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  • En perspectiva: La Academia Mundial de Ciencias

El cambio de nombre de TWAS refleja los cambios en la ciencia mundial. Pero sus prioridades originales se deben mantener, dice David Dickson.

Cuando el fallecido físico y Premio Nobel Abdus Salam estableció la que entonces llamó Academia de Ciencias del Tercer Mundo, conocida familiarmente como TWAS, a principios de los 80, tenía un claro objetivo en mente: levantar el estatus de las ciencias básicas ante los ojos de los líderes políticos de los países del mundo en desarrollo.

En una entrevista en 1984, Salam recordaba haber escrito tres años antes a los líderes de 13 de esos países que paneaban asistir a una gran cumbre Norte-Sur en Cancún, México, destacando la importancia de invertir en ciencia. Solo uno, India, se tomó la molestia de responder. “Los países del tercer mundo tienen que darse cuenta de que la ciencia básica es una actividad legítima para que le den su apoyo”, me dijo durante la entrevista.

Cuando la academia se acerca a su 30° aniversario, el próximo año, su vitalidad como organización está clara. Ahora tiene más de mil miembros en todo el mundo en desarrollo, y ha soslayado preocupaciones sobre elitismo que en algún momento me incomodaron. Esto lo ha hecho organizando numerosos programas de capacitación para jóvenes investigadores y promoviendo activamente las investigaciones colaborativas Sur-Sur  sobre asuntos socialmente importantes, tales como el impacto del cambio climático, entre otras actividades.

Pero ahora enfrenta un nuevo desafío: cómo definir su rol en un momento en que una división simplista entre países pobres y ricos ya no refleja la ciencia global. Varios de sus miembros prominentes, en particular Brasil, China e India, se han vuelto potencias científicas por derecho propio. Al mismo tiempo, para muchos de los países más pobres del mundo, tanto el gasto en ciencia como el desarrollo de capacidades para llevar los resultados científicos a la práctica siguen teniendo poca prioridad.

Cambia el nombre

El último giro para adaptarse a este nuevo ambiente tuvo lugar en Tianjin, China, el mes pasado, cuando la academia acordó cambiar su nombre a The World Academy of Sciences [La Academia Mundial de Ciencias] (TWAS). Esto ocurre después de un anterior cambio de nombre en 2004, cuando decidió llamarse La Academia de Ciencias del Mundo en Desarrollo (aunque, confusamente manteniendo el acrónimo TWAS).

El término ‘Tercer Mundo’ fue originalmente acuñado para describir países que no pertenecían ni a Occidente ni a los bloques soviéticos que se habían confrontado entre sí durante la Guerra Fría. Pero se volvió un anacronismo cuando la Guerra Fría terminó en 1989, mientras era visto por muchos, particularmente entre las crecientes economías de América Latina, como algo despectivo, dado que implicaba la imposición de un orden jerárquico mundial.

Sin embargo, incluso el título de 2004 sucumbió a las críticas, dado que parecía hacer una distinción explícita entre la ciencia que se hace en los países desarrollados y en desarrollo. Que esa línea fuera crecientemente difícil de justificar fue el factor clave detrás del último cambio de nombre, el que fue unánimemente aprobado en Tianjin.

El nuevo título, The World Academy of Sciences, también tiene la ventaja de legitimar el hecho de que se mantenga el acrónimo original, pese a que la prominencia de la T inicial parezca algo anómala.

Mantener las prioridades

El peligro, ciertamente, es que el nuevo nombre implique un organismo de igual relevancia para científicos de todos los países, tanto ricos como pobres. Eso significa que su misión de hacer avanzar la ciencia en países que están —y permanecen— particularmente necesitados, tendría que ser explicada cada vez que la organización sea presentada a ministros de gobierno o periodistas poco familiarizados con sus actividades.

Las autoridades de la TWAS se apresuran en enfatizar que el cambio en el título no significa un cambio de misión. Destacan, por ejemplo, que las reglas de la academia seguirán requiriendo que el 85 por ciento de sus miembros electos provengan de países del mundo en desarrollo, y que el avance de la ciencia en esos países permanecerá explícitamente como su misión primordial.

Dependerá del nuevo presidente de la academia, Bai Chunli, quien ya preside la Academia China de Ciencias, asegurar que no haya una expansión inadvertida de su misión (un cambio en sus objetivos originales), y que las prioridades de la organización cualquiera sea su título, seguirán dirigidas a la promoción de la ciencia en los países más pobres del mundo.

El compromiso chino de aportar US$1,5 millones al fondo de donaciones de la TWAS, convirtiéndose en el mayor donante único a la fecha, por delante de Brasil, indica la importancia que le asigna a las actividades de la academia. Así también lo hacen los comentarios de apoyo hechos en la reunión de Tianjin por el presidente chino Hu Jintao.

Bajo las definiciones del Banco Mundial, basándose en el ingreso promedio per cápita, Brasil, China e India siguen definiéndose como países en desarrollo (pero especificando que “la clasificación por ingreso no necesariamente refleja el nivel de desarrollo”) y, por lo tanto, siguen calificando para participar completamente en la TWAS.

Pero es esencial que la división entre las capacidades científicas de ricos y pobres —y la consiguiente dependencia de estos últimos respecto de los primeros, que motivó a Salam a crear la TWAS hace 30 años— no se reproduzca dentro del propio mundo en desarrollo.

Ahora depende de Bai y su concejo asegurar que esto no ocurra. Si hay cualquier evidencia de que esto está comenzando a ocurrir, entonces se requerirían cambios más profundos que solo un cambio de nombre para mantener vivo el sueño de Salam. Pero esperemos que esto no sea necesario.

David Dickson

David Dickson es periodista científico y ha trabajado en Nature, Science y New Scientist, especializándose en el reporteo de política científica. Fue el director fundador de SciDev.Net entre 2001-2011.