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  • Debate sobre transgénicos va más allá de la bioseguridad

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Además de la bioseguridad, es importante que los cultivos GM beneficien a los pobres rurales y las decisiones se basen en ciencia sólida. 

El próximo mes (mayo), tras casi una década de intenso debate, se espera que Kenia se convierta en el tercer país del África Subsahariana —después de Sudáfrica y Burkina Faso— en aprobar la plantación comercial de cultivos genéticamente modificados (GM).  

Otros países no están muy lejos de hacerlo. En 2015 Malawi, Mali, Nigeria, Tanzania, Togo y Uganda podrían estar cultivando transgénicos, tales como maíz, arroz, trigo, sorgo y algodón, según un informe publicado por el Servicio Internacional para la Adquisición de Aplicaciones Agrobiotecnológicas (ISAAA, por sus siglas en inglés), una institución auspiciada por la industria. 

Esto marca una potencial victoria para las políticas basadas en la evidencia. Pese a aseveraciones en contra, no se han documentado problemas de salud o ambientales asociados a los cultivos GM. 

Nadie niega que hay riesgos potenciales asociados a la plantación de cultivos transgénicos, tales como las desconocidas consecuencias de genes implantados que se propagan hacia variedades nativas, una preocupación que surgió en México luego de que se autorizara un estudio de campo de maíz GM. Pero esta es una razón para asegurarse de que los cultivos GM sean estrechamente monitoreados y regulados, no prohibidos. 

Se necesita que las leyes de bioseguridad entren en efecto antes de que los agricultores puedan cultivar transgénicos, y aquí es donde el progreso alcanzado por Nigeria en la adopción de la tecnología ha sido vacilante

No obstante, al enfocarse en la bioseguridad el debate político sobre los cultivos GM podría pasar por alto el más amplio —y más significativo— aspecto de cómo tales cultivos se usarán en la práctica. Esto incluye hasta qué punto éstos podrán satisfacer las necesidades de los agricultores pobres, quienes son responsables de una gran proporción de la producción agrícola de África. 

El gran desafío para aquellos involucrados en el debate de los transgénicos en Kenia, y en el resto de África, no es cómo promover (o bloquear) la tecnología o, incluso, cómo demostrar su seguridad, aunque esto es claramente importante. 

El desafío, en cambio, es encontrar formas de asegurar que los cultivos GM beneficien a los pobres rurales, no solo a los accionistas de las corporaciones multinacionales que están mirando cada vez más hacia la agricultura africana como una inversión rentable. 

Una cuestión de prioridades 

El costo de las semillas GM es una razón para preocuparse. Esta es una forma en que las corporaciones agrícolas están ansiosas por generar rentabilidad para su considerable inversión, tanto en investigación de laboratorio como en ensayos de campo, así como las compañías farmacéuticas lo hacen a través de los precios de los medicamentos. 

Y al recurrir a las leyes de propiedad intelectual, las corporaciones pueden apropiarse de material genético, socavando la práctica básica de los agricultores de usar (y compartir) sus propias semillas de un año al siguiente

Entonces, hay peligro de una pérdida de biodiversidad —con impacto sobre las variedades de insectos y aves—si los agricultores se centran exclusivamente en aumentar la producción de los cultivos más rentables. 

Ninguno de estos problemas ha sido creado por la tecnología transgénica. Es bastante posible imaginar que semillas GM sean distribuidas a costos marginales (como los fármacos genéricos) y que sean cultivadas y distribuidas por agricultores sin que exista preocupación por infringir patentes. 

En forma similar, los cultivos transgénicos se pueden usar para contrarrestar la pérdida de biodiversidad. Al introducir a la mandioca genes que la hacen resistente a los virus, por ejemplo, los científicos esperan aumentar la variedad de cultivos disponibles, ayudando a preservar las variedades de mandioca preferidas por los agricultores, las que actualmente están siendo devastadas por enfermedades virales en el este y el sur de África. 

Por lo tanto, si los cultivos GM benefician o no a todos los agricultores depende de cómo se use la tecnología. 

Las políticas agrícolas nacionales deben tomar en cuenta los intereses y prioridades de los agricultores pobres y darles a las comunidades rurales suficiente influencia sobre la toma de decisiones, para asegurar que los cultivos transgénicos satisfagan las necesidades definidas localmente. 

Ciencia sólida 

Aunque estas son consideraciones políticas y económicas, no asuntos de bioseguridad, éstas pueden determinar el contenido de las regulaciones en los países individuales. Ellas diferirán según las necesidades y prioridades nacionales, pero comparten dos requisitos esenciales. 

El primero es que todas las regulaciones y los debates que se generan al respecto, deben tener una base científica sólida. Quienes hacen declaraciones exageradas y simplistas para las que no hay evidencias —que los cultivos GM son suficientes para eliminar el hambre en el mundo, por ejemplo, o que son un veneno que contamina el medio ambiente— no están sirviendo a los intereses de nadie, sino a los suyos propios. 

El segundo requisito es mayor transparencia. Mientras las corporaciones multinacionales realizan más esfuerzos por esconder su intervención en el cabildeo de las regulaciones de bioseguridad, mayor es el riesgo de críticas cuando su intervención sea pública. 

Por ejemplo, cuando WikiLeaks reveló la intervención de la Embajada de Estados Unidos en Nairobi para ayudar a asegurar la aprobación inicial de la legislación de bioseguridad de Kenia hace dos años, hubo una repercusión negativa por parte de ONG ambientalistas. 

El periodismo científico tiene que jugar un rol clave para asegurar que ambas necesidades sean satisfechas. Puede investigar sobre las bases científicas de las afirmaciones tanto a favor como en contra de los cultivos transgénicos. También puede hacer que el proceso regulatorio sea más transparente, y asegurarse de que resista el escrutinio público al monitorear y reportear a grupos de especial interés. 

Nadie espera que los cultivos GM sean la llave mágica para eliminar el hambre en África. Pero tampoco, si es que están adecuadamente regulados, se espera que produzcan el Armagedón ambiental que predicen sus oponentes. 

El verdadero desafío es saber cuál es la mejor manera de lograr los beneficios, incluyendo aquellos que ofrece a los pequeños agricultores, al tiempo que se identifican y minimizan los riesgos potenciales y se mantiene la confianza pública a lo largo de este camino. Ciencia sólida, transparencia total y medios de comunicación comprometidos con ambas, son los tres pasos en esta dirección. 

David Dickson
Director, SciDev.Net

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