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  • Mejor uso de herramientas para alertar sobre desastres

Fortalecer los vínculos entre las herramientas científicas y el entorno en el que operan puede mejorar la eficacia de alertas tempranas.

Decir que hay mucho en juego en la gestión de desastres es un eufemismo. Las vidas y medios de subsistencia perdidos, así como los grandes daños, subrayan el costo humano, ambiental, social y económico de los eventos extremos que afectan a millones cada año. [1]  

Consideremos solo algunos: la devastación causada por el tsunami del océano Índico en 2004, el terremoto que asoló Haití en 2010 y la hambruna en el Cuerno de África en 2011.  

Aunque estos eventos son diferentes (por ejemplo, algunos golpean rápidamente mientras otros se desarrollan lentamente), todos demuestran la vulnerabilidad de las comunidades pobres alrededor del mundo, y el éxito variable de la ciencia y tecnología (CyT) en el planeamiento y respuesta ante desastres.

Miles de vidas se perdieron en el tsunami de 2004, mostrando la necesidad de un sistema coordinado de alerta temprana en la región. En África, donde los científicos advirtieron sobre una severa sequía, la falta de atención a estas predicciones reveló la brecha en las comunicaciones sobre riesgo con los tomadores de decisión. 

Las tecnologías de información y comunicación (TIC), como las redes sociales y la cartografía, usadas después del terremoto de Haití, ciertamente ayudaron a los socorristas a evaluar rápidamente los daños y las necesidades de la población. Pero incluso aquí el beneficio de la tecnología es limitado sin integración con los sistemas de respuesta existentes.

Hay una gama de actividades de preparación y respuesta que pueden ayudar a reducir el riesgo de los desastres naturales. Pero el espacio entre la alerta temprana y la acción es una estrecha ventana de oportunidades donde el uso más eficaz de las herramientas científicas para alertar a las comunidades puede hacer la diferencia.

Especial sobre alerta temprana

Esta semana, publicamos una serie de artículos que analizan las barreras para la acción anticipada y de qué manera se pueden usar las herramientas de alerta temprana para que alcancen su máximo potencial.

Un artículo general examina cómo se han desarrollado los sistemas de alerta temprana y lo que están en capacidad de lograr en la realidad. Nuestra consultora editorial de este proyecto, Lucy Pearson, del programa Futuros Humanitarios del King’s College de Londres y del Centro Asiático de Preparación para Desastres de Tailandia, identifica los factores que propician la brecha entre alerta temprana y acción, y resalta el papel del conocimiento que tienen las comunidades locales.

En un artículo noticioso, Smriti Mallapaty, analiza los beneficios de integrar el conocimiento indígena con la ciencia moderna para mejorar la alerta temprana, a pesar de que las prácticas tradicionales no siempre pueden seguir el ritmo de los cambios sociales y ambientales.

Andrew Collins, director del Centro de Desastres y Desarrollo de la Universidad de Northumbria del Reino Unido, aboga por integrar los sistemas de alerta en las comunidades locales, y argumenta a favor de un mejor entendimiento de los factores que se interponen en el camino de la acción temprana: desde el comportamiento hasta la pobreza.

La incertidumbre científica es una razón fundamental del por qué las comunidades y los tomadores de decisión no prestan atención a las alertas tempranas. Emma Visman del Programa Futuros Humanitarios, Benedict Dempsey de Save the Children de Londres y S. H. M. Fakhrudding del Sistema Regional Integrado de Alerta Temprana de Riesgos Múltiples de Tailandia, sostienen que el diálogo puede mejorar la manera en que la gente se apropia de la información compleja.

El momento crítico —especialmente en las emergencias de respuesta inmediata se produce después de emitida una alerta. Verónica Grasso, del Programa de Desarrollo de la ONU en Suiza, y José Rubiera, del Centro Nacional de Meteorología de Cuba, dicen que es entonces cuando la coordinación y la voluntad política determinan el éxito o el fracaso.

CyT es solo una parte

Cuba muestra que la alerta temprana puede ser exitosa incluso sin contarse con tecnología sofisticada. Sin embargo, la coordinación y la voluntad política son objetivos esquivos y mucho más fáciles de alcanzar donde la gobernabilidad es sólida y la gente es el objetivo central de las prioridades del país.

El asunto es tan problemático que rara vez la ciencia y la tecnología ofrecen una solución por sí sola, porque además las alertas necesitan trasladarse a la acción.

Mientras tanto, el creciente número y sofisticación de los sistemas de alerta temprana y el enfoque “es mejor prevenir que lamentar”— ocasiona que crezcan las falsas alarmas. La reciente condena de científicos italianos por no emitir una advertencia sobre el terremoto en L’Aquila solo puede añadir un enfoque más cauteloso. 

El hecho es que la alerta temprana es una de las herramientas más poderosas para reducir el riesgo de desastres. El uso de la CyT se ha vuelto más organizado. Las herramientas digitales como las redes sociales y la cartografía ahora son vistas por algunos como el futuro de la organización del trabajo humanitario.

Y mientras es esencial una mejor teledetección, pronósticos y comunicaciones móviles, son los desarrollos en el marco socioeconómico los que configuran nuestras ideas de cómo hacer más eficaz la alerta temprana.

Vínculos entre pobreza y desarrollo

Por ejemplo, el concepto de reducción de riesgos muestra que la exposición a peligros naturales no es todo lo que importa. La vulnerabilidad y, al contrario, la resiliencia puede hacer la diferencia. El riesgo es más grande allí donde la gente es menos capaz de protegerse a sí misma. El riesgo de desastres y la pobreza están atrapados en un círculo donde los peligros naturales socavan el desarrollo económico de los países menos preparados para afrontarlos.

Como lo sugieren los colaboradores de este Especial, la reducción de riesgos debe incluir factores vinculados a disminuir la pobreza, como la estabilidad ecológica y social. Y para ser más eficaces, las nuevas herramientas necesitan el refuerzo de viejos procesos, entre los que se incluye el conocimiento tradicional, el diálogo y la coordinación.

El progreso científico es gradual, y hay una sensación de urgencia sobre el riesgo de desastres. La amenaza a los países pobres seguirá creciendo y se volverá más compleja a medida que el cambio climático se afiance y los recursos se agoten.

Entonces, ¿cómo podemos hacer un mejor uso de esa preciosa ventana de oportunidades ofrecida por la alerta temprana?

Estos artículos resaltan la necesidad de construir una relación mutua entre la ciencia de la alerta temprana y el ambiente en el que opera. Esto significa no solo implementar tecnologías sino también empoderar a las comunidades para que reduzcan sus riesgos de tal manera que se alineen con las prioridades más grandes de desarrollo.

Anita Makri

Editora de Opinión e Informes Especiales

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