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Vinchuca o chinche besucona, el insecto vector de la enfermedad de Chagas.
  • Abordaje de género es necesario en lucha contra Chagas

Vinchuca o chinche besucona, el insecto vector de la enfermedad de Chagas.
Crédito de la imagen: Salud.com.ar

De un vistazo

  • Investigación en comunidad hondureña encontró diferencias de género en prevención de Chagas

  • En Centroamérica, presencia del vector aumenta en condiciones precarias de vivienda

  • Resultados son válidos para otras comunidades indígenas con similares patrones de comportamiento de género

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Las actitudes de prevención de la enfermedad de Chagas y la promoción de la salud están ligadas a los roles de género, indica una investigación realizada en la comunidad indígena de El Salitre, en Honduras.

Con el fin de entender las diferencias de género en la implementación de estrategias para la prevención del Chagas, el estudio relacionó las características socioeconómicas, la participación comunitaria y las relaciones sociales de 84 por ciento de la población adulta de esta comunidad con la adopción de mejoras a viviendas para controlar esta enfermedad.

Los promotores de la salud necesitamos asegurar la participación y colaboración de ambos sexos; la tendencia en América Central es encontrarse separadamente pero no se promueve la colaboración mutua”.

Carlota Monroy, Universidad San Carlos, Guatemala


El Chagas es causado por el parásito Trypanosoma cruzi, transmitido por contacto de las heces de un pequeño insecto hematófago conocido como vinchuca o chinche besucona, según la zona geográfica. En Centroamérica, el riesgo de esta enfermedad aumenta con las precarias condiciones de algunas áreas rurales y los cambios ambientales conducidos por las personas, que fortalecen la presencia del insecto vector.

Los investigadores se basaron en las relaciones generadas en el marco del proyecto “Ecosalud - Intervenciones para la prevención de Chagas en América Latina”, promovido por el Centro de Investigación para el Desarrollo Internacional, que también financió esta investigación. Desde 2004, el proyecto involucró a programas de control de vectores, instituciones académicas y organizaciones de la sociedad civil de Guatemala, Honduras y El Salvador en estrategias participativas para mejorar las viviendas de cara al control de vectores.

El estudio, publicado en EcoHealth, identificó que hombres y mujeres se guían por diferentes preocupaciones, intereses y motivaciones cuando adoptan nuevas estrategias de prevención de la enfermedad de Chagas.

“Para ellos, la educación y la participación activa son generadores de acción, mientras que para ellas, el estatus socioeconómico y el conocimiento sobre el tema priman a la hora de tomar decisiones”, explicó Carlota Monroy, una de las investigadoras. “Los promotores de la salud necesitamos asegurar la participación y colaboración de ambos sexos; la tendencia en América Central es encontrarse separadamente pero no se promueve la colaboración mutua”.

El interés por la prevención del Chagas se fortalece mediante estrategias holísticas que promuevan la seguridad alimentaria, ingresos económicos y educación –principales intereses de las comunidades más afectadas. Poblaciones con contextos similares a los de El Salitre (como las indígenas Lenca en Honduras, Chortis en Guatemala y algunos descendientes Maya en Mesoamérica) podrían tener patrones de comportamiento similares entre géneros, señaló.

Carolina Carrillo, investigadora del Instituto de Ciencia y Tecnología César Milstein en Argentina, comentó que la prevención del Chagas no escapa a la visión masculina del abordaje general de la salud. “Aunque en muchos países se ha logrado una correcta articulación del control vectorial, queda el estigma de la transmisión vertical del Chagas, es decir, de la madre infectada a su bebé”, explica.
Carrillo, quien forma parte del grupo “Hablemos de Chagas” y colabora con la Cátedra Regional de la UNESCO Mujer, Ciencia y Tecnología, agregó que las diferencias de género se incrementan en poblaciones históricamente vulnerables y discriminadas, como indígenas y habitantes de zonas rurales.

“En nuestra experiencia, la educación es un arma poderosa, especialmente cuando se aborda el tema de salud y género desde la niñez. Pero para que funcione, debe ser un esfuerzo sostenido en el tiempo, y todos somos responsables de ello. No hay voces más o menos autorizadas para hablar de Chagas. Hay miles de maneras válidas de abordarlo, especialmente cuando tratan de combatir la exclusión”, expresó.

> Enlace al resumen del estudio en EcoHealth
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