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  • Sostenibilidad requiere políticas locales, no metas globales

Metas de desarrollo sostenible funcionarán si involucran la realidad de las políticas nacionales, dice Matthew Lockwood, experto en política.

En el periodo previo a la conferencia de la ONU sobre Desarrollo Sostenible (Río+20) a realizarse este mes en Brasil, se ha escrito mucho sobre cómo definir el desarrollo sostenible; el balance entre sostenibilidad ambiental y desarrollo humano; los tipos de metas y objetivos que podrían adoptarse; y cómo estos se podrían relacionar con las metas posteriores a los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM).

Se trata de importantes debates, pero lo que más preocupa son las políticas de desarrollo y medioambiente a nivel nacional y local, a las que no se está prestando suficiente atención.

¿Por qué son tan importantes las políticas nacionales? Porque si se mira hacia atrás los últimos 20 años, la mayoría de avances en temas como pobreza, desarrollo humano y cambio climático han sido impulsados por los problemas nacionales, no por los objetivos o agendas multilaterales.

Logros nacionales

El rápido crecimiento económico de China e India ha impulsado gran parte de la reciente reducción global de la pobreza. Sin embargo, el crecimiento económico de Asia ha provenido de estrategias deliberadas de las élites nacionales, no a causa de una agenda de la ONU en reducción de la pobreza.

Este artículo es parte de nuestra cobertura de los preparativos para Río+20, la Conferencia sobre Desarrollo Sostenible de la ONU (20 a 22 de junio 2012). Para otros artículos, ingrese a Ciencia en Río+20

Del mismo modo, la reducción de la desigualdad en Brasil a través del programa de bienestar social Bolsa Familia no se deriva de los ODM, sino de un debate político nacional sobre el salario mínimo.

Por el contrario, muchos países del sub Sahara africano se han apartado de los ODM porque sus élites políticas están concentradas en mantenerse en el poder en lugar de comprometerse con políticas que generen un auténtico desarrollo.

El panorama es similar en la esfera ambiental. El Protocolo de Kioto tenía multitud de objetivos, pero carecía de mecanismos efectivos para asegurar la participación de los países o el cumplimiento de los mismos (Canadá simplemente se alejó el año pasado).

Pero al mismo tiempo, los dos mercados más grandes de energía limpia del mundo están en dos países que no tienen obligaciones con el Protocolo de Kioto: los Estados Unidos (que no lo ratificaron) y China (que no tiene metas de reducción de emisiones).

¿Qué podemos aprender de todo esto? Los objetivos multilaterales son mucho menos importantes de lo que con frecuencia se cree, y las políticas nacionales pesan mucho más.

La realidad es que los países deben ‘apropiarse’ políticamente de los objetivos para que tengan empuje. Incluso donde los objetivos son domésticos (como la meta del Reino Unido de erradicar la pobreza infantil para 2020), no podrán satisfacerse si no hay una apropiación política.

De lo global a lo nacional

Las propuestas para fijar objetivos de desarrollo sostenible —como las que están impulsando en Río+20 Colombia, Perú y los Emiratos Árabes Unidos— abarcan tres tipos diferentes de temas.

El primero es el conjunto de retos relacionados con la pobreza por ingresos, seguridad alimentaria y extrema desigualdad. Estos temas ya están en la agenda política, especialmente de las economías emergentes como Brasil, India y China.

Hay una creciente presión nacional para que todos se beneficien del crecimiento económico en estos países, y mucho debate sobre cómo introducir algún tipo de cobertura universal de bienestar. Los objetivos multilaterales pueden reforzar esta presión, especialmente si las organizaciones de la sociedad civil las asumen internamente, sin embargo el cambio también puede lograrse sin ellas.

El segundo grupo de temas incluye a los problemas ambientales asociados con el rápido crecimiento industrial, tales como la calidad del aire y del agua. En los sistemas políticos con algún mecanismo de rendición de cuentas, estos problemas ya están también en la agenda, porque la gente tiene interés inmediato en que sean abordados.

Esto no se limita a las democracias. Los casos de protesta sobre la contaminación local en la China, como la contaminación por plomo de las fábricas de baterías en Shangai, muestran hasta qué punto estas denuncias se han vuelto políticamente visibles y cómo las autoridades las están tomando más seriamente.

De nuevo, los objetivos multilaterales pueden ayudar, pero los principales conductores del cambio provendrán de las agendas nacionales.

Sin embargo, el tercer grupo de temas —la protección de los bienes públicos globales para enfrentar el cambio climático o restaurar la biodiversidad, por ejemplo— es diferente. Si bien hay algunos conductores políticos internos de la sostenibilidad, como las preocupaciones sobre la seguridad energética, también hay obstáculos políticos, como los costos adicionales.

El problema aquí es que los objetivos internacionales por sí solos no ayudarán, como lo demuestra la experiencia del Protocolo de Kioto (o la Convención sobre Diversidad Biológica). Lo que se requiere es un acuerdo internacional efectivo que realmente cambie los incentivos y garantice su cumplimiento. Podríamos conseguirlo a través del proceso de la Plataforma de Durban, pero también puede que no.

Compromiso con el mundo real

La única área donde los objetivos multilaterales han hecho una gran diferencia es en la ayuda a los países más pobres. Los ODM han jugado un papel significativo en la configuración de prioridades de cooperación, y probablemente han hecho la diferencia en algunos ámbitos, por ejemplo aumentando la proporción de ayuda dirigida a la educación primaria en vez de la secundaria.

Pero para que esas ganancias sean verdaderamente sostenibles, los objetivos del desarrollo sostenible tienen que ser apropiados por los gobiernos y las élites políticas de los países más pobres del mundo, con lo cual regresamos nuevamente a las políticas nacionales.

Dicha apropiación no provendrá solamente de los acuerdos multilaterales sobre definiciones u objetivos.
Solo vendrá, en la mayoría de casos, mediante una transformación de las políticas en aquellos países, y del surgimiento de líderes políticos auténticamente comprometidos con el desarrollo. Ello probablemente ocurrirá mediante la combinación de diferentes presiones desde las bases y de un cambio de perspectiva entre las élites.

Si el debate en Río+20 ha de tener algún significado, este debe ser un debate sobre si las cumbres multilaterales y objetivos pueden comprometerse con el mundo real de las políticas nacionales, y de qué manera.

Matthew Lockwood preside el equipo de cambio climático del Instituto para Estudios de Desarrollo en Brighton, Reino Unido. Se le puede escribir a: M.Lockwood@ids.ac.uk.

Este artículo es parte de nuestra cobertura Ciencia en Río+20.

 



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