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Día 2: Una cita con la ciencia del Caribe
  • 3˚ Taller de la Fundación Caribeña de Ciencias
  • Día 2: Una cita con la ciencia del Caribe

Crédito de la imagen: Sandia Lab / Flickr

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03/12/13

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Inspiración en el billete de US$2 de Barbados 


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El billete de US$2 de Barbados es un homenaje al botánico John Redman Bovell, nacido en la isla.

Lo primero que señaló el taxista que me llevó del Aeropuerto de Georgetown (Guyana) al hotel donde se lleva acabo el tercer taller convocado por la Fundación Caribeña de Ciencias fue un gran aviso publicitario sobre el mejor ron que produce el país. Dos días después descubriría que esa era la imagen perfecta de una de las paradojas del desarrollo que enfrenta el Caribe. 
 
A principios del siglo XX, la región llegó a producir 90% del azúcar que se consumía en Europa. La cosecha de caña, por supuesto, alcanzaba para producir los mejores rones que se tomaban en el mundo. Pero a la vuelta de un siglo las cosas cambiaron dramáticamente. 
 
“Entre los principales productores de caña de azúcar en el mundo, del Caribe solo figura Cuba”, explicó hoy Charles Briggs, del Banco Central de Barbados, a los asistentes del taller. Las islas que en algún momento fueron las dueñas del azúcar mundial actualmente importan la materia prima para producir el ron que consumen y exportan.
 
Y la crisis agrícola va mas allá de los cultivos de caña. En general, el Caribe angloparlante importa alimentos por US$ 4 mil millones, una cifra equivalente al PIB de Barbados. Después de la comida procesada, el segundo renglón de importaciones lo ocupan los concentrados de jugo de naranja (alrededor de US$106.000).
 
Chelston Brathwaite, quien estuvo al frente por varios años del Instituto Interamericano para la Cooperación Agrícola (IICA), aportó una cifra igual de escandalosa. Mientras algunos países africanos están invirtiendo 5% de su presupuesto en agricultura, y los latinoamericanos en promedio invierten un 2,5%, una isla como Jamaica apenas alcanza 0,9%.
 
“¿Por qué somos tan tercos?”, preguntó durante su conferencia, “¿por qué ponemos todos los huevos en la misma canasta, en el turismo y en los sistemas financieros?”. En su opinión esto se debe a dos fallas: no dar a la agricultura el lugar que se merece en la economía y a las imágenes de esclavismo y atraso asociadas al trabajo en el campo.
 
“En mi país hay gente que cree que debemos invertir en high tech, pero se olvidan de que hagan lo que hagan necesitan alimentos todos los días. Esa es la verdadera independencia”, argumentó Brathwaite.
 
¿Qué hacer ante este panorama? Para Briggs, la respuesta está en el billete de US$2 de Barbados en el que se resalta el rostro de un hombre llamado John Redman Bovell (1855-1928).
 
Durante las últimas décadas del siglo XIX, la caña de azúcar de la variedad Bourbon, la más popular en el Caribe, comenzó a ser atacada por plagas y la producción cayó dramáticamente. Los cultivadores intentaron reemplazarla por otras variedades locales pero fracasaron una vez tras otra.
 
En todo el Caribe surgieron intentos científicos para resolver el desafío pero quien alcanzó el mayor éxito fue John Redman Bovell, un botánico de Barbados quien por entonces ocupaba el cargo de Superintendente de Agricultura. Sus experimentos de hibridación resultaron en la generación de toda una línea de variedades resistente a las plagas. La pequeña isla de Barbados se convirtió pronto en un centro de innovación en caña de azúcar y sus variedades se esparcieron por todo el Caribe salvando la industria que movía la economía de la época.

Es lo mismo que Briggs, Brathwaite y otros de los científicos que se dieron cita en el taller organizado por la Fundación Caribeña de Ciencias, sueñan que vuelva a ocurrir: que la ciencia y la tecnología rescaten las frágiles economías de sus países.
 



En el Caribe, economía basada en CyT en vez de turismo


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Cardinal Warde, director de la Fundación Caribeña de Ciencias

[2 de diciembre 2013] Durante el tercer taller convocado por la Fundación Caribeña de Ciencias, que se desarrolla en Guayana el 2 y 3 de diciembre, Cardinal Warde, director de la institución, abogó porque la región construya los pilares de su desarrollo en la ciencia y la tecnología en vez de en el turismo.

El dilema de Cardinal Warde, un profesor de física en el Instituto Tecnológico de Massachusetts pero oriundo de Barbados fue, hasta hace pocos años, el mismo que atormenta a muchos otros científicos caribeños que emigraron a Estados Unidos o Europa en busca de una mejor oportunidad: quería ayudar a impulsar la ciencia y la tecnología en la región pero no podía ni quería abandonar su trabajo en Boston.
 
La solución al dilema  apareció cuando recibió una llamada de Harold Ramkissoon, profesor de matemáticas de la Universidad de West Indies en Trinidad y Tobago. Ramkisson había recibido una beca de la Unesco para analizar el estado de la ciencia y la tecnología en la región. Entre las recomendaciones que hizo junto a otros expertos estuvo la creación de un organismo dedicado a promover el conocimiento científico en el Caribe.
 
Así fue el inesperado nacimiento de The Caribbean Diaspora for Science Technology and Innovation (CADSTI) y poco después, en 2010, de la Fundación Caribeña de Ciencia (CSF, por su sigla en inglés), que ha concentrado sus esfuerzos en los 12 países angloparlantes y ya cumple tres años desde su creación.
 
Warde, quien hoy está al frente de la fundación, dijo a SciDev.Net que las dos organizaciones buscan construir “los pilares económicos del Caribe basados en ciencia y tecnología en vez del turismo”. Mientras la CADSTI agrupa a todos los científicos interesados en dar una mano, sin importar donde residen, la fundación trabaja directamente en los países. Su sede principal está hoy en Barbados.
 
La principal razón para apostar por la ciencia y la tecnología como un camino de desarrollo es que las ganancias que alguna vez inundaron las economías de estas pequeñas islas angloparlantes han ido decayendo. Warde tiene una sencilla explicación: “los turistas llegan en un barco, comen en el barco, duermen en el barco, y las islas ya no hacen tanto dinero como antes”.
 
Cuando se creó, los miembros de la Fundación se trazaron como objetivo recaudar US$ 13 millones en tres años. Las cosas no salieron tan fáciles como creyeron y escasamente llegaron a US$ 1 millón. Eso redujo sustancialmente las actividades que desarrollaron en esta primera etapa de la Fundación.
 
“Somos una organización pequeña sin mucho dinero. Todo lo que podemos hacer es llamar la atención sobre la importancia de la ciencia y la tecnología, hablar con gobiernos, tener algunos programas pilotos para demostrar que es posible hacer todas estas cosas”, comenta Warde, luego de dar una charla a un grupo de jóvenes de escuelas secundarias que participan en un taller organizado por la fundación en Guyana.
 
A corto plazo, Warde cree que las islas podrían obtener una rápida ganancia si invierten en tecnologías de información y comunicación. A mediano y largo plazo una gran parte de los esfuerzos se deberían concentrar en el desarrollo agrícola e incorporar energías renovables.
 
¿Qué tipo de ciencia tiene en mente? Warde no piensa mucho la respuesta. “Hay una tendencia a querer inventar la rueda”, dice, “pero no debemos hacer lo que otros países ya hacen bien. Quienes estén interesados en ese tipo de investigación deben trabajar en colaboración. Querer hacerlo por nuestra propia cuenta saldría muy costoso y quizás fracase. Pero si podemos adaptar muchas tecnologías”.
 
Si bien la diversidad cultural, social y política resulta un obstáculo a la hora de engranar esfuerzos en todas las islas, la región tiene una gran ventaja: comparte un mismo sistema de evaluación educativa (Caribbean Examinations Council) y un curriculum relativamente similar. Esa es ya una gran base para soñar con una “ciencia del Caribe”, dice Warde.

 



Educación e innovación, temas a debatir en el Caribe


[1 de diciembre 2013] La cita es en Georgetown, Guyana. Hasta esa pequeña, húmeda y cálida ciudad ubicada frente al Mar Caribe, justo en la desembocadura del río Demerara, llegarán científicos de toda la región el próximo 2 y 3 de diciembre. El objetivo es debatir y compartir ideas que puedan estimular la educación, innovación y el emprendimiento en ciencias e ingenierías.

SciDev.Net hará una cobertura especial de este tercer taller convocado por la Fundación Caribeña de Ciencias (CSF, por su sigla en inglés) en colaboración con el Ministerio de Educación de Guyana y The Caribbean Diaspora for Science, Technology and Innovation.  

La región Caribe enfrenta grandes desafíos en ciencia y tecnología. Como lo señaló Keith Nurse, investigador de la Universidad de West Indies en Barbados, en 2007, los países del Caribe invierten relativamente poco en Investigación y Desarrollo. En promedio, tan sólo un 0,13 por ciento del PIB. La recomendación hecha años atrás por el Consejo de Ciencia y Tecnología del Caribe es que ese porcentaje se eleve al 3 por ciento.

Si se considera otro indicador, por ejemplo el registro de patentes, el resultado también es bajo. En las últimas cinco décadas los países del Caribe sólo han registrado 1.333 patentes. El más activo ha sido Bahamas con un total de 378 entre 1965 y 2006.

Ante este panorama, la Caribbean Science Foundation presentará en el evento los últimos avances de su plan estratégico para impulsar con más fuerza el desarrollo de la ciencia y la tecnología. También se discutirán los enfoques de las políticas nacionales en esta misma área. 
 
La conexión entre emprendimiento y seguridad alimentaria será un tema central. La mayoría de islas del Caribe pasaron de ser productores a importadores de productos agrícolas durante las últimas décadas poniendo en riesgo a la población y a sus economías. Además del sector agrícola, se debatirá sobre las otras áreas de las economías regionales en las que se necesita innovar para crecer.


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