de manera normal, por ejemplo– a otros más sofisticados, como cromatografías, una técnica que separa las mezclas químicas. La construcción de capacidades para este tipo de monitoreo ha sido una parte esencial del proyecto.

Entre el 2 y el 20 por ciento de los antimaláricos no cumplieron con los estándares internacionales de calidad en los últimos cinco años. La proporción fue más alta en las provincias remotas, donde la carencia de sistemas de salud bien estructurados propicia el florecimiento de clínicas privadas e informales.

Sistemas de vigilancia más sólidos

Los gobiernos han recibido apoyo financiero y técnico extra para la regulación y aplicación de la ley, incluyendo la construcción de capacidades para vigilar la importación y distribución de medicamentos, vacunas y reactivos de laboratorio.

Gracias a los esfuerzos de los socios de la Iniciativa para Hacer Retroceder la Malaria y de la OMS, y en especial de la Farmacopea de los Estados Unidos, las principales propuestas de financiamiento para el control de la malaria apoyadas por el Fondo Global de Lucha contra el VIH, Tuberculosis y Malaria ahora incluyen un componente estratégico para monitorear las medicinas falsas y de calidad inferior.

Esto significa que las autoridades reguladoras de medicamentos en los países afectados necesitan fortalecer su capacidad de vigilancia, actualizar sus procedimientos reguladores y establecer sistemas simples de rastreo e información.

En la frontera entre Camboya y Tailandia, por ejemplo, las autoridades locales identifican las farmacias o tiendas particulares que venden medicinas ilegalmente, destruyen aquellas que no se adaptan a los estándares nacionales de regulación, e imponen severas sanciones.

Esas operaciones están empezando a mostrar resultados. Encuestas realizadas por diversos socios y coordinadas por los programas nacionales, como ACTWatch, muestran que durante 2010 se comercializaron menos antimaláricos falsos o de calidad deficiente que en años anteriores.

La OMS y sus socios también han puesto en marcha un mecanismo de alerta en Internet para la región del Pacífico occidental. Creado en 2001, está dirigido a la detección temprana, notificación fácil y mapeo de los potenciales medicamentos falsificados o deficientes en las farmacias oficiales o puntos de venta de medicinas.

Esto se podría enlazar con los sistemas nacionales existentes que monitorean otros riesgos, como la intoxicación con alimentos.

Pero un sistema de este tipo debe funcionar bien a nivel nacional en primera instancia y eso requiere más financiamiento. También se deben hacer esfuerzos para aumentar la conciencia pública y alentar a los usuarios a informar sobre los incidentes.

Buenas prácticas

Otra prioridad en la lucha contra los medicamentos falsos es propiciar la producción de medicinas como parte de un marco global o regional de 'buenas prácticas de fabricación', lo que incluye un robusto sistema de vigilancia poscomercialización.

El mercado de falsificaciones se reducirá si se realizan buenas prácticas y se promueve la concientización pública diaria y sistemáticamente, y si se predice mejor la escasez de medicamentos para producir genéricos de alta calidad.

Nada de esto es fácil de hacer cuando el lucro, en lugar de la salud pública, es la motivación principal. Esto es particularmente difícil en los países de bajos ingresos que no cuentan con un sistema de seguro para los pobres y donde el mercado de medicamentos está creciendo y no está regulado.

Pero se están haciendo esfuerzos que comprometen al sector privado a distribuir solamente medicinas fuertemente subsidiadas y de alta calidad que combatan la malaria. En Camboya y algunos países del África, por ejemplo, iniciativas como el Centro de Medicinas Asequibles-Malaria (Affordable Medicines Facility)  desarrollan mecanismos de subsidio para vender antimaláricos genuinos a precio de costo.

Las donaciones sustanciales del Fondo Global también están garantizando que ACT de alta calidad sean ampliamente promovidas en todos los países del Mekong. Este no era el caso hace algunos años.

Pero no todos los países participan por igual en estas operaciones, por lo que se requiere que los resultados prometedores sean publicados o documentados, identificando las buenas prácticas y difundiéndolas a través de los medios de comunicación.

Las medicinas falsificadas pueden matar, y las medicinas de calidad deficiente contribuyen a la mortalidad al propiciar resistencia. Se debe ayudar a los países de bajos ingresos a implementar una respuesta de largo plazo para documentar la magnitud del problema y hacer frente a la amenaza con herramientas y regulaciones eficaces y respeto a la ley.

Charles Delacollette es coordinador del Programa contra la Malaria del Mekong en Bangkok, Tailandia.

Este artículo es parte de un Informes especial sobre la Detección de medicamentos falsificados.

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