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  • Desarme nuclear, prioridad de la diplomacia científica

El clima político es favorable a un nuevo intento de eliminar las armas nucleares y los científicos pueden elevar su probabilidad de éxito.

A principios de este año satélites estadounidenses detectaron la primera columna de vapor de un reactor nuclear construido en Pakistán para producir combustible para bombas nucleares, confirmando el deseo del país de fortalecer su estatus como una potencia nuclear.

La observación — que vino poco antes de la revisión de este mes de la conferencia del Tratado sobre la no Proliferación de Armas Nucleares (TNP) en Nueva York — es una evidencia más de que la propagación no regulada de tecnologías nucleares sigue estrechamente ligada a los peligros de un conflicto nuclear. 

La buena noticia es que el Presidente de Estados Unidos Barack Obama parece determinado a hacer de la eliminación de armas nucleares su primera prioridad. De hecho, el mes pasado invitó a 47 jefes de Estado a una cumbre sin precedentes en Washington, para promover el desarme y acordar estrategias para prevenir el terrorismo nuclear y salvaguardar el material nuclear.

Pero las noticias de Pakistán, junto a un persistente desacuerdo sobre la mejor forma de hacer frente a otros estados nucleares emergentes, tales como Irán y Corea del Norte, ilustran cuánto falta por recorrer — y los obstáculos políticos que todavía se deben superar — antes de que esta meta se alcance.

Nuevas esperanzas

Todavía hay una sensación de optimismo para la conferencia de revisión de este año, lo que se echó de menos en la última reunión de 2005. Entonces, la agresiva postura tomada por la administración Bush — describiendo a Corea del Norte como parte de un “eje del mal”, por ejemplo — condenó las discusiones a quedar en un punto muerto.  

Esta vez, las perspectivas de acuerdo son significativamente mayores. Obama no sólo ha adoptado una actitud más moderada hacia los asuntos internacionales en general, sino que ya ha alcanzado logros significativos en el frente nuclear.

El mes pasado, por ejemplo, Rusia y Estados unidos anunciaron un acuerdo de control de armas bajo el cual ambos reducirán significativamente sus arsenales nucleares. Y, desde entonces, Obama ha revisado su política nuclear para establecer, por primera vez, que los estados no nucleares que hayan firmado el TNP nunca serán objetivo de las armas nucleares de EE.UU.

Ambos acuerdos podrían haber ido más lejos. Algunos en la administración Obama querían que él diera un paso más al prohibir el uso de armas nucleares contra cualquier amenaza o ataque no nuclear. Y pese a los nuevos recortes, tanto Rusia como los Estados Unidos todavía tendrán armas nucleares suficientes para destruir a la humanidad varias veces.

Los recientes movimientos, no obstante, han creado un clima político en el cual un acuerdo significativo, al menos entre los estados con armas nucleares, parece más realista de lo que ocurría hace cinco años. Incluso hay signos de que los Estados Unidos podrían finalmente ratificar el Tratado para la Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares, el próximo gran paso hacia el desarme nuclear mundial.  

Necesidad de vigilancia

Las razones para el optimismo no se restringen al cambio en la posición de Estados Unidos. Igualmente influyente ha sido la creciente conciencia dentro de los mundos desarrollado y en desarrollo sobre las amenazas del terrorismo nuclear y la necesidad de mejorar la protección de los materiales nucleares.

Hace 18 meses, por ejemplo, un grupo armado fue capturado entrando a instalaciones nucleares en Sudáfrica, en un aparente intento de robar uranio de grado de armas que se ha almacenado en ese lugar desde principios de la década de 1990, bajo supervisión internacional.

El incidente entrega un sombrío recordatorio de la necesidad de una vigilancia continua y efectiva. Esta necesidad aumentará en la medida en que más países en desarrollo migren hacia la energía nuclear como una fuente de energía accesible, una tendencia que será reforzada por los esfuerzos internacionales de promover la energía renovable como una estrategia para enfrentar el cambio climático. 

Pero el peligro es que las iniciativas encabezadas por EE.UU. serán vistas, con alguna justificación, como poco más que intentos por defender los intereses estadounidenses, influidos tanto por las relaciones políticas como por un genuino deseo de desarme nuclear.

Por ejemplo, el tratado de cooperación nuclear entre los Estados Unidos e India que entró en vigencia en 2008 ha sido citado por el Fondo Carnegie para la Paz Internacional como un ejemplo de intereses diplomáticos y comerciales puestos por delante de las responsabilidades de no proliferación, y fue criticado por exacerbar las tensiones nucleares en Asia del Sur.

¿Científicos, diplomáticos o ambos?

La única solución para el mundo en desarrollo es aceptar que está interesado en la no proliferación nuclear internacional, la única forma de prevenir que conflictos regionales escalen a intercambios nucleares. 

La comunidad científica ha tenido que jugar un importante rol en este proceso al explicar la amenaza que plantean, incluso, las armas nucleares relativamente pequeñas, y aconsejando sobre cómo desarrollar salvaguardas sin restringir demasiado los usos pacíficos de la energía nuclear.

Los científicos ya han mostrado su valía al mantener los canales de comunicación abiertos entre Estados Unidos y la Unión Soviética durante la Guerra Fría. Las Conferencias de Pugwash sobre Ciencia y Asuntos Mundiales fueron instrumentales a esa ‘diplomacia de la ciencia’ y puede no ser coincidencia que el enfoque esté siendo favorecido en Washington, donde John Holdren, quien alguna vez encabezó Pugwash, es el consejero de Obama en ciencia y tecnología.

Si tal diplomacia sobre el control de armas nucleares u otros asuntos científicos es conducida por intereses políticos y comerciales del mundo desarrollado, seguirá siendo sospechosa y condenada a fracasar.  
 
Pero si puede ser verdaderamente internacional, las posibilidades de éxito son mucho más altas. Alcanzar un acuerdo global sobre los pasos que se requieren para eliminar las armas nucleares del mundo sería un buen punto de partida.
           
David Dickson
Director, SciDev.Net
 
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