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  • Sismo en México pone a prueba 25 años de ingeniería

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Los escasos daños materiales y el que no se haya producido ninguna muerte debido al sismo grado 7,4 en la escala de Richter que el pasado 20 de marzo sacudió parte del sur de México, son resultado de medidas que podrían servir de referencia a otros países sísmicos.  

Según un artículo en la revista Nature (22 de marzo), esos mínimos estragos podrían deberse a “la inusual sensibilidad de Ciudad de México frente a los terremotos y a los esfuerzos hechos para compensarla, lo que podría servir como un modelo para la preparación de países en desarrollo [ante eventos sísmicos]".

El epicentro de la semana pasada estuvo en la costa, cerca del límite entre los estados de Guerrero y Oaxaca. Las ondas sísmicas se extendieron a lo largo de 322 kilómetros, afectando también a Ciudad de México.

Se trata del sismo de mayor magnitud que afecta al país desde el devastador terremoto de 1985, el que causó 9.500 víctimas fatales y la destrucción de hospitales, hoteles y edificios residenciales en la capital.

Hoy se sabe que dada su conformación geológica, durante un temblor Ciudad de México actúa como un diapasón, amplificando los movimientos sísmicos generados en el epicentro.

Como resultado, en el terremoto grado 8 de 1985 —que se generó en la misma placa del ocurrido la semana pasada— los efectos fueron devastadores, especialmente para las edificaciones de entre ocho y 18 pisos.

La zona del terremoto se convirtió desde entonces en una de las más extensamente estudiadas a nivel mundial.

Tras el terremoto, el país cambió la regulación de sus construcciones y presionó por un mejor diseño y materiales más apropiados. Los edificios de cemento, por ejemplo, resistieron menos que los de ladrillo, por lo que el gobierno se volvió más restrictivo en cuanto a los cementos que podrían emplearse.

Además, los edificios fueron reforzados con gigantescos entramados de acero y se prestó especial atención a aquellos en el rango crítico de ocho a 20 pisos. El temblor de la semana pasada —cuya intensidad fue solo un tercio de la experimentada en 1985— fue la primera puesta a prueba para la ciudad. 

Hoy muchos sismólogos ven a Ciudad de México como una ciudad consciente de los terremotos, con un presupuesto moderado: un modelo a seguir para los países en desarrollo. 

Para David Wald, sismólogo del U.S. Geological Survey (USGS), el caso mexicano es una advertencia para las ciudades ubicadas en cuencas sedimentarias, de las cuales hay pocas que tengan el tipo de datos que ha reunido Ciudad de México. 

“Mi pregunta es, ¿qué otras Ciudad de México hay? Enormes poblaciones habitan en grandes cuencas. Ahí es donde construimos”, concluye Wald. 

Enlace al artículo completo en Nature

Referencias

Nature doi:10.1038/nature.2012.10291

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