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  • ¿Cuánto cuesta reducir las emisiones forestales?

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Sin conocer los verdaderos costos de la REDD no podemos analizar los beneficios, dice Peter A. Minang, de la Alianza ASB de Tropical Forest Margin's.

La ciencia nos enseña que valorar los bosques por su carbono (mediante el financiamiento de Reducción de Emisiones derivadas de la Deforestación y Degradación de los Bosques, conocida por sus siglas en inglés REDD o REDD-Plus) podría ayudar a mitigar el cambio climático y mejorar las condiciones de vida. Pero me parece que la distribución de esos beneficios dependerá mucho más de las políticas y de las instituciones, que de la ciencia.

La evidencia de los trópicos húmedos y semi húmedos muestra que las personas tienen retornos económicos muy bajos cuando los bosques talados se calculan en toneladas de dióxido de carbono (CO2) emitido. La Alianza Alternatives to Slash-and-Burn (ASB) (Alternativas a la Agricultura de Roza y Quema) del Tropical Forest Margins ha demostrado que en Camerún, Indonesia, Perú y Filipinas, se podría haber evitado el 80 por ciento de todas las emisiones de la deforestación entre 1990 y 2005 por menos de US$5 por tonelada de CO2 equivalente liberado.

Este es un costo de oportunidad relativamente bajo que podría hacer muy atractiva la REDD-plus para los países en desarrollo. Otros estudios, incluidas las revisiones de Stern y Eliash, han encontrado costos relativamente más bajos comparados con otras opciones de mitigación. Sin embargo, ¿es suficiente contar con bajos costos de oportunidad?

El cambio en el uso del suelo en el trópico lo realizan personas que están tratando de maximizar sus ganancias económicas. Siempre escogerán las opciones disponibles más rentables. Si la REDD va a trabajar como un verdadero incentivo financiero, debe ser lo suficientemente robusta como para competir con otros usos potenciales del suelo.

Una respuesta podría ser apuntar a ecosistemas específicos, como las turberas, que almacenan grandes cantidades de carbono y no generan mucho dinero cuando se cambia el uso del suelo. En las turberas de Indonesia, por ejemplo, los estudios de ASB encontraron que los usuarios ganaron solamente US$ 0.10-0.20 por tonelada de CO2 equivalente liberada desde que cambiaron el uso de sus suelos. Se podría argumentar aquí que compensar a los usuarios de la tierra para que conserven las turberas podría ser una forma rentable de reducir las emisiones, a la vez que se maximizan los medios de subsistencia.

Otra opción para la REDD podría ser enfocarse en apoyar a los árboles en los paisajes agrícolas que son intermedios entre los bosques naturales y la agricultura intensiva (por ejemplo, los sistemas agroforestales). Los estudios de ASB muestran que los sistemas con varios pisos agroforestales, como las plantaciones de café o cocoa en el oeste y centro de África, o los cultivos de caucho en la selva de Indonesia, pueden conservar y secuestrar cantidades moderadas o grandes de carbono, al tiempo que mantienen una biodiversidad relativamente alta y proporcionan ganancias moderadas a los agricultores.

Mejor agricultura, menos deforestación

Pero se requerirán más que incentivos financieros para que la REDD sola reduzca las emisiones y mejore las condiciones de vida. Las estrategias de la REDD tendrán que abordar también otros temas, como las causas de la deforestación, el manejo sostenible del bosque y la capacidad de supervisión.

Existen pruebas abrumadoras de que la deforestación en África y en partes de Asia se debe principalmente a la expansión agrícola. De manera que pararla significa hacer más eficiente la agricultura. Esto, a su vez, significa que el financiamiento para la investigación agrícola y los programas de extensión para la agrícola intensiva tienen que ser parte de un efectivo y eficaz paquete de la REDD.

Invertir en intensificación agrícola en el trópico con frecuencia es complicado porque no existe una clara tenencia ni derechos sobre la tierra. Eso también hace complicado el diseño e implementación de la REDD (así como asegurar una correcta participación de beneficios). Evidentemente, los derechos de propiedad tendrían que ser reformados para que la REDD sea exitosa, lo que presenta un nuevo conjunto de desafíos.

Además, algunos países con gran potencial para la REDD también enfrentan serios desafíos de gobernabilidad. Por ejemplo, República Democrática del Congo, Nigeria, Myanmar, Sudán, Venezuela, Zambia, Zimbabwe y, en cierta medida, Indonesia, están entre los diez primeros países con potencial para la REDD pero al mismo tiempo están clasificados de manera muy pobre en cuanto a gobernabilidad forestal. En muchos de estos países la tala ilegal incluso en bosques protegidos sigue siendo todo un reto.

Costos escondidos

El planeamiento, medición, supervisión e informe de las actividades de la REDD podría representar un obstáculo importante. Hemos aprendido algunas lecciones de los costos de transacción de los mercados de carbono existentes, como el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL), que han dado lugar a programas de cooperación de la REDD por parte del Banco Mundial y las Naciones Unidas. Pero esto es solo el comienzo de lo que se necesita.

Muchos países en desarrollo requerirán inversión sustancial para la construcción de capacidades, ciencia, política e instituciones antes de que la REDD pueda reducir las emisiones de carbono y beneficiar los medios de subsistencia. Por ejemplo, los países necesitarán apoyo técnico para desarrollar sistemas de inventario de carbono y capacidades en sensores remotos. Y necesitarán apoyo para establecer la infraestructura institucional requerida para distribuir los beneficios de la REDD e implementar varios esquemas de incentivos.

En términos generales, los países en desarrollo tendrán que promover el desarrollo rural que fomente grandes depósitos de carbono en los paisajes con alta rentabilidad, así como otros beneficios ambientales como el agua y la biodiversidad.

Aún si se logra el seguimiento y la medición, queda la cuestión de la permanencia, es decir, si un proyecto de reducción de emisiones pasará la prueba del tiempo o si tendrá que darse marcha atrás. Este tema, entre otros, ha mantenido el precio del carbono por el cambio en el uso del suelo y los bosques de los países en desarrollo en alrededor de US$4 la tonelada, en comparación con aproximadamente US$15 de la Unión Europea. Cualquier acuerdo de la REDD debe abordar esta diferencia si se trata de ofrecer a los países en desarrollo incentivos financieros eficaces.

La conclusión es que nuestro apoyo a la REDD se basa en evidencias débiles. Aunque los costos de oportunidad parecen ser bajos, aún conocemos muy poco sobre cuánto le costará verdaderamente a un país establecer e implementar la REDD. Por lo tanto, dado que ni los costos ni los beneficios se conocen realmente, no podemos evaluar en su verdadera dimensión cómo y cuándo la REDD podría ofrecer beneficios sostenibles.

Peter A. Minang es coordinador global interino de la Alianza ASB del Tropical Forest Margins del Centro Mundial de Agroforestería en Kenia.

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