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  • Ministros de ciencia deben asumir su trabajo con seriedad

Sin ministros de ciencia comprometidos se pueden perder oportunidades cruciales para el desarrollo. 

El nuevo ministro de ciencia indio, Vilasrao Deshmukh, tuvo múltiples ocupaciones durante la semana después de su nombramiento, porque además ganó las elecciones como presidente de la asociación de críquet de Mumbai. Pero incluso para una nación fanática de este deporte como India, el retraso en comenzar su trabajo dejó un sabor a indiferencia que no augura algo bueno para la ciencia en el país. 

La ciencia y la tecnología son cada vez más importantes en los países en desarrollo porque actúan como motores del crecimiento económico y el desarrollo social. La ciencia también se ha convertido en moneda para la diplomacia internacional, y los acuerdos científicos bilaterales se van posicionando dentro de los programas de intercambio cultural para el fortalecimiento de lazos políticos y económicos entre países. 

Así, los ministros de ciencia desempeñan un papel fundamental tanto a nivel nacional como internacional. En sus países deberían promover el financiamiento para la ciencia y nuevas iniciativas políticas en las reuniones de gabinete. En el parlamento deberían defender y explicar las políticas de gobierno sobre la ciencia. Y deberían considerar la percepción pública de temas como los cultivos genéticamente modificados

A nivel internacional, la imagen de un país es mejor si un ministro de ciencia está activamente involucrado en los intercambios bilaterales, en lugar de asistir por mera formalidad. 

En general, el trabajo de un ministro de ciencia es un desafío en el mundo moderno, que requiere tanto visión como compromiso. 

Generar un impacto 

Algunos ministros de ciencia han tenido impacto en países en desarrollo al mostrar tales atributos. Uno de ellos es el nuevo director ejecutivo de la Academia de Ciencias para el Mundo en Desarrollo (TWAS, por su sigla en inglés), Romain Murenzi, quien fue ministro de ciencia de Rwanda desde 2001 a 2009, y jugó un papel clave para que su país, devastado por la guerra, surgiera en la última década como uno de los potenciales líderes científicos de África. 

La ministra de ciencia de Sudáfrica, Naledi Pandor, es otro ejemplo. Ella ha respaldado incondicionalmente las incursiones de su país en proyectos internacionales de astronomía, argumentando que pueden ayudar a capacitar a la próxima generación de científicos e ingenieros en su país. 

También está el ex ministro de ciencia de Pakistán, Atta-ur-Rahman, que persuadió a su gobierno para que aumentara en 60 veces el presupuesto de ciencia y tecnología entre 2001 y 2003, usando la mayoría de los fondos para apoyar el crecimiento de institutos de investigación y para atraer a científicos expatriados de regreso a casa. Su reforma aumentó en 10 veces la citación en revistas en seis años. 

Y mientras el financiamiento de India para la ciencia se ha mantenido estable durante gran parte de la última década, sin aumentos ni reducciones drásticas, ministros de ciencia como Kapil Sibal y M. G. K. Menon han brindado un fuerte apoyo político.

El juego de la silla ministerial 

Así que hay razones de más para estar nervioso sobre la aparente falta de entusiasmo de Deshmukh al tomar  posesión de su cargo, sobre todo en momentos en que están surgiendo señales fuertes de que India necesita avanzar tanto científica como tecnológicamente. 

El país ha descendido en los rankings de innovación por segundo año consecutivo, y tuvo mal desempeño en un índice tecnológico reciente. Además, ha habido varios cambios de ministros de ciencia y ha disminuido la importancia política de su cartera. 

Cuando el primer ministro indio, Manmohan Singh, nombró a Sibal como ministro de ciencia en 2004, intentó revitalizar la debilitada investigación universitaria y fortalecer los vínculos entre la universidad y la industria durante sus cinco años de mandato. 

Pero las prioridades científicas han ido cuesta abajo desde el comienzo de la ‘segunda entrada’ de Singh desde 2009. Empezó con el nombramiento de un viceministro de ciencia, Prithviraj Chavan, quien también estaba a cargo de quejas públicas, asuntos parlamentarios, pensiones y personal. 

Luego, en 2010, Singh nombró a un ministro principal, Pawan Kumar Bansal, y a un viceministro, Ashwani Kumar, que tuvieron un desempeño mediocre. Deshmukh es el tercero en ser nombrado en varios años, y muchos temen que pueda seguir el camino de sus predecesores. 

Al vecino Pakistán no le está yendo mejor. Luego de que un gobierno civil accediera al poder en 2008, el puesto de ministro de ciencia permaneció vacante durante un año, hasta que Azam Swati fue nombrado en enero de 2009.
 
Pero el año pasado, Swati fue despedido después de una discusión pública con otro ministro. Desde entonces ha habido dos sucesores. Tales cambios frecuentes difícilmente permiten el avance de la ciencia pakistaní, que enfrenta una grave crisis financiera

El compromiso es esencial 

Cualquier país en desarrollo que sea serio sobre la ciencia necesita un ministro preparado para asumir la tarea por un período razonable y que muestre un interés adecuado en sus responsabilidades. 

Ian Taylor, ex ministro de ciencia británico entre 1994 y 1997, escribió en un blog para la Campaña para la Ciencia y la Ingeniería en el Reino Unido (CaSE, por su sigla en inglés), que estaba frustrado porque “sus colegas hubieran elegido evitar hablar de temas científicos con demasiada frecuencia, como si fueran parte de un jardín cerrado del cual no tienen llave”. 

Es más, incluso si no tienen una formación en ciencias, los ministros deben al menos ser capaces de entender el idioma en el que los científicos hablan sobre su trabajo. Taylor señaló que mejorar la alfabetización científica de nuestros políticos y ministros —un proceso que no tiene lugar de un día para el otro— los ayudaría a comprender “tanto la importancia de la ciencia y la ingeniería para su trabajo como evaluar de mejor manera la evidencia científica". 

Los países en desarrollo tienen que enfrentar temas que traspasan todas las disciplinas, desde la agricultura y la medicina hasta el ambiente, cada uno con un fuerte componente científico, y la coordinación en la toma de decisiones políticas es cada vez más crucial. Un ministro de ciencia serio en cuanto a su trabajo es esencial; priorizar el críquet no es una buena manera de abrir el juego. 

T. V. Padma
Coordinadora regional del sur de Asia, SciDev.Net