Acercar la ciencia al desarrollo mediante noticias y análisis

  • La diplomacia científica debe concentrarse en la gente

Alianzas científicas para la diplomacia y el desarrollo deben comprometer en primer lugar a los científicos, afirma el experto Ali Douraghy. 

La comunidad científica contribuyó a facilitar el diálogo entre los Estados Unidos y la Unión Soviética en la época de las tensiones geopolíticas de la Guerra Fría, durante la segunda mitad del siglo pasado. Hoy, en medio de un nuevo escenario político, los Estados Unidos recurren nuevamente a la ciencia para el desarrollo y la diplomacia. 

En un discurso emblemático en El Cairo, Egipto, el verano pasado, el presidente de EE.UU., Barack Obama prometió desarrollar un conjunto de iniciativas de ciencia y tecnología para promover relaciones pacíficas con las comunidades musulmanas. 

La respuesta del mundo árabe e islámico en general a la propuesta de Obama fue abrumadoramente positiva. Desde Abu Dhabi hasta Rabat, incentivó que las personas visualizaran un promisorio futuro marcado por nuevos empleos, seguridad alimentaria e hídrica y mejores relaciones con Estados Unidos.
 
Desde entonces, se han dado muchos pasos para hacer avanzar la ‘diplomacia científica’. Las oficinas de ciencia y tecnología del Departamento de Estado de EE.UU. y la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional están logrando un apoyo sin precedentes. Y los tres primeros enviados científicos de EE.UU. han regresado de sus visitas a países mayoritariamente musulmanes con noticias sobre el enorme potencial y demanda por colaboración científica. El anuncio de más enviados es inminente. 

Pero el cambio real sólo puede alcanzarse a través de resultados tangibles que incidan en la vida cotidiana de millones de personas. 

Y mientras el diálogo a nivel gubernamental indudablemente abre canales de comunicación y moldea el marco para un compromiso, es sólo el primer paso en la construcción de una colaboración científica que conduzca hacia desarrollos concretos y resultados diplomáticos. 

Necesitamos urgentemente movernos hacia la siguiente fase de la cooperación científica, que debe arraigarse a niveles más profundos y extensos dentro del islamismo y otras sociedades. 

Las personas son la meta 

El desafío es poner a las personas — científicos e investigadores — al frente del compromiso.
Los temas más urgentes, tales como el cambio climático, el agua potable y la energía renovable, no consideran límites políticos. Intensificar el intercambio entre científicos a nivel internacional para abordar estos desafíos compartidos es una necesidad — no sólo para las relaciones entre EE.UU. y el mundo islámico — sino para todos los países. 

En parte, esto significa desarrollar iniciativas que lleven a expertos estadounidenses a países en desarrollo para capacitar a científicos locales. Por ejemplo, el Taller Regional de Capacitación de África Oriental, auspiciado de forma conjunta por instituciones en Estados Unidos y Tanzania o el Programa Internacional Whitaker de Becas y Becarios, que financia a ingenieros biomédicos para que realicen proyectos de investigación en el extranjero. 

Ofrecer más espacios a docentes y estudiantes de postgrado para enseñar o liderar investigaciones en otros países promoverá un nuevo tipo de ‘diplomáticos de la ciencia’. 

Pero si es importante abrir la puerta a que más científicos estadounidenses salgan, es igualmente importante mantenerla abierta para que científicos extranjeros entren. 

Para estos científicos asegurar un contacto cercano y continuo con sus colegas de EE.UU. podría ofrecerles credibilidad, no sólo en sus áreas de especialización, sino también en otros asuntos de importancia regional y nacional. Y estos científicos pueden ser efectivos embajadores en sus países de residencia, al interactuar frecuentemente con cientos de estudiantes cada día. 

Programas como el National Science Foundation's International Research Fellowship — que lleva a Estados Unidos a científicos e ingenieros que inician su carrera para que reciban capacitación avanzada— proporcionan otra valiosa estrategia para construir capacidad científica en el exterior. 

Pero los restrictivos requisitos para obtener visa son un gran obstáculo para ampliar tales iniciativas. A los investigadores se les niega de forma rutinaria el permiso para asistir a reuniones en Estados Unidos y destacados estudiantes de postgrado que se enfrentan a iniciar su programa de doctorado con visa de una sola entrada están yéndose en forma creciente hacia universidades en Canadá y otros países a seguir sus estudios. 

Las agencias de protección fronteriza de EE.UU. deben encontrar un balance apropiado entre la seguridad nacional y el aumento del ingreso de científicos. Ambos son parte integral de la seguridad nacional. 

Nuevas colaboraciones 

Hay otros caminos que se pueden explorar para incrementar la colaboración. Las conferencias internacionales, por ejemplo, pueden estimular la asociatividad a través de sesiones que sean definidas más como comunicación espontánea que como diálogos estructurados. Otra potencial actividad de foro podría centrarse en identificar mecanismos de financiamiento que apoyen la colaboración conjunta más allá del período de la conferencia. 

Las comunidades en el exterior — tales como la Fundación Argelino-Americana para la Cultura, la Educación, la Ciencia y la Tecnología, que busca “promover el progreso en las relaciones bilaterales” — también podrían ser invaluables al asegurar que las necesidades locales y las realidades en terreno sean tomadas en cuenta en nuevas iniciativas lideradas por Estados Unidos. 

Y reintroducir a los agregados científicos en las embajadas estadounidenses podría ayudar al inicio de nuevas colaboraciones y fortalecer actividades existentes. Considere, por ejemplo, el papel que desempeñaron los agregados científicos en las exploraciones bilaterales del espacio y del desierto durante la década de los años setenta: cercano a las comunidades científicas de ambos lados, un agregado científico puede coordinar un diálogo que resulte en un uso mucho más eficiente de los recursos disponibles. 

Las comunidades científicas y políticas en todo el mundo deben trabajar juntas para crear nuevas iniciativas y revisitar instrumentos existentes para mantener la colaboración y el intercambio entre científicos.
 
Estas asociaciones son vitales para alcanzar un desarrollo real y resultados diplomáticos que permeen la vida cotidiana de millones. La colaboración científica internacional debe fortalecerse, antes de que el ímpetu generado por la diplomacia científica de desvanezca y la ciencia internacional no logre cumplir sus promesas. 

Ali Douraghy es miembro de Políticas de Ciencia y Tecnología 2010-11 de la AAAS.