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  • Cuba lo logró: convirtió alerta temprana en acción conjunta

Enfoque cubano de alerta temprana, ejemplo para otros países, dicen Verónica F. Grasso y José Rubiera, expertos en reducción de riesgo en desastres.

Los progresos que se producen en las alertas tempranas por desastres naturales podrían traer grandes beneficios a los países y las comunidades. Sin embargo, la alerta temprana requiere de una acción temprana: si se carece de voluntad política y coordinación, se pueden perder las ventajas.  

Lo que un país necesita es un sistema de alerta temprana que pueda brindar predicciones confiables sobre el tamaño, ubicación e impactos de un desastre, y los costos tanto de la acción como de la inacción. [1] Esta información tiene que llegar lo antes posible a una población educada, capaz de actuar en base a los datos siguiendo planes de preparación eficaces.

Lograrlo requiere una red coordinada de instituciones capaces de llevar la alerta temprana a la práctica. [2] Cuba, a pesar de su falta de recursos, está mostrando lo que la voluntad política es capaz de hacer para proteger a sus ciudadanos con dicha cooperación.

Cuba cabalga sobre las tormentas

Cuba tiene una de las tasas de mortalidad por huracanes más baja de todos los países expuestos a este tipo de riesgo. En 2001, la tormenta tropical Michelle arrasó América Central matando alrededor de 36 personas, y luego golpeó a Cuba como un huracán de categoría 4, cobrando solo cinco vidas. [3] Este es solo uno de muchos ejemplos.  

Pero Cuba no cuenta con grandes medios financieros o recursos tecnológicos. Por ejemplo, sus radares meteorológicos proporcionados como parte de un proyecto de la ONU datan de la década de los setenta, con un equipamiento adicional donado en los ochenta por la ex Unión Soviética.  

Más recientemente, con poco dinero, ingenieros cubanos los transformaron en modernos radares digitales. Sin embargo, las mejoras tecnológicas pueden hacer solo una parte del trabajo; la reducción efectiva de los riesgos de desastres está luego en manos de los tomadores de decisión.

Entonces, ¿cuál es el secreto de Cuba? Voluntad política y coordinación. La movilización de recursos para reducir el riesgo de desastres está reconocida como una prioridad nacional y se refleja en sus políticas, planeamiento y legislación a nivel nacional y local. [4] Y el país posee la coordinación para hacer que los sistemas nacionales trabajen eficiente y permanentemente.

Todos los niveles trabajan juntos

La capacidad para la alerta temprana en Cuba, operativa desde 1995, comprende los sistemas de pronóstico y Defensa Civil, infraestructura de telecomunicaciones, medios de comunicación y la propia población cubana.

La cadena de responsabilidad se inicia en el servicio cubano de meteorología, responsable de brindar las alertas a Defensa Civil, un organismo ejecutivo dirigido por el presidente del país, que tiene que ver con todos los aspectos de reducción de riesgos de desastres y coordina con los gobiernos locales.

Por ley, los gobernadores y líderes de nivel provincial y municipal también son jefes de Defensa Civil. Además, todos los jefes de industrias, empresas, escuelas, hospitales, bancos y tiendas son responsables de Defensa Civil en sus respectivas organizaciones.

Ante una emergencia, los lideres de esas organizaciones y las instituciones de la sociedad civil coordinan con su personal para ejecutar las instrucciones de Defensa Civil. Este es un sistema único que proporciona un enfoque coherente de respuesta ante desastres en todos los niveles.

Los medios también cumplen un rol. Las alertas son difundidas por radio, TV y prensa escrita con el apoyo de las asociaciones sociales locales como la Cruz Roja de Cuba, la Federación de Mujeres Cubanas y varias organizaciones religiosas. En caso de que alguno de estos canales deje de funcionar, los mensajes acerca de qué hacer en un desastre se pueden escuchar llamando al 'teléfono del tiempo', un servicio gratuito. Los planes incluyen un mayor uso de mensajes de texto, ahora usados solo de forma experimental.

Más aún, en Cuba la gente trabaja conjuntamente para prepararse y responder ante los desastres. Cuando el huracán Michelle golpeó Cuba en 2001, alrededor de 750.000 personas fueron evacuadas, con apoyo de 70.000 ciudadanos y 5.000 vehículos. Más de 740.000 cabezas de ganado se trasladaron a zonas más seguras y los estudiantes ayudaron a recoger las cosechas; los pescadores condujeron sus barcas a tierras más altas, y se distribuyeron suministros para que las personas pudieran subsistir en sus hogares aproximadamente durante una semana. [5]

Modelo para otros

En tiempos de restricción financiera, la coordinación y la cooperación pueden hacer un mejor uso de los recursos existentes para garantizar que las comunidades se mantengan a salvo y saludables durante un desastre.

El enfoque cubano, con una amplia participación de todas las organizaciones y ciudadanos, podría no ser transferible a otros países. Pero un sistema basado en la coordinación y cooperación puede aplicarse en otros lugares.

Un cuerpo de gobierno bien organizado, como la Defensa Civil cubana, es necesario para asegurar una alerta temprana eficaz basada en una sólida información científica. Apoyado por un marco legal, este cuerpo asumiría el rol de liderazgo para coordinar una red de instituciones y gobiernos locales para llevar a cabo medidas de reducción de riesgos de desastres.

Los gobiernos locales tienen la ventaja de estar más cerca a las comunidades; ellos conocen sus necesidades y están ahí para responder cuando sobreviene un desastre.

La participación de la comunidad también es fundamental y se puede integrar mediante asociaciones de voluntariado. Finalmente, empoderar a la gente y sus organizaciones para trabajar eficazmente en conjunto, los simulacros, la divulgación y las campañas educativas son pasos necesarios para prepararse frente a un desastre.

Verónica F. Grasso es especialista de programa en las Naciones Unidas (NU) en Ginebra, Suiza. José Rubiera es director del Centro Nacional de Pronósticos del Instituto de Meteorología de La Habana, Cuba. Se le puede escribir a Verónica a: veronica.grasso@undp.org o veronica.grasso@gmail.com; y a José a: jose.rubiera@insmet.cuorubieraj@yahoo.com

Referencias

[1] UNEP. Early warning systems: a state of the art analysis and future directions. United Nations Environment Programme (2012)

[2] Grasso, V. F. et al. Early warning of natural hazards. In: Singh, R. (ed) Encyclopedia on Natural Hazards. Taylor & Francis (forthcoming)

[3] Oxfam America. Cuba — weathering the storm: lessons in risk reduction from Cuba. (2004)

[4] Golnaraghi, M. Institutional partnerships in multi-hazard early warning systems: a compilation of seven national good practices and guiding principles. Springer-Verlag (2012)

 [5] Sims, H. and Vogelmann, K. Popular mobilization and disaster management in Cuba. Public Administration and Development 22, 389–400 (2002)