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¿Queremos centros de prensa de ciencia en América Latina?
  • ¿Queremos centros de prensa de ciencia en América Latina?

Crédito de la imagen: WCSJ2013/Jouko Keski-Säntti

De un vistazo

  • Los centros de prensa sobre ciencia nacieron en 2002 como oficinas de prensa independientes para vincular ciencia y medios de comunicación

  • El modelo genera vicios, pero es seductor para la América Latina, considerando los obstáculos que enfrentan los periodistas que cubren temas científicos

  • Bien enfocados, estos centros podrían ser una fuente más de informaciones validadas por la comunidad científica y de acceso a sus representantes.

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Con el impulso de la 8ª Conferencia Mundial de Periodistas Científicos —realizada en Helsinki, Finlandia, del 24 al 28 de junio—, me gustaría retomar en este artículo el  interesante debate respecto de los centros de prensa sobre ciencia que tuve oportunidad de seguir durante el evento.
 
Esos centros funcionan como una asesoría de prensa —departamentos institucionales encargados de atender a los periodistas— pero de manera independiente, y su principal objetivo es ayudar a garantizar que el público tenga acceso, a través de los medios de comunicación, a los conocimientos científicos más actuales y fidedignos.
 
Este modelo consultivo tiene su origen en el tercer informe del comité especial establecido por el gobierno británico para tratar asuntos relacionados con la ciencia y la sociedad, para que esta última restablezca su confianza en la ciencia, sacudida por una serie de crisis y problemas de comunicación.
 
Así, el primer Centro de Prensa sobre Ciencia fue creado en el Reino Unido en 2002. Desde entonces, con recursos procedentes de distintas fuentes, ha venido brindando informaciones y evidencias científicas a los periodistas y garantizándoles acceso a los principales especialistas en cada área de conocimiento, a quienes, a su vez, estimula a interactuar con los medios.
 
Actualmente, existen cinco centros de ese tipo en el mundo. Además del Reino Unido, están presentes en Australia, Nueva Zelanda, Canadá y Japón. A pesar de que aún no existe una evaluación formal sobre sus impactos, se estima —por los comentarios que reciben de periodistas y científicos— que están haciendo una diferencia, especialmente en momentos de crisis, polémicas y desastres relacionados de alguna manera con la ciencia.
 
La experiencia exitosa de estas organizaciones ha llamado la atención de otros países, que comienzan a movilizarse para establecer sus propios centros. Así ocurre en Alemania, China, Dinamarca, Estados Unidos, Italia y Noruega. Uno de los principales retos que enfrentan es la captación de recursos para mantenerlos: estos deben provenir de fuentes lo suficientemente diversas para garantizar la independencia de su trabajo.
 
Durante la conferencia de Helsinki, los coordinadores de los centros ya establecidos, representantes de los países interesados y observadores, discutieron las razones y fundamentos de estas organizaciones y la pertinencia de constituir formalmente una red mundial de centros de prensa sobre ciencia, para apoyar la creación de nuevos centros y tener un canal internacional de intercambio de información y conocimientos en temas de relevancia global.
 
Pro y contras
 
Teniendo en cuenta los obstáculos que enfrentan los periodistas que cubren temas científicos en América Latina, las dificultades para obtener datos científicos confiables en cortos periodos de tiempo, las debilidades en cuanto a contar con una divulgación científica más amplia en la región, y la falta de preparación de los científicos para interactuar con los medios, es fácil dejarse seducir con la propuesta de los centros de prensa sobre ciencia.
 
Imaginemos qué fácil sería para nuestro trabajo si contásemos con profesionales bien capacitados para tender puentes entre nosotros, los periodistas, y el mundo a veces impenetrable de la ciencia. ¡Qué maravilla sería, en momentos de controversias y de grandes acontecimientos científicos, tener rápido acceso a evidencia actual y confiable y a declaraciones de especialistas cuidadosamente seleccionados!
 
Estas increíbles posibilidades y el interés en torno a estos centros fueron evidentes en el evento de Helsinki, aunque acompañadas por las observaciones de algunos participantes que cuestionaron el papel de dichas organizaciones y sus beneficios reales para el periodismo, la ciencia y el público.
 
La periodista Connie St Louis, presidenta de la Asociación Británica de Escritores de Ciencia, colaboradora de la BBC y directora del programa de periodismo científico de la Universidad City de Londres, fue una de las más críticas a este modelo, por considerarlo perjudicial para todas las partes.
 
En su opinión, el trabajo de los centros de prensa sobre ciencia ha contribuido al ‘churnalismo, neologismo que designa un tipo de periodismo perezoso, pasivo, basado en comunicados de prensa y otras fuentes secundarias. “Los periodistas simplemente están copiando el material que reciben”, sostiene.
 
Entiendo el punto de Connie y no discrepo. Pero no creo que debamos invalidar una aparentemente buena idea debido a los malos hábitos de uno de sus objetivos.
 
Una relación saludable
 
Es cierto que internet, los nuevos medios y las crisis económicas imponen nuevas exigencias a los periodistas, quienes viven bajo una creciente presión para producir y ser versátiles. Esto ha hecho que la búsqueda de enfoques creativos, la precaución por el afán y el cultivo de fuentes confiables sean tareas cada vez más arduas.
 
De otro lado, el trabajo competente, incansable e interesado de las asesorías de prensa de las grandes editoras y empresas, en este contexto, indudablemente ha llevado a una adecuación creciente de los periodistas que, por esa razón, han perdido su poder de fijar la agenda para esas organizaciones.
 
Esto ocurre, a pesar de los centros de prensa sobre ciencia, en diversas partes del mundo, incluso en América Latina. Si los periodistas establecen un lazo de dependencia con éstos, caerán en las mismas trampas de las oficinas de prensa tradicionales: informarán lo que estos quieran, como quieran, escuchando a los mismos expertos y emitiendo las mismas opiniones.
 
Pero, en vez de ello, podemos optar por una relación más saludable, en la que estos centros se constituyan como una fuente más, entre otras, de informaciones validadas por la comunidad científica y como una forma alternativa de comunicación con sus representantes.
 
En los países de América Latina, donde no existen agencias nacionales de noticias de ciencia ni iniciativas como EurekaAlert o AlphaGalileo, archivos de notas de prensa, noticias y artículos científicos que ofrezcan a los periodistas acceso privilegiado a lo que hay de nuevo en un área, dichos centros cumplirían un papel importante.
 
En mi opinión, el potencial de los Centros de Medios de Comunicación de la Ciencia y de una red mundial que los agrupe es grande y su éxito dependerá, en gran medida, de su capacidad de autosostenerse, de mantenerse independientes, de satisfacer las necesidades locales y, esencialmente, del compromiso de la prensa con un periodismo científico de calidad.

Carla Almeida

Carla Almeida es periodista científica brasileña y ha colaborado con SciDev.Net desde 2005. Actualmente es editora de Ciência Hoje en línea, un sitio web de comunicación de la ciencia, y hace investigaciones en el área de la comprensión pública de la ciencia.

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