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  • Imprecisión más que parcialidad, problema de los medios

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Los medios son criticados frecuentemente por centrarse excesivamente en ofrecer 'malas' noticias sobre cultivos transgénicos (de hecho, sobre eventos en general). Estas críticas ignoran que muchas veces el problema no es parcialidad, sino imprecisión en las informaciones.

Uno de los principales equívocos sobre los cultivos genéticamente modificados (GM) es que su principal contribución al bienestar social es el incremento en el beneficio de los agricultores por el aumento de la producción en sus cosechas, ya sea a través de la producción y venta de alimentos, como maíz o arroz, o de mercaderías básicas, como el algodón. En cualquiera de los casos, los detractores se centran en contrastar la búsqueda de beneficios con los daños potenciales que esas cosechas pueden causar, por su impacto en la salud humana o por los trastornos en los ciclos naturales.

Sin embargo, parece olvidarse con frecuencia que en ocasiones el incremento de la producción agrícola puede acabar siendo, sin proponérselo, un subproducto interno beneficioso tanto para la salud humana como para el ambiente. Tal vez el mejor ejemplo esté en los cultivos que se modifican genéticamente para ser resistentes a las destructivas plagas de insectos, ya que reducen significativamente el uso de pesticidas.

El uso excesivo de estos químicos les ha costado caro a muchos países en desarrollo. Los campesinos pasan mucho tiempo y con escasa protección aplicando productos diseñados para acabar con plagas indeseadas y acaban siendo víctimas de la sobre-exposición a venenos. En ciertos países, el número de víctimas se cuenta por miles cada año. Además, el perjuicio que esos pesticidas causan en la vida silvestre puede llegar a ser igualmente grave.

Razón de más, pues, para alegrarnos por los resultados de un estudio llevado a cabo en China publicado hace dos semanas en la revista Science, que demuestra una espectacular disminución de los casos de envenenamiento por pesticidas entre campesinos de cultivos genéticamente modificados (consulte el artículo GM rice 'good for Chinese farmers health and wealth). El estudio mostró que un 11 por ciento de los agricultores que cultivaban arroz tradicional sufrieron síntomas de envenenamiento por pesticidas. En cambio, no se dieron casos de intoxicación en campesinos que cultivaban arroz genéticamente modificado.Crítica silenciosa

En principio, cabría esperar que los grupos ambientalistas se felicitaran por esos resultados. Después de todo, estos grupos se encuentran tradicionalmente entre los mayores opositores al uso excesivo de pesticidas químicos, tanto en los países desarrollados como en los países en desarrollo. Recordemos la manera como el libro "Primavera silenciosa", de Rachel Carson, un violento opositor de esas prácticas en los Estados Unidos, promovió la creación del movimiento de defensa del ambiente a principios de los años 60.

Se puede también argumentar que, ya que esos grupos afirman preocuparse por campesinos y pequeños agricultores, especialmente cuando se trata de condenar su explotación a manos de las grandes multinacionales de las semillas, podrían tener otro motivo para celebrar los resultados del estudio llevado a cabo en China.

Sin embargo, contra lo que cabía esperar, los detractores de los productos genéticamente modificados no se han pronunciado a favor. En parte, como resultado de este silencio, los medios de comunicación tampoco han dado mucha cobertura al asunto. A pesar de ello, las noticias sobre este estudio no han pasado completamente inadvertidas. Es cierto que su cubrimiento ha sido relativamente escaso, ciertamente mucho menor de lo que hubiera sido en el caso contrario, concretamente si el estudio hubiera revelado que, en realidad, el arroz genéticamente modificado causase problemas de salud en los campesinos que manejaban este tipo de semillas.

Todo esto ha provocado comentarios en diversas esferas. Uno de los miembros de la Junta Directiva del American Council on Science and Health, organismo financiado por la industria que desafía frecuentemente las acciones de los ambientalistas en temas de salud y seguridad, sugiere que, en lugar de permanecer en silencio, los opositores al uso excesivo de pesticidas "deberían salir a la calle gritando aleluya a la biotecnología y fomentando el uso de semillas resistentes a plagas". Una respuesta apropiada

Estas reacciones exigen una respuesta apropiada. Los grupos ambientalistas son criticados frecuentemente por tomar actitudes excesivamente negativas hacia los temas que les preocupan. Esto no debe sorprender a nadie. Después de todo, no es su función fomentar nuevas tecnologías, particularmente las de tipo más comercial, de las que ya se ocupan los especialistas en relaciones públicas.

En cambio, estos grupos son importantes para cualquier sociedad precisamente por su función de denunciar y, por supuesto, de centrarse en los efectos secundarios indeseables del progreso tecnológico y científico a los que no se les ha dado atención suficiente, así como en los daños potenciales antes de que ocurran. Si estos grupos hubieran sido más fuertes en los Estados Unidos en los años 50, el enorme daño ecológico relatado por Carson podría haberse evitado.

Lo mismo puede aplicarse a los medios de comunicación. No les corresponde a ellos otorgar igual importancia a todas las noticias relacionadas con un asunto específico, ya sean positivas o negativas. La importancia otorgada a una historia particular se basa en la valoración del editor de noticias del interés potencial que despierte entre lectores o televidentes. De manera significativa, las publicaciones que se centran en ofrecer sólo noticias 'positivas' raramente obtienen grandes índices de audiencia o de ventas.

No parece procedente, por tanto, culpar a los medios por otorgar una mayor prioridad a historias negativas sobre cultivos genéticamente modificados que a las positivas. En parte, esas críticas son con frecuencia exageradas. Quienes apoyan los productos genéticamente modificados suelen exagerar el equilibrio relativo entre los dos tipos de historias que aparecen en los medios. El cubrimiento de los periódicos refleja en parte el tipo de información que la gente quiere leer, particularmente en un mundo que suele minimizar los riesgos potenciales de la ciencia y la tecnología.El azote de la inexactitud

No podemos, sin embargo, darnos por satisfechos con el cubrimiento que los medios dan al tema de los transgénicos, ni por lo que transmiten los ecologistas, que suelen caer en lo mismo. Como ya hemos mencionado anteriormente, los defensores de los cultivos genéticamente modificados reclaman, no sin razón, que el cubrimiento no se contextualiza.

Sin embargo, el verdadero crimen no es la parcialidad. Sería ingenuo pensar que los periodistas pueden, o incluso deben mantener la objetividad frente a los temas que cubren. Poseer un gran interés en la materia puede con frecuencia inspirar artículos de alta calidad. En contraposición, son los hechos informados de manera imprecisa los que crean las peores tergiversaciones. No es posible tomar decisiones correctas basándose en hechos errados, mientras que la verdad, ya sea en periodismo o en campaña, tiene un componente esencial del que la objetividad carece.

Las imprecisiones abundan en uno y otro lado del debate sobre productos transgénicos. Por un lado, los partidarios de este tipo de productos afirman que los alimentos genéticamente modificados son completamente seguros, no provocan un impacto significativo en el ambiente y acabarán solucionando el problema del hambre en el mundo. Por otro lado, los críticos también exageran cuando afirman que está comprobado el peligro de esos alimentos para la salud humana y que causan graves daños ambientales comparados con otro tipo de innovaciones agrícolas, como las relacionadas con los pesticidas químicos.

Thomas Jefferson, uno de los autores más importantes de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos escribió "a los pueblos que están bien informados se les puede confiar su propio gobierno". La siguiente frase de su texto, menos conocida, reza así: "cuando las cosas están tan equivocadas que llaman la atención, podemos confiar en ellas para corregirlas". Jefferson no estaba en realidad afirmando que la información sobre lo bueno debería equilibrar la información sobre lo malo. Por el contrario, decía que la información sobre lo malo debería precisarse para poder corregirla.

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