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  • Es momento de la diplomacia científica en mundo árabe

La ciencia no puede resolver el conflicto político. Pero la cooperación científica puede ayudar a maximizar las oportunidades posconflictos.

En su informe anual a la Unión, realizado en Washington DC el mes pasado, el presidente de los Estados Unidos Barack Obama habló enfáticamente sobre la necesidad de promover las tecnologías basadas en la ciencia para “proteger nuestro planeta y crear numerosos nuevos empleos para nuestra gente”.

Sus palabras son significativas no solo para los Estados Unidos, sino para el mundo árabe.

Los países árabes están comenzando a mirar cómo promover la estabilidad política y revitalizar sus instituciones sociales luego del remezón por los cambios políticos —en parte impulsados por los altos niveles de desempleo juvenil— que se generalizaron en toda la región en las últimas semanas.

Existen buenas razones para considerar con optimismo que un cambio del autoritarismo hacia reglas genuinamente democráticas en países como Egipto y Túnez ayudarán a hacer florecer la ciencia.

Las comunidades científicas de ambos países han demostrado un amplio respaldo a las demandas de los manifestantes. Y el ganador del Premio Nobel de química Ahmed Zewail ha sido nombrado miembro del Comité de Sabios, encargado de negociar en su nombre.

Esos países tienen ahora la oportunidad de usar todo su potencial para construir economías modernas basadas en el conocimiento. Pero no podrán lograrlo por sí solos: más que nunca, necesitan el apoyo de la comunidad internacional. Y aquí es donde la diplomacia científica, una idea que ha ganado apoyo en años recientes, podría tomarse en cuenta.

Asegurar verdaderas alianzas

Anteriormente he sostenido que la diplomacia científica —el uso de la cooperación científica como una herramienta de la diplomacia internacional— tiene una debilidad fundamental: a pesar de lo que sus partidarios afirman a veces, nunca puede sustituir las iniciativas políticas.

Nada ilustra más claramente lo anterior que la carencia de un seguimiento significativo del discurso dado por Obama en El Cairo en el verano de 2009, o de su impacto. En esta alocución, defendió públicamente el uso de contactos científicos más cercanos entre los Estados Unidos y los países musulmanes como una forma de “diplomacia sutil”.

Pero la diplomacia científica puede ser invaluable cuando suministra las bases para una verdadera colaboración científica entre dos (o más) países, y especialmente cuando dicha asociación permite el intercambio de conocimientos y experiencias, por ejemplo mediante la enseñanza mutua o proyectos de investigación.

El peligro de este enfoque, por supuesto, es que el socio más fuerte puede llegar a dominar, por ejemplo en la planificación o ejecución de un proyecto de investigación.

Y la colaboración con los socios de los países desarrollados no debería socavar los intentos de crear iniciativas regionales.

La colaboración Norte-Sur con frecuencia es el único modo de crear la masa crítica requerida para poner en marcha una comunidad de investigación viable a nivel local, pero no es un sustituto de la capacidad local.

La virtud de la colaboración científica es que su habilidad para el intercambio puede ayudar a que los países produzcan resultados de investigación potencialmente valiosos, y al mismo tiempo mejoren su capacidad de producir más resultados.

A su vez, si la habilidad para el intercambio tiene lugar en un entorno de apoyo, se fortalece la plataforma, con lo cual se puede crear una vibrante economía del conocimiento.

En interés de todos

Los países occidentales podrían usar las colaboraciones científicas para ayudar a restaurar la estabilidad política de los países del mundo árabe en los meses venideros.

Si se realiza con un auténtico espíritu de colaboración, puede sentar las bases para avanzar en la ciencia y la innovación sin que los países desarrollados puedan ser acusados de hacerlo solamente por sus propios intereses, aunque indudablemente esta es una situación que puede beneficiar a ambas partes.

Los gobiernos de los países desarrollados deberían apoyar a sus universidades e institutos de investigación en la creación de vínculos constructivos con instituciones similares en los países árabes. Mientras más apoyo reciban esos países, más sólida será su capacidad para construir economías viables de conocimiento.

Y la mayor solidez de esas economías —así como su capacidad de cumplir con las necesidades sociales, incluyendo la creación de empleos— pondrá en mejor posición a los países árabes para resistir los intentos de volver a caer en el autoritarismo o las dictaduras militares.

Dichas iniciativas no deben descuidar la necesidad de construir capacidades para la comunicación de la ciencia. Este es un componente esencial de cualquier estrategia destinada a asegurar que la evidencia científica y el conocimiento sobre la ciencia sean integrados efectivamente en el proceso democrático de toma de decisiones.

Una oportunidad única

Muchos observadores han notado que gran parte de la inspiración de los movimientos de protesta liderados por los ciudadanos, que continúan en efecto cascada por el mundo árabe, proviene de un erudito y pacifista poco conocido localizado en los Estados Unidos, Gene Sharp. Sus escritos han sido muy leídos y adoptados por gente joven, en particular egipcios y tunecinos.

Menos conocido aún es que Sharp se ha inspirado en gran medida de uno de los primeros “científicos diplomáticos”, el físico Albert Einstein.

Einstein trabajó incansablemente hasta el fin de su vida para encontrar maneras en las que la ciencia pudiera ayudar a crear un mundo mejor, y al mismo tiempo proteger ese mundo de algunos productos destructivos de la ciencia, como las armas nucleares.

La perspectiva de una diplomacia científica eficaz para lograr un impacto significativo en el mundo árabe nunca ha sido más fuerte que hoy, cuando algunos países están encontrando por sí mismos lo que podría describirse como una situación posterior al conflicto.

Corresponde ahora a la comunidad científica del mundo aprovechar esta oportunidad a través de mejores alianzas y colaboraciones.

Si se desperdicia esta oportunidad, se puede perder también una oportunidad singular para ayudar a garantizar el mundo mejor imaginado por Einstein, y los esfuerzos por lograrlo serán más difíciles que nunca.

David Dickson
Director, SciDev.Net



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