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  • Energía nuclear: herida, pero no de muerte

El mundo aún necesita de la energía nuclear, pero de manera más segura y transparente.

A comienzos de este mes, una explosión en el sector energético causó una inmensa destrucción, que costó la vida a más de 40 personas…pero la mayoría de nosotros apenas lo notó.

Las muertes de los mineros del carbón, a más de 4.000 metros bajo tierra en el oeste de Pakistán, fueron eclipsadas por la atención internacional dada a la crisis de otro sector energético —el de la energía nuclear—cuando los ingenieros que luchaban contra las secuelas del terremoto de gran magnitud que asoló al Japón perdieron el control de la temperatura de una serie de reactores en la planta de energía nuclear de Fukushima Daiichi.

En Fukushima Daiichi nadie ha muerto por la exposición a la radiación, aunque dos trabajadores fueron hospitalizados ayer.

Los accidentes en las plantas nucleares son raros. En contraste, los desastres en las minas de carbón son demasiado frecuentes para merecer mucha atención: más de 6.000 mineros de carbón murieron en 2004 solamente en la China. Las minas de uranio también matan, pero a una escala mucho menor.

De hecho, según la Agencia Internacional de Energía (AIE), si los sectores energéticos a partir del carbón, gas natural, hidroelectricidad y energía nuclear son analizados en profundidad, este último es el más seguro.

Impacto sobre el cambio climático

El balance entre los riesgos planteados por la energía nuclear y el carbón es aún más desigual si se toman en cuenta los efectos de la quema de combustibles fósiles sobre el calentamiento global. La energía que proviene de la quema de carbón causará indirectamente muchas más muertes de las estimadas por la AIE, debido a los gases de efecto invernadero emitidos al quemarse, los que contribuyen al cambio climático.

La OMS dice que el cambio climático ya está matando a 150.000 personas anualmente debido al incremento de las condiciones climáticas extremas y a la distribución geográfica de las enfermedades infecciosas, y por la presión sobre los sistemas de producción de alimentos causada por las sequías, inundaciones y cambios de temperatura.

El accidente en la mina de carbón paquistaní no ha dado lugar a llamadas globales para que el mundo reconsidere su adicción a las centrales alimentadas con carbón. Sin embargo, el accidente de Fukushima ha disparado la reflexión global sobre la prudencia de continuar usando la energía nuclear. Hasta ahora, Alemania ha cerrado temporalmente siete reactores y China ha suspendido la aprobación de nuevos reactores. Los grupos de presión opuestos a la energía nuclear están presionando a los gobiernos de todo el mundo.

La verdad es que todas las opciones energéticas conllevan riesgos. Manejada adecuadamente, la energía nuclear sigue siendo una opción relativamente segura. Y actualmente constituye la fuente principal de energía a escala industrial que puede ayudarnos en la lucha contra el cambio climático.

Aprender de Fukushima

La planta nuclear de Fukushima fue destruida como consecuencia del tsunami con olas de diez metros que arrasó la costa noreste de Japón después del terremoto de magnitud 9, el pasado 11 de marzo.

El terremoto destruyó la planta principal de suministro de energía y la ola eliminó sus fuentes de electricidad de emergencia, dejando sin refrigerante a los cuatro edificios del reactor, incluyendo algunos estanques con barras de combustible gastadas.

Varias lecciones se pueden aprender de este incidente. Por ejemplo, los reactores diseñados en la década de los años setenta tienen debilidades que ya habían sido advertidas por los expertos, y deberían ser actualizados o dados de baja. Las nuevas tecnologías son mucho más seguras.

Además, existe la necesidad de una mejor gobernabilidad, apertura y transparencia en el funcionamiento de las instalaciones nucleares si se desea mantener la confianza del público. Una de las principales razones del alto nivel de ansiedad del público en Japón después del desastre, es que la empresa responsable de operar la planta, la Compañía de Energía Eléctrica de Japón (Tokyo Electric Power Company), tiene una larga historia de encubrimiento de información embarazosa de sus operaciones.

A medida que la energía nuclear se expande en los países menos desarrollados sin la suficiente experiencia, deberíamos considerar que la Organización Internacional de Energía Atómica asuma un papel regulatorio en lugar del actual, que consiste en ayudar a los países en la actualización de su seguridad y preparación para emergencias.

Necesidad de la energía nuclear

Quienes ya se oponen a la energía nuclear están sacando conclusiones de mayor alcance. Comparando el accidente con la catástrofe de Chernobyl, señalan que el de Fukushima demuestra que la energía nuclear es inaceptablemente peligrosa y debería eliminarse en favor de otras fuentes de energía.

Pero dejar de lado la energía nuclear conllevaría el riesgo de una carrera desastrosa en pos de combustibles fósiles, arrojando incluso más gases de efecto invernadero a una atmósfera ya cargada de carbono. También podría conducir a una gran demanda de biocombustibles antes de tiempo, pues las versiones actuales podrían tener un efecto deplorable en el suministro mundial de alimentos e, incluso, podrían causar un aumento neto en las emisiones de gases invernadero, según algunos modelos de simulación.

Las energías renovables son otra alternativa y se vienen haciendo grandes progresos en este campo. Los países del medio oriente y del norte de África consideran actualmente cómo convertir sus candentes desiertos en fuente de energía solar térmica, y los paneles fotovoltaicos cumplen un importante papel destinado a los 1,5 mil millones de personas pobres que carecen de electricidad en el mundo en desarrollo.

Sin duda, las energías renovables constituyen una gran promesa y algún día podrían formar parte de sistemas de energía más verdes y limpios. Pero encaran grandes problemas, el principal es que aún no pueden producir las inmensas cantidades de energía centralizada y garantizada del tipo que requiere la industria de una nación y el funcionamiento de su infraestructura. El tiempo y la inversión pueden resolver estos problemas, pero tomará décadas.

El mundo —y esto incluye a los países en desarrollo— necesita la energía nuclear. Después de Fukushima, se deben enfocar los esfuerzos en hacerla más moderna y segura, con operaciones transparentes arraigadas en sociedades bien gobernadas. Un compromiso con la transparencia, sin tintes políticos, es vital.

Al igual que cualquier otra fuente de energía, la nuclear conlleva riesgos que deben ser manejados de manera apropiada. Pero, en última instancia, el cambio climático es la mayor amenaza. Elegir combatirlo prescindiendo de la energía nuclear conlleva un riesgo mucho más grande.

Aisling Irwin
Editora de noticias y especiales, SciDev.Net